RESUMEN
La pereza está considerada como uno de los siete pecados capitales, establecidos por el papa Gregorio Magno a finales del siglo VI. La Biblia se refiere a los pecados de forma indistinta, como en proverbios 13:4 que afirma que el alma del perezoso desea, y nada alcanza; pero el alma de los diligentes será prosperada.
El resentimiento, por su parte, aunque no está señalado como uno de los siete pecados capitales, es considerado como un sentimiento pecaminoso, relacionado en las escrituras con el rencor, la ira, el enojo, la cólera y toda maledicencia que provoca hostilidad, tensión y amargura.
Según análisis del psicólogo Melchor Alzueta, «el resentido tiene su origen en una historia de vida que ha derivado en una pobre inteligencia emocional, una mente cerrada que no da espacio para el cambio de actitud».
Cuando el resentido además se encuentra atrapado por la pereza, se subsume en la incapacidad para salir adelante, se convierte en un individuo peligroso incluso para el mismo.
Si se combinan los perezosos y los resentidos, se vuelven incapaces e intolerantes, desarrollando algo en común, comparten sus inclinaciones a opinar, teorizar, cuestionar o criticar para justificar su vagancia o incapacidad, sobre todo emocional y espiritual.
«Uno nunca sabe realmente quién es su enemigo.» – Jürgen Habermas
Por: Valerio García.
