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20 de enero 2026
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OpiniónAlfredo GarcíaAlfredo García

¿Ser felices o ser importantes?

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RESUMEN

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“El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada”

-Johann Wolfgang von Goethe

La vida ha cambiado, y con ella los valores dieron un vuelco de 180 grados por cuanto la gente siente que es mejor ser socialmente importante que feliz y en procura de ello se somete a una vorágine, tan ingrata, que no le permite ni ser feliz, ni ser importante.

Y es que la importancia además de ser transitoria es muy relativa dado que la misma se mide en el contexto donde se desempeña el individuo en un espacio y tiempo determinado, amén de que la misma debemos dárnosla nosotros mismos, desde una autoestima saludable.

Si bien es cierto que todos somos importantes en ambientes y contextos particulares, sobre todo en aquellos escenarios en los que ejercemos liderazgo, no menos cierto es que en otros ambientes podemos ser irrelevantes.

Y comprender eso, nos llevará a entender la importancia de cultivar siempre la suficiencia espiritual y el amor propio como forma de valorarnos nosotros mismos, sin que nuestro bienestar dependa de cómo nos vean, traten o perciban los demás, sino que venga dada como resultado de nuestro interior balanceado.

Qué significa ser importante?

Según Oxford, importante es aquel o aquello “que tiene importancia o relevancia por su valor, magnitud, influencia u otras características”. También dice que lo es aquel “que importa o merece la atención o interés de alguien”.

Bajo ese criterio, tener importancia o merecer la atención de alguien son atributos transitorios que obedecen únicamente al interés de quienes nos rodean en virtud de la utilidad que tengamos en su propia agenda y en su búsqueda de importancia, por consiguiente, cuando entiendan que ya no somos útiles a sus fines, ahí mismo dejamos de ser importantes para ellos.

Es por ello que en estos tiempos en el que impera el culto a la personalidad, al cuerpo y al yo, la búsqueda de la importancia social se ha convertido en una obsesión y supone un afán que a la corta o a la larga dispara las inseguridades, las insatisfacciones, el estrés y la ansiedad, que son los mayores causantes de los trastornos mentales de estos tiempos, pues nunca se tiene sosiego, ni descanso mental y emocional.

Ello explica por qué aún la humanidad viviendo la era de mayor prospera en todos los aspectos materiales, científicos y tecnológicos, es a la vez cuando mayor insatisfacción experimenta, sintiéndose emocionalmente enferma ya que olvidó disfrutar las bendiciones con las que cuenta.

Es como si cuanto más desarrollo alcanza el ser humano, más se aleja de su centro o de su humanidad y por vía de consecuencia, de su bienestar y felicidad.

Pero otro factor es que cuanto más facilidades hay para adquirir bienes materiales con el menor esfuerzo, tanto más infeliz e insatisfecho se siente el individuo por vivir una vida sin esfuerzo y superficial.

Lograr las metas es la excusa para uno esforzarse y despertar los neurotransmisores de la felicidad y la satisfacción, como son la oxitocina, serotonina, endorfina y dopamina, las cuales a su vez nivelan la autoestima y el bienestar.

De manera que si vives en un contexto del mínimo esfuerzo, no despertarás en ti los neurotransmisores de la felicidad y por consiguiente estarás desanimado y permanente aburrido, embargado por la tristeza y la depresión, ya que la falta de agradecimiento impide ver todas las bendiciones que posees y tu afán de ser importante, mantiene tu vista puesta en los demás en lugar de concentrarte en ti.

Por Alfredo García

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