Para los filósofos griegos, como Aristóteles, la felicidad, el bienestar o la buena vida eran considerados más allá de la simple sensación de placer o alegría momentánea; lo que ellos denominaban “eudaimonía” o “eudemonía”.
La palabra eudaimonía tiene su etimología en los vocablos eu, que se refiere a bueno, y daimōn, que significa espíritu y destino. Para los griegos clásicos, la eudaimonía es un estado de plenitud y realización que se logra a lo largo de toda una vida.
Estamos en una nueva era de la búsqueda insaciable del placer; al mismo tiempo, está surgiendo un movimiento que busca el retorno a la práctica de filosofías antiguas como el estoicismo, el sofismo y el epicureísmo, por mencionar solo tres.
Más de dos mil años después, los nombres de Zenón de Citio, Tales de Mileto, Protágoras, Séneca y Epicuro siguen siendo motivo de reflexión y son citados más por su prestigio que por sus obras, creando las bases para el establecimiento de una moderna eudaimonía.
La eudaimonía moderna puede ayudarnos a interpretar correctamente el verdadero significado de la felicidad y el bienestar, que está relacionado con vivir una vida plena y con propósito. Es la realización del potencial personal y de toda la comunidad.
La eudaimonía implica cultivar nuestras capacidades y virtudes, tanto intelectuales como morales, y aplicarlas en la búsqueda de objetivos valiosos. Más allá de la felicidad efímera, se busca una satisfacción vital profunda y una sensación de paz interior que persista a pesar de las circunstancias.
Por: Valerio García Reyes.
