RESUMEN
En búsqueda de la salud integral
Noviembre es el mes de la familia. Cada iniciativa, encuentro, mensaje que se realice en nuestros ambientes debe enfocarse hacia ello. A los antiguos lastres de los antivalores que se arrastraban desde antiguo, se suman ahora los de esta generación de cristal que patina en terreno conformado por cuestas ajenas al terreno estable donde se puede alcanzar el equilibrio de una vida estable y de bien.
Hemos de citar algunos de los casos que han llevado a los jóvenes de esta época a perder la fe en la institución matrimonial, centro de todo conglomerado familiar. La figura del esposo y el ejercicio de su paternidad ha quedado tan deteriorada por las conductas de los hombres casados en el pasado que los jóvenes repudian asemejarse a aquello, en especial en los hijos que han sufrido en su infancia ausencias, la distancia fría, las infidelidades conyugales esporádicas o mantenidas con varias parejas tenidas en lo oculto o hogares paralelos, las conductas viciosas del alcoholismo, el juego, los negocios y trabajos deshonestos, las conductas violentas, entre otras.
Nuestros jóvenes no quieren repetir estos patrones tóxicos que hemos citado. En otras ocasiones los repiten en sus relaciones interpersonales porque no tienen otras referencias que las de sus familias en las que han crecido y asimilado todo aquello.
Si he dado la maduración conductual en la actual generación ridiculizando y rechazando la figura de lo que culturalmente llamamos el “viejo verde”. Se trata del hombre casado de edad avanzada que busca jovencitas, en muchos casos dándoles todo tipo de regalos y encuentros en lugares muy lujosos. Los ambientes sociales en que hay un cierto desarrollo académico, espiritual y de convicciones rechazan totalmente esta conducta del macho que aquilató algunos bienes que en sus primeros años no poseía y tacha a estos hombres de ridículos y de poca clase.
Otro de los males al que queremos referirnos porque cercena de raíz la familia es la actividad laboral deshonesta de adquirir los ingresos y un estilo de vida desproporcionadamente lujoso en comparación con el resto de la población que pasa todo tipo de precariedades para subsistir. Incluso los hijos de matrimonios de doble moral rechazan la práctica religiosa de sus padres. Hemos sido testigo de cómo estos jóvenes se burlan y rechazan a las Iglesias y diversas corrientes espirituales porque no ven un cambio para bien en sus progenitores, peor aun cuando estos últimos se aprovechan para conveniencia propia de lo religioso.
Nuestro desafío y deuda con los jóvenes en la actualidad es motivarlos a creer que el amor entre los esposos puede amanecer con una nueva cara de felicidad. Ante el desencanto de las malas experiencias vividas en el círculo familiar, inculcar que siempre habrá bondad y esperanza de cambio para mejor en cada ser humano. Impulsar a la maduración personal y del entorno que nos vincula con el abandono de las dependencias, lo nocivo y el acaparamiento de las personas y de las cosas temporales. El fluctuar de relación e interacción constante entre las parejas ha de llevar a una evaluación de vida con miras a futuro. Al llegar a la vejez, la soledad hará presa de quien no llegó a conformar una familia sólida por relaciones afectivas profundas y una moral de vida sana.
Hay que cultivar, purificar y aprender a llevar un matrimonio y una familia conforme a los valores que propicien una sanidad mental, un estilo de vida que beneficie a los de la propia sangre y no los degrada hasta el extremo de la vergüenza pública por hacer lo mal hecho. Irse de este mundo con la seguridad de dejar a la persona que le ha dado una familia y sus mejores años, asi como a sus hijos el sentido de esta vida que es hacer el bien honestamente para todos.
Por Padre Manuel Antonio Garcia Salcedo.
Arquidiócesis de Santo Domingo.
