RESUMEN
En política, los decretos no solo llenan vacantes: escriben el rumbo de un país. A lo largo de la historia nacional, cada período presidencial ha estado marcado por designaciones que revelan la ruta que seguirá el poder. Hoy no es diferente. El lapicero que desde Palacio estampa firmas y designaciones está enviando señales que ya nadie puede pasar por alto.
Desde agosto de 2024, la expectativa era clara: ¿hacia dónde se movería el poder en este nuevo período de gobierno? La respuesta hoy está en los cargos y en los espacios que se reparten. No son nombramientos rutinarios ni simples relevos administrativos; son movidas maestras en el tablero de la sucesión presidencial. Cada decreto traza un mapa que define a los protagonistas del futuro y muestra quiénes ocupan posiciones de vanguardia.
El bloque más sólido se inclina hacia Carolina, con respaldos visibles y estratégicos que la colocan en el centro del escenario político. No se trata de un fenómeno aislado, sino del resultado de una articulación sostenida, que va desde estructuras territoriales hasta presencia en instancias claves del Estado. En paralelo, Yayo logra acumular apoyos importantes que lo mantienen como un aspirante vigente, con capacidad de incidencia en distintos espacios. Y David asegura su permanencia en la discusión a través de una corriente más reducida, aunque todavía activa. Tres caminos distintos, tres apuestas políticas que conviven bajo el mismo techo partidario, pero no con la misma fuerza ni con la misma velocidad de ascenso.
Estas corrientes coexisten en un mismo escenario, pero con diferentes grados de consolidación. Mientras un liderazgo avanza con paso firme, otros luchan por mantenerse visibles. Y en política, el tiempo no perdona: lo que hoy es poder, mañana puede ser recuerdo.
Las señales tampoco se limitan al ámbito interno. El propio Presidente, en la Asamblea General de la ONU, fue enfático al señalar que ha llegado el tiempo de que una mujer presida ese organismo. Ese gesto no pasó inadvertido, pues se inscribe en un discurso más amplio de renovación y apertura. Y cuando en La Semanal le preguntaron si el país estaba preparado para tener una presidenta, su respuesta fue categórica y sin titubeos: “Sí.” Con una sola palabra, marcó un antes y un después en la conversación política nacional.
No es la primera vez que un presidente dominicano habla de futuro, pero sí la primera en que lo hace con tanta claridad en torno al liderazgo femenino. Las implicaciones de esa afirmación son profundas: por un lado, consolidan a quienes ya han logrado acumular respaldo; por otro, obligan a los demás a repensar sus estrategias y sus tiempos.
Palabras y decretos. Gestos y designaciones. Todo apunta en una misma dirección. Porque el lapicero que firma desde Palacio no escribe al azar: marca el futuro, reparte poder y abre la puerta a una transformación histórica. Cada firma es un mensaje, cada nombramiento una pieza que se mueve en el tablero, cada gesto un recordatorio de que el poder siempre se prepara con anticipación.
Hoy las fichas están claras, y el mensaje retumba con fuerza en el escenario político: Carolina está subiendo, y quienes antes parecían inamovibles ya comienzan a descender. La política, como la vida, tiene sus ciclos: algunos inician el ascenso mientras otros enfrentan la inevitable cuesta abajo.
Y es que el país no se detiene. Mientras algunos insisten en mantener viejos discursos de resistencia, la realidad avanza con pasos firmes: nuevas generaciones reclaman su espacio, nuevas visiones reclaman protagonismo, y un liderazgo femenino comienza a ocupar el centro de
la escena con fuerza irreversible.
O como lo diría ella misma, con la sencillez de quien sabe hacia dónde va:
“Voy subiendo, y ellos van bajando.”
Por Miguel Cano
Especialista en marketing y gestión de proyectos públicos
Columnista de opinión en El Nuevo Diario.
