Con las reflexiones de esta sección buscamos comprender la esencia del pensamiento y el comportamiento social, identificando su relación con la seguridad en su sentido más amplio.
Es común escuchar a muchos ciudadanos hablar en forma de nosotros y referirse a las soluciones sociales con una genialidad de la que el proponente falsamente se atribuye capacidad, creatividad y participación, intentando engañarse a sí mismo y a sus interlocutores.
Revisando el origen de este comportamiento, el Dr. Alberto Bustos, experto en didáctica de la Universidad de Extremadura, nos aporta dos conceptos que apoyan el discernimiento sobre tal falacia: el plural mayestático y el plural de modestia, el primero se origina del discurso característico de reyes, emperadores y papas; mientras que el segundo es un artificio retórico que consiste en utilizar un nosotros que encubre un yo, para que el individuo responsable del proyecto, plan o propuesta, pase a un segundo plano y quede oculto tras una pluralidad ficticia.
El adjetivo mayestático proviene de la familia de majestad y aunque en la actualidad apenas hay lugar para estas fórmulas rituales, en el siglo XXI la ficción se ha convertido en uno de los mayores activos de la posverdad, donde la mentira se alimenta y se combina con la simulación.
Curiosamente el Dr. Bustos destaca que la pluralidad, lo mismo que sirve para ensalzar puede prestarse también a empequeñecer, ya que estas formas lingüísticas son polivalentes, es decir, una misma expresión puede dar a entender una actitud o acción y al mismo tiempo lo contrario.
Resentidos, ególatras e incompetentes padecen los logros ajenos y al no poseer las competencias y talentos se decantan por aparentar que son partes del logro, convirtiendo ese comportamiento en una patología social que se mueve entre el cinismo y el narcisismo.
Los impostores intentan artificialmente presentarse como parte de proyectos que esencialmente desconocen y peor aún de los que no han tenido interés en conocer a profundidad, mucho menos involucrarse, a pesar de haber sido invitados.
Por Valerio García Reyes
