RESUMEN
Las competencias para innovar
En los países desarrollados y en los otros que están bien adelantados, la clave para sus crecimientos ha estado basada en tres factores fundamentales: un diseño educativo adecuado, un talento humano con buena formación escolar y académica que responda a las necesidades de desarrollo económico y social y una correcta y dinámica integración e interrelación entre políticas públicas, sector educativo superior y sector productivo.
En primer lugar, a qué nos referimos cuando señalamos un diseño educativo adecuado. Que este esté realmente centrado en el estudiante, alineado con sus necesidades e intereses de aprendizaje y acorde con los requerimientos que demanda el progreso de una economía moderna. Que el currículo sea integral. Es decir, que incluya un verdadero desarrollo cognitivo, emocional y social del estudiante con sentido práctico. Que dé importancia a las herramientas tecnológicas para la enseñanza aprendizaje. Y, que no permita discrepancia entre el conocimiento y el mundo real del alumno.
Ese sistema educativo debe ser holístico en cuanto a su calidad y eficacia. Tiene que abarcar la educación inicial, la primaria, la secundaria, la terciaria y la técnico profesional. Por los resultados obtenidos en décadas y las opiniones de muchos expertos y actores importantes del sistema, es necesario «transformar la educación y generar en el alumnado destrezas como la creatividad y la innovación; el pensamiento crítico y la resolución de problemas; la comunicación y la colaboración; y las habilidades en el ámbito de la información, los medios de comunicación y la tecnología». Cobo (2009) y Gardner (1983).
Segundo, el concepto de un talento humano con buena formación escolar y académica que responda a las necesidades de desarrollo económico y social consiste en conectar la enseñanza y el aprendizaje del alumnado con la realidad productiva de bienes y servicios de la nación. Que haya una coordinación consensuada entre el sector formativo, sector laboral y el Estado.
Para eso se debe desde el nivel educativo inicial introducir a los estudiantes en actividades creativas y exploratorias que los muevan a la curiosidad natural. Una vez entren a la primaria, centrarlos con énfasis en las matemáticas, ciencias, tecnologías, lengua materna e inglés, pensamiento crítico y habilidades para la vida. En la secundaria deben profundizar en las materias académicas de más preferencia y enfocarse en el tránsito y preparación para entrar a la carrera universitaria donde se formen en tecnología, ciencias, investigación, desarrollo experimental e innovación, principalmente.
Por último, lograr una correcta y dinámica integración e interrelación entre políticas públicas, sector educativo superior y sector productivo. En Corea del Sur le llaman a esto el «Triangulo de Oro»: el gobierno se encarga de establecer políticas públicas para fomentar la innovación y el desarrollo industrial, las instituciones de educación superior y los centros de investigación trabajan en estrecha colaboración con el sector industrial creando programas académicos que respondan a las necesidades del mercado laboral y, el sector industrial contribuye al financiamiento de proyectos de investigación viables y de programas de formación, capacitación y pasantía. Esto les asegura a los estudiantes coreanos egresados de las academias, insertarse al mercado laboral con habilidades relevantes.
Estas competencias del alumnado coreano le han permitido a esta nación convertirse en un líder de referencia global en materia de tecnología e innovación. Bien pudiéramos en República Dominicana estudiar sus lecciones y sacar las mejores conclusiones para nuestro futuro desarrollo.
Por Domingo Mendoza
firmamendoza@gmail.com
