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12 de enero 2026
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OpiniónValerio GarcíaValerio García

Seguridad y Sociedad: Procrastinación

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Esta sección sigue su pretensión de determinar los orígenes del comportamiento social, basado en conceptos relacionados a la seguridad y que servirán de base para los próximos análisis.

Una alocución que proviene del latín: pro, adelante, y crastinus, referente al futuro, postergación o posposición se está haciendo cargo del futuro de las sociedades modernas. La procrastinación se ha convertido en uno de los conceptos que definen la pereza que impide el desarrollo individual y que encuentra múltiples excusas que se expresan como agotamiento, frustración y depresión, cuando en realidad es la incapacidad de hacerse cargo de ciertas responsabilidades.

Byung-Chul Han, el más preclaro filósofo del siglo XXI, ha estudiado la sociedad del cansancio y señala que el exceso de positividad y trastorno neuronal, resulta en la sobre exigencia y se traduce en vanidad. Ambiciones que nos llevan al agotamiento físico y emocional. Estos comportamientos extremos derivan en inseguridad, una falta de acción que impide el progreso social individual y el desarrollo colectivo, permeando todas las dimensiones de nuestra existencia.

La procrastinación puede analizarse como resultado de la sociedad del cansancio, las tecnologías y el bombardeo de informaciones por diferentes medios masivos y sin filtros, que nos conducen a un estado en el que se desarrolla el hábito de postergar actividades que deben atenderse oportunamente, sustituyéndolas por situaciones que casi siempre son irrelevantes.

¿Qué hacer entonces con la sociedad del cansancio y la procrastinación?

Dos propuestas son el resultado de los planteamientos del autor referido, en primer lugar, se destaca la importancia del descanso y la contemplación, superando la velocidad y la sobrecarga, esto nos lleva a reconsiderar el valor del tiempo libre y la desconexión.

En segundo lugar, superar la posposición requiere recuperar la capacidad de acción, priorizar el bienestar sobre el rendimiento, sugiriendo cambios en la manera en que entendemos el trabajo y la vida. Debemos contemplar dar espacio al ser humano, y no solo al ‘homo economicus’. Recuperemos el equilibrio, la flexibilidad y la elasticidad que nos garantice la comprensión y la armonía necesaria para vivir en esta época de intensidad, velocidad y acumulación.

Por Valerio García Reyes

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