RESUMEN
La política exterior de la República Dominicana atraviesa un momento que amerita análisis crítico. el desempeño dominicano ha sido percibido por diversos observadores como complacientes, irregular y, en ocasiones, marcado por ausencias o posturas ambiguas en votaciones claves.
En los grandes escenarios de la Organización de las Naciones Unidas, en las deliberaciones del Consejo de Derechos Humanos en Ginebra y en las sesiones decisivas de la Organización de Estados Americanos, la voz de la República Dominicana ha sido, con demasiada frecuencia, un murmullo o un silencio y ausencias de las delegaciones principalmente en Ginebra mientras se votan resoluciones sobre libertades públicas, crisis democráticas, resoluciones sobre drogas, migración, borrado de fronteras, y violaciones a derechos fundamentales —principios que nuestra propia Constitución proclama inviolables— el país oscila entre la ausencia y la ambigüedad, proyectando hacia el mundo una diplomacia que parece temerle a la coherencia.
El problema de un término deliberadamente vago: “Derechos sexuales y reproductivos” y/o “Salud Sexual y Reproductiva”.
El uso del término “derechos y/o sexuales y reproductivos” en el sistema de Naciones Unidas no responde a una definición jurídica clara ni consensuada en el derecho internacional de los derechos humanos. No existe ningún tratado universalmente vinculante que reconozca estos supuestos “derechos” como una categoría autónoma. Por el contrario, se trata de un concepto deliberadamente vago, cuya ambigüedad permite interpretaciones expansivas y cambiantes.
Esta vaguedad convierte al término en un lenguaje paraguas o en un verdadero “cheque en blanco”, bajo el cual pueden incorporarse contenidos que nunca fueron aprobados por los Estados. En la práctica, su significado no está determinado por el consenso intergubernamental, sino por la interpretación que realizan órganos, comités y agencias del sistema de la ONU, muchos de los cuales carecen de mandato normativo para crear nuevos derechos.
El punto clave es que, de forma reiterada y consistente, diversos órganos y agencias de Naciones Unidas han sostenido que el acceso al aborto forma parte de la llamada “salud sexual y reproductiva”. Esta interpretación no surge de los tratados, sino de documentos interpretativos, informes, recomendaciones generales y guías técnicas, que no son jurídicamente vinculantes para los Estados, pero que se utilizan políticamente para presionar cambios legislativos internos.
De este modo, cada vez que se introduce el lenguaje de “derechos sexuales y reproductivos” en resoluciones, informes o políticas, se abre la puerta a que el aborto sea promovido indirectamente, incluso en contextos donde los Estados nunca lo han aceptado ni reconocido como un derecho. El término funciona así como una herramienta estratégica para avanzar una agenda ideológica controvertida sin un debate transparente ni un consentimiento explícito de los Estados soberanos.
En síntesis, el problema no es sólo semántico, sino institucional y democrático: un concepto impreciso permite que actores no electos del sistema internacional reinterpreten obligaciones existentes y redefinan el contenido de los derechos humanos, desplazando la autoridad de los Estados y erosionando el principio de soberanía y de legalidad internacional.
EL ERROR FATAL DE LA REPÚBLICA DOMINICANA EN LA ONU QUE PUEDE PAGAR MUY CARO.
En los organismos internacionales, rigen las reglas y el lenguaje de los organismos internacionales. De algún modo, esto ha sido acordado por los países, y el que no sabe cómo funciona, pierde. Y mucho.
¿QUÉ PASÓ? En la última Asamblea General de la ONU los países votaron una Resolución sobre los Derechos del Niño, la misma contenía CINCO VECES el término “Salud Sexual y Reproductiva” (SSR), donde se incorpora el aborto como salud sexual y reproductiva.
La cancillería de República Dominicana -cuya constitucion es provida- no dijo nada, votó por la misma y lo que es más grave: aseguró que el documento no hacía referencia al aborto. Un buen canciller no puede escudarse en que el documento “no hace referencia al aborto”, todo diplomático debería saber que sí porque el significado de los términos está claramente definido en muchísimos documentos interpretativos de Naciones Unidas.
Cuando un país firma un tratado, los términos se expresan de forma genérica. Los organismos internacionales luego interpretan su significado y lo consensúan a través de documentos que cada país ACEPTA, RECHAZA O ACLARA, el silencio nunca es neutro, con el se hace concenso, y aprobación, cumpliéndose el dicho del argot popular que el que calla otorga, y en eso la República Dominicana es una experta, negándose a ver el peligro de su accionar.
Pongamos como ejemplo Argentina:
En 2012 la Corte Suprema fundamentó el nefasto caso FAL no tanto en la Convención del CEDAW, que NO incluye el aborto, sino también en las recomendaciones del Comité que sí interpretó que la salud reproductiva incluía el aborto, este fue el paso previo a la legalización en 2020, donde la ONU cayó con todos sus cañones: UNFPA, OMS, OHCHR, ONU Mujeres y hasta UNICEF.
En Chile incluso, este 2025, el mismísimo expresidente Boric vergonzosamente presentó al Congreso una nueva ley para ampliar el aborto, ha pedido recomendaciones a una experta de la ONU.
En muchos países sucede algo parecido.
Los errores son sistemáticos: Cancillerías ausentes en la primera línea de defensa, jueces que traicionan la soberanía jurídica y legisladores ignorantes manipulados por el Globalismo cuyo dinero les sobra para hacer el mal.
ES HORA DE APRENDER
La primera línea de defensa son nuestras cancillerías, por ahí entran las primeras balas, y no hay que dejar pasar ni una.
¿Qué debe hacer la República Dominicana?
Blindar la cancillería: Pedir sin miedo que se excluyan los términos peligrosos en las negociaciones y no aliarse para traicionar nuestra constitución como lo han venido haciendo, votar sin miedo contra resoluciones peligrosas. En caso de que no se logre el objetivo, entonces debe hacer reserva explicando el voto y protegiendo la legislación nacional, la República Dominicana ya debería saberlo, sabemos que lo saben, sin embargo actúan de manera arbitraria y complaciente, es por eso que hoy la República Dominicana ha sido incluida en el cuadro de honor por el mal olor que desprende por llevar su agenda woke, traicionando y actuando de espaldas a la Constitución.
Lamentablemente, el Poder Ejecutivo es quien decide y traza la linea de la política exterior, y lejos de actuar conforme a la Carta Magna, sus directrices son contrarias a lo establecido en la misma.
La historia diplomática no recuerda a los países por su cautela, sino por su carácter. Si la República Dominicana aspira a ser respetada más allá de sus fronteras, debe entender que cada voto en la Organización de las Naciones Unidas, cada intervención en Ginebra y cada postura en la Organización de Estados Americanos es una declaración de identidad. No se trata de confrontar por confrontar, sino de honrar sin titubeos los derechos y libertades que la Constitución consagra. Porque cuando un Estado calla ante la vulneración de principios fundamentales, no solo pierde voz en el escenario internacional: también erosiona la autoridad moral que sostiene su propia democracia.
SI, SEÑOR CANCILLER, SALUD Y/O DERECHOS SEXUALES Y REPRODUCTIVOS ES ABORTO
Por Damaris Patrocinio Peguero
