RESUMEN
La carrera diplomática en la República Dominicana, se encuentra estrictamente regida por la Ley Orgánica 630-16, así también como sus respectivos reglamentos 142-17 y 46-19. Y, para darle mayor preponderancia a este régimen especial, es orientada por la Ley 41-08 sobre Función Pública. De manera que existe un anclaje legal fuertemente arraigado; que deja explícitamente la forma en que se desarrollará esta hermosa carrera administrativa.
En efecto, este sistema de función pública profesional especial, asegura la entrada a la carrera diplomática a los ciudadanos dominicanos que aspiran desempeñarse en el servicio exterior. Igualmente, emprende una vía de profesionalización y preparación continua de los recursos humanos tanto para el servicio exterior, como para los internos del Ministerio de Relaciones Exteriores. De modo que, brinda claramente no solo aquellos requisitos que se tomarán en cuenta al momento de evaluar el posible acceso (como el mérito, el desempeño, la preparación académica, cultural y su desenvolvimiento personal), sino, también que transparenta su ingreso a través del método de concurso libre de competición (artículo 55, Ley 630-16).
Sin embargo, a pesar de contar con tales disposiciones legales, no hubo un avance capaz de situar a la Cancillería dominicana en la cúspide de la excelencia en la pasada gestión gubernamental. Producto de eso, lo que ocurrió fue una degradación colosal en los cargos diplomáticos en el exterior como también un estancamiento de la carrera diplomática que se inicia en el propio Ministerio de Relaciones Exteriores. Como consecuencia, se cualquierizó gran parte del Servicio Exterior dominicano, con la llegada en funciones de individuos que ni siquiera fingían tener una capacitación ad hoc en la materia; o peor aún, no concebían noción mínima sobre sus deberes y obligaciones.
Hoy en día, la Cancillería realiza un esfuerzo enorme en recuperar el tiempo perdido. En tal sentido, ha hecho cambios estructurales que prometen devolverle el prestigio de épocas anteriores. Eso se debe, principalmente, al nivel de afición por la diplomacia de quienes dirigen la institución.
En otras palabras, ostentar tanto una Cancillería como un Servicio Exterior que nos representen dignamente ya no será una ilusión. Esto por supuesto, de apegarse completamente a la Ley Orgánica 630-16.
Los cargos diplomáticos
No todo el que desempeña un cargo diplomático es diplomático de carrera. Pero, seguramente, quien esté dentro de la carrera diplomática podría acceder a un cargo diplomático. En esencia, lo que busca consolidar en un futuro la Ley 630-16 y sus reglamentos es, primero sostener una carrera diplomática sólida y estable; segundo que la totalidad de nuestro Servicio Exterior pertenezca a la carrera diplomática. Con tal de que se proporcione dentro del escalafón diplomático aquellos recursos de probada competencia y experiencia.
Actualmente, asumir funciones con pretensiones de permanencia indefinida es irrealizable. Gracias a que el marco normativo diplomático vigente, manifiesta con nitidez el tiempo exacto en que se deben ejercer los puestos diplomáticos en el exterior. Este período de representación internacional no debe exceder los cinco años, para luego pasar a prestar servicio internamente por un período no menor de dos años (artículo 83 Ley 630-16). Con esto, se busca que no haya una desvinculación cultural, social ni política de los funcionarios.
Por tal motivo, es imprescindible desligar la diplomacia dominicana con la política interna. Mostrando, como en la anterior administración, la necesidad de pertenecer dentro una afiliación política o medios de comunicación afines al gobierno de turno, para conseguir cargos diplomáticos. Sobre todo, aquellos que van dirigidos a la representación en el exterior. En virtud del característico grado responsabilidad e idoneidad que esos cargos requieren.
No obstante, todo aquel que aspira o cursa la carrera diplomática debe tener conocimiento y adiestramiento óptimo sobre diplomacia y relaciones internacionales. Asimismo, como sumo interés en la renovación constante de tales estudios.
Sin duda, la diplomacia es la parte elegante de la política. Por esa razón, es presentada en el plano internacional. Para con ella, conseguir los mejores beneficios que integren al país en el camino del desarrollo sostenible. También, para promover como política exterior los valores democráticos, de paz, justicia, solidaridad, cooperación y respeto por la soberanía de los pueblos de todo el mundo como lo establece nuestra Carta Magna.
Por consiguiente, los instrumentos jurídicos que sustentan la carrera diplomática, garantizarán eventualmente que nuestros representantes en el exterior estén altamente calificados. A fin de efiecientizar y transformar tal, para colocar a la Cancillería dominicana como paradigma diplomático en América Latina.
Finalmente, de recorrer ese camino, el éxito será orgullosamente nuestro destino.
Por Nelson J. Medina
