RESUMEN
Para una mejor comprensión de las ideas que desarrollaremos en estos párrafos, vamos a trabajar los conceptos enunciados en el encabezado que hemos definido. Veamos, el sujeto (para el tema que estamos tratando), es un ser que desarrolla acciones de conocimiento, a través del pensamiento. En el caso que nos ocupa, es de esa forma porque se trata de una construcción conceptual que se enmarca dentro del mundo de la filosofía, para poder definir en forma clara y transparente la manera en que este se relaciona con la realidad.
Para Alavi y Leidner, el conocimiento es “la información que el individuo posee en su mente, personalizada, subjetiva y relacionada con hechos, procedimientos, conceptos, interpretaciones, ideas, observaciones, juicios y elementos que pueden ser o no útiles, precisos o que pueden ser estructurables”.
Después de ver los conceptos de “sujeto y conocimiento”, podemos definir “la vida cotidiana” como la suma de las acciones de los humanos, esas que van marcando el carácter de la producción de cada uno de ellos en particular. Pero, debemos saber, que ese proceso solo puede ser posible, si el sujeto (como ser productivo), ocupa un sitio en el conglomerado en que vive.
Sabemos, que durante la vida, toda persona aprende en forma permanente sobre el sistema en que se desarrolla; que la gente va trazándose expectativas; que también aprende, al absorber conocimiento a través de instituciones sociales que le dotan de teoría y práctica.
De igual manera, la vida cotidiana busca desarrollar características particulares de los individuos, dependiendo de su actitud particular y el ambiente del contexto. En ella desarrolla desde sus primeros años, su carácter, lo que le da forma a su excepción (personalidad, conducta, visión, misión y valores), dentro del todo social. Este individuo (hombre o mujer), debe desarrollar capacidades intrínsecas que le ayuden a zafarse de la ritualización que se apodera de la mayoría de los ciudadanos, convirtiéndolos en seres manipulados por la sociedad y su mecanismo de mercado, en donde la vida se convierte en robótica, haciendo, que en forma mecánica consumamos el tiempo que nos ha tocado vivir.
Ante esta realidad, desde las academias debemos realizar análisis sociológicos acerca de la realidad de la vida en su día a día, para llegar a conocer desde dónde se orienta la conducta de los ciudadanos, en aras de presentar esa realidad desde varios puntos de vistas o perspectivas. Es importante realizar este análisis, para poner en claro esa realidad tal y como se presenta al todo social (sentido común), de quienes componen ordinariamente los conglomerados.
Las personas que se ajustan bien a la realidad de la vida del presente siglo, muchas veces se vuelven cómodas y dependientes del mercado, entran en un proceso de adicción al consumo y este hábito es difícil de erradicar desde afuera, porque el cambio debe nacer desde la actitud del individuo. En ese orden, estamos ante la necesidad de desarrollar individuos pensantes y críticos, capaces de revisarse introspectivamente, con el objeto de reinventarse.
En esta “Era de las cosas fáciles” las elites buscan formar (desde todos los estamentos sociales), familia, escuela y comunidad, para crear una ciudadanía dócil, temerosa y conducible, a través de mecanismos que hacen de la vida una cuestión de búsqueda de placer, comodidad y pasividad.
Saben que para el hombre ser libre, es necesario que adquiera la capacidad de pensar y a la vez comprender todas las aristas de la existencia humana y buscan a toda costa, evitar que el individuo se esfuerce en comprender su rol social y comunitario.
Pese a todos los esfuerzos de algunos, estas fuerzas oscuras, están logrando invisibilizar (en sentido general), las cadenas de las dependencias, sumado a ello, están buscando la anulación del profesor reflexivo, anular a ese docente critico que procura enseñar a pensar a sus alumnos. Procuran que la escuela se convierta en fábrica de conformistas (para alejar a los estudiantes del pensamiento crítico), tal y como han enajenado a las masas populares, a través del consumo innecesario de todo tipo de mercancías.
La mayoría de jóvenes y no tan jóvenes, entra fácilmente en el vicio, la apatía y la desconfianza en todo lo que sus padres confiaban (gobiernos, autoridad, religión, cultura nacional, entre otras cuestiones), que formaron parte esencial en el desarrollo de la vida en los siglos anteriores.
Han logrado con éxito, simplificar al mundo, utilizando las categorías de la ciencia y de la tecnología. Así han logrado colocar a las ciencias puras, como algo totalmente confiable. En ese orden, quieren desarrollar la idea, de que el profesor tiene un quehacer técnico. Que su existencia áulica se reduzca al consumo de los productos académicos del mercado digital.
Lo que están buscando es reducir la práctica pedagógica a la simplicidad instrumental, cosa que se les está haciendo fácil, debido a la falta de políticas humanísticas por parte de los gremios y de políticas públicas de los Estados. Este último esta manipulado por los organismos crediticios internacionales, que procuran enajenar a la civilización de todo lo que ha sido el mundo conocido hasta hoy.
Han desarrollado campañas para desacreditar al docente, como una forma de atemorizarle y de que pierda el rumbo ante su compromiso de trabajar para formar sujetos críticos, reflexivos, solidarios y comprometidos con el desarrollo local, nacional, regional y planetario. La batalla en contra del pensamiento crítico, la reflexión cualitativa y la investigación social, busca que los individuos dejen de ser persona colocadas sobre la ciencia, la técnica y la tecnología y en cambio pasen a ser subalternos de ellas.
El sujeto está complicado ante un ejercicio del poder político, dominado por el lucro y la desnaturalización humana, agobiado ante múltiples aristas, desde el hambre, hasta la necesidad de cuido del planeta.
El yo reflexivo tiene que imponerse, para superar la realidad (de que desde la familia), se incentive el desprecio hacia los profesores.
Los ciudadanos están agobiados ante la manipulación de un mercado que les mueve a través de sus slogan e imágenes alucinantes, de comodidad, longevidad, lujuria, salud efectiva (la que en pocos años), anulará la vejez biológica.
Este mundo se ha vuelto mecánico. La gente vive en automático, trabajando y consumiendo como nunca antes en la vida humana, mientras en el contexto global, se observan dos fenómenos creados sobre el miedo de la gente: la inestabilidad y la incertidumbre. Ambas situaciones problemáticas, hacen que la gente dude de todo lo que le rodea, acentuándose la desconfianza en la población.
Una parte importante de la humanidad se ha sumergido en un relativismo particular, y se ha convertido en egoísta, haciendo del “yo” el epicentro de la existencia.
La última esperanza que tiene el “sujeto” para desarrollar salidas beneficiosas para el colectivo social, es el conocimiento en la libertad del pensamiento crítico, como arma para evolucionar su cotidianidad.
Por: Francisco Cruz Pascual.
