RESUMEN
Las afecciones médicas propenden a llegar, según dicen, sin avisar, pero resulta que la mayoría de las veces el cuerpo te va indicando a través de cambios en los parámetros de las sustancias químicas, proteínas, células sanguíneas, enzimas, y otros componentes del cuerpo.
Para detectar cualquier anomalía, lo prudente es hacerse chequeos periódicos que permitan tomar medidas preventivas ante el cambio brusco de cualquiera de los componentes citados con anterioridad.
Las empresas por su parte, tienen cierta similitud con el cuerpo humano toda vez que éstas, a través de los Estados Financieros, pueden dar seguimiento a la salud financiera del negocio.
En ese sentido, como cuando el cuerpo se va a someter a niveles altos de ejercicio físico se hace una prueba de esfuerzo, en el caso de los negocios, cuando se va a tomar una decisión de envergadura hay que hacer los análisis de factibilidad económica necesarios para que el estrés que genere la iniciativa no devenga en una arritmia o paro financiero.
El Seguro Nacional de Salud, Senasa, durante muchos años ha sido una institución modélica, con una eficiencia envidiable. Lamentablemente durante los últimos años, quizás por una decisión bien intencionada, pero que, seguro, no contó con el debido análisis de factibilidad, la institución viene presentando inconvenientes financieros.
Y es que la carga del régimen subsidiado está absorbiendo gran parte del presupuesto de la entidad y ha aumentado la siniestralidad (el gasto per cápita por paciente) siendo esta, al menos eso pienso, la razón de la debacle y el déficit de casi 5 mil millones que acarrea la ARS del Estado, según declaraciones del exgerente de esa entidad, Chanel Rosa.
Otra voz que se alzó alertando la grave situación del Senasa, fue el partido Fuerza del Pueblo, que, a través de sus secretarios de Salud y Seguridad Social, Ramón Alvarado y Fernando Caamaño, respectivamente, denunció que «el déficit operacional acumulado del régimen subsidiado asciende a 3,372.8 millones de pesos» y que la morosidad «en el pago a proveedores por parte de Senasa ha crecido de manera alarmante: del 0.97% en 2020, pasó al 46.02% en 2023 y se mantiene en 44% en 2024″.
Datos que de una u otra forma fueron aceptados por el Superintendente de Salud y Riesgos Laborales, Miguel Ceara Hatton, cuando indicó, en una infeliz respuesta a la Fuerza del Pueblo, que “Estamos estudiando la situación. Nosotros le damos seguimiento a todas las ARS del país (…) El Seguro Nacional de Salud (Senasa) nunca va a quebrar…» en alusión a que las instituciones estatales no quiebran.
Pero mientras el superintendente daba esas declaraciones, el presidente de la asociación de clínicas privadas, decía, según reportes de varios medios nacionales, que al menos 20 clínicas han quebrado por la morosidad de Senasa.
En fin, no cabe dudas que la ARS estatal atraviesa una situación muy complicada y que, como dijimos en los párrafos de marras, parece que no se realizaron los estudios financieros pertinentes para tomar la decisión de incluir más de 2 millones de afiliados (la mayoría de vocación al regimen contributivo-subsidiado) lo que creó una presión económica importante en el Senasa, por lo que, debe tomarse, como en las personas, el tratamiento necesario para mejorar esta grave situación.
Garantizar la universalidad en la salud pública no implica privatizar los hospitales. Para ir a un hospital público no debe ser obligatorio tener seguro, pero eso será tema de otro artículo, por lo pronto, esperemos que Senasa vuelva a ser la institución modelo del sistema de seguridad social que había sido desde sus inicios.
Por Mihail García
