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8 de enero 2026
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OpiniónAndrés RojasAndrés Rojas

Solventes pero quebradas: La paradoja financiera en las empresas

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En el mundo de los negocios, la gestión financiera efectiva es uno de los pilares fundamentales para la sostenibilidad. Sin embargo, a lo largo de nuestra trayectoria como consultores, hemos identificado un error recurrente y letal: confundir solvencia con liquidez. Esta confusión, aparentemente técnica, tiene consecuencias prácticas devastadoras. Empresas que parecen saludables en papel —con activos superiores a sus pasivos— se ven de repente incapaces de pagar nómina, suplidores o servicios básicos. En muchos casos, este malentendido se convierte en el punto de partida hacia el colapso empresarial.

¿Qué es la solvencia?

La solvencia es la capacidad de una empresa para cumplir con todas sus obligaciones financieras a largo plazo. Una empresa es solvente cuando el valor de sus activos totales supera al de sus pasivos totales, lo que indica una estructura financiera sólida. Es, en esencia, una fotografía estática del balance general, que mide si la empresa tiene fundamentos suficientes para seguir existiendo en el tiempo. Ser solvente significa que, si se liquidaran todos los activos, se podrían pagar todas las deudas.

Ejemplo de solvencia:

Una empresa que posee RD$10 millones en activos y RD$6 millones en pasivos tiene un patrimonio neto de RD$4 millones. En términos contables, esta empresa es solvente.

¿Qué es la liquidez?

La liquidez, en cambio, se refiere a la capacidad de una empresa para cumplir con sus obligaciones inmediatas, es decir, pagar sus compromisos de corto plazo utilizando activos fácilmente convertibles en efectivo. Se mide con indicadores como el capital de trabajo, la razón corriente, o el cash flow operativo. La liquidez es el pulso diario del negocio, lo que le permite sobrevivir, aún si su estructura patrimonial es débil.

Ejemplo de liquidez:

Una empresa puede tener RD$5 millones en inventario y activos fijos, pero solo RD$100,000 en la caja o cuentas por cobrar inmediatas. Si debe pagar RD$500,000 esta semana, su falta de liquidez puede paralizarla, a pesar de ser solvente en el papel.

¿Por qué las empresas confunden estos conceptos?

La confusión suele surgir por:

  1. Desconocimiento financiero: Muchos empresarios no tienen formación técnica en contabilidad o finanzas.
  2. Falsa percepción de riqueza: Ven activos como propiedades, maquinaria o cuentas por cobrar y creen que tienen dinero disponible.
  3. Contabilidad poco oportuna: Las decisiones se toman sin estados financieros actualizados o sin análisis de flujo de caja.
  4. Mal asesoramiento: En algunos casos, reciben consejos de contadores que solo se enfocan en cumplir con obligaciones fiscales, no en diagnosticar la salud financiera.

Consecuencias de confundir solvencia con liquidez

Esta confusión ha arrastrado a múltiples empresas a crisis evitables. Algunos de los efectos más comunes son:

  • Retrasos en pagos a suplidores, lo que afecta la reputación y limita las condiciones de crédito.
  • Endeudamiento excesivo para cubrir gastos operativos básicos, acumulando intereses y comprometiendo el flujo de caja.
  • Pérdida de empleados clave por falta de pago oportuno.
  • Cierre forzoso debido a embargos, cortes de servicios o demandas laborales.

Casos típicos observados en consultoría

Hemos trabajado con empresas que tienen flotillas de vehículos, propiedades comerciales o una gran cantidad de mercancía en almacén. Sus dueños asumen que «la empresa está bien», pero cuando se analiza el flujo de efectivo, se descubre que no pueden cumplir con los compromisos de esta quincena.

Cómo evitar este error fatal

  1. Distinguir claramente los conceptos: Solvencia = capacidad a largo plazo. Liquidez = capacidad de pago inmediato.
  2. Monitorear el flujo de caja constantemente: Tener siempre proyectado un horizonte de 30 a 90 días de ingresos y egresos.
  3. Medir y analizar indicadores clave:
    • Razón corriente (Activo corriente / Pasivo corriente)
    • Capital de trabajo (Activo corriente – Pasivo corriente)
    • Ciclo de conversión de efectivo
  4. Implementar una contabilidad gerencial: Más allá de lo fiscal, una contabilidad orientada a la toma de decisiones.
  5. Separar el negocio de las finanzas personales: Muchos dueños confunden liquidez empresarial con disponibilidad para gastos personales.
  6. Mantener líneas de crédito disponibles: Como respaldo ante situaciones imprevistas de liquidez.
  7. Tener políticas de cobranza claras y activas: Muchas empresas venden mucho, pero cobran tarde o nunca.

La buena gestión financiera comienza por comprender la diferencia entre estos dos conceptos. Como consultores, nuestro deber es educar, alertar y acompañar a las empresas para que no caigan en esta trampa mortal. Porque en las finanzas empresariales, distinguir solvencia de liquidez puede ser la diferencia entre sobrevivir o desaparecer.

El autor es catedrático y consultor empresarial.

Por: Andrés Rojas, MBA

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