Contra todo pronóstico, la abeja vuela y lo hace con precisión armónica, sincronizada como una orquesta musical de excelencia. Ella desafía a la naturaleza y rompe las barreras que le imponen las leyes de las ciencias físicas, transformando posibilidades en forma eficaz. Ojalá que en el 2026 y subsiguientes años, los dominicanos podamos seguir teniendo ese ejemplo, para de esa forma romper todos los obstáculos y superar todas las barreras que existen para nuestro despegue al desarrollo.
Nosotros tenemos retos insuperables según la geografía política, el parecer de la geografía económica y el de las leyes de la geopolítica. Según estas ciencias, somos altamente vulnerables a los fenómenos del cambio climático, esa concepción humana que nos habla de los desastres naturales, limitaciones de recursos, como el agua y tierras fértiles. Pero, también nos refieren esas limitaciones expuestas por la naturaleza, a la que hemos de colocar a nuestro servicio, que nuestra dependencia económica nos limita a fuentes de ingreso como el turismo y a vivir con un déficit entre nuestras exportaciones y las importaciones que tenemos que hacer, por falta de autosuficiencia en materia de alimentos. Entre esas limitaciones se encuentran nuestros retos y desafíos, incluyendo nuestros problemas infraestructurales por demás deficientes, es decir, energía y transporte. A todos esos problemas, debemos sumar el envejecimiento de nuestra población, la perdida de una parte la población joven de país que emigra.
Y como si todas esas problemáticas no fueran suficientes para arruinarnos la voluntad, contamos con acceso un indudable acceso limitado a mercados y, enfrentamos la realidad de unos desafiantes fenómenos negativos en la gestión de los residuos que produce la sociedad, que vienen exigiendo soluciones innovadoras y sostenibles para diversificar nuestra economía y a la vez crear un aseguramiento de los servicios básicos que necesita la población, y, todo esto, a pesar de la distancia que se paga con muchos recursos económicos de transporte desde el norte y el sur del planeta y el tamaño de nuestros territorio, para colmo, compartido con una nación diferente en cultura, idioma e idiosincrasia.
Estas son barreras insuperables para muchos habitantes del planeta, pero, para un fenómeno socio étnico como el dominicano, un ser excepcional que puede hacer como lo ha hecho antes, durante muchos episodios históricos, convertir su ánimo en la actitud de la abeja, que puede volar gracias a su aleteo rapidísimo y, produciendo un movimiento no lineal de sus alas, como reflexionara Michael Dickinson y sus colegas “creando vórtices de aire que generan sustentación, no como un avión de ala fija; su tórax flexible actúa como resorte para mover las alas eficientemente, batiéndolas hasta 230 veces por segundo, lo que les permite llevar cargas pesadas como polen y cambiar de dirección, desmintiendo el viejo mito físico que las subestimaba”. (cita)Con esas cualidades, el dominicano es capaz de restaurar su futuro y, de esa forma superar no solo los retos subrayados en los párrafos anteriores, sino que, puede tener posibilidades de superación sobre los desafíos económicos y laborares que han de presentarse, como los que tienen que ver con la dependencia económica y la diversificación, cuestión común en las economías de las islas, casi siempre dependientes en forma excesiva del turismo, del monocultivo o de la falta de industrialización liviana y pesada, haciendo sus territorios y población, vulnerables a crisis externas como sucede con las pandemias y las recesiones de la economía, dificultando de esa forma, el empleo de calidad y el desarrollo social.
Desde ese contexto, los dominicanos debemos renacer en la actitud de la abeja, para poder enfrentar la problemática del transporte de bienes y personas, evitando su encarecimiento, al producir riquezas adicionales, para que no se sienta el encarecimiento de las importaciones de alimento, la compra de energía y, de esa forma evitar la reducción de nuestra competitividad en el marco regional y mundial. Debemos reconocer, que nuestra condición de isla, nos coloca en la situación de enfrentamiento con realidades convertidas en barreras, que nos limitan el acceso a mercados globales, que nos ponen en situaciones difíciles para atraer inversiones que nos beneficien en equidad con quienes invierte, queriendo marginar nuestra presencia en el comercio mundial.
Ante lo expuesto anteriormente, los dominicanos debemos trabajar para asistir a nuestra independencia económica, a través de estrategias inteligentes e integradoras, primero, integración interna y luego, trabajar las estrategias de integración externa. Nosotros somos un milagro que logró definir Juan Pablo Duarte y todos los demás prohombres que le sucedieron y suceden en la actualidad, eso nos incluye a todos nosotros, esperanzados en el lema sacrosanto de Dios, patria y libertad.
Por Francisco Cruz Pascual
