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18 de febrero 2026
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OpiniónMiguel CanóMiguel Canó

Si el Presidente habla, sus funcionarios no pueden callar

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RESUMEN

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El expresidente Danilo Medina criticó recientemente al presidente Luis Abinader, acusándolo de “hablar mucho”. La respuesta del mandatario fue clara y contundente desde La Semanal: “Yo hablo mucho y seguiré hablando mucho, porque eso es transparencia”.

Esa frase no fue solo una respuesta política: fue un mensaje de Estado. El presidente Abinader ha entendido que gobernar en democracia implica rendir cuentas, explicar con datos, responder a las críticas y enfrentar de frente a la oposición. En un tiempo donde la mentira y la manipulación buscan imponerse, la palabra es un acto de poder.

Pero mientras el Presidente asume ese liderazgo comunicacional, muchos de sus Ministros, Directores Generales y Funcionarios de primer nivel mantienen un silencio que preocupa. Existen gestiones históricas y valiosas que hablan por sí solas: las carreteras y circunvalaciones que impulsa Obras Públicas, los avances en cobertura y calidad desde Educación, la expansión de la protección social con Súperate, la gestión de Aduanas en recaudación y modernización, los récords alcanzados por Turismo en llegada de visitantes y generación de divisas, y las mejoras en hospitales, programas de vacunación y atención primaria impulsadas por Salud Pública.

Estos resultados extraordinarios merecen ser defendidos y contados con la misma fuerza con la que fueron ejecutados. Cuando sus responsables no asumen esa defensa, se deja un vacío que la oposición aprovecha para imponer narrativas negativas.

Un gobierno no puede descansar en una sola voz. La defensa de la obra de Abinader no puede recaer únicamente en el Presidente ni delegarse a comunicadores externos. La primera línea de defensa debe ser su propio equipo: Ministros y Directores Generales con legitimidad para hablar, porque son los responsables directos de las transformaciones que vive el país.

El DIECOM y el propio Presidente deben exigir más. No basta con ejecutar bien; hay que defender esa ejecución con fuerza política y comunicacional. El silencio transmite debilidad, y en política los vacíos siempre los llenan otros, casi siempre con discursos cargados de distorsión.

El presidente Abinader ya marcó la ruta: hablar es transparencia, hablar es rendir cuentas, hablar es liderazgo. Hoy, el reto es que sus Ministros y Directores Generales emulen al Presidente, que asuman la voz política de sus gestiones y que entiendan que defender al gobierno no es una opción, es un deber.

Porque si el Presidente habla, sus Ministros, Directores Generales y Funcionarios de primer nivel no pueden callar.

Por Miguel Canó

Especialista en marketing y gestión de proyectos públicos

Columnista de opinión en El Nuevo Diario.

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