Tal como los virus, bacterias, hongos y parásitos atacan al ser humano en su forma física, afectando su desempeño, de igual manera, una especie de patógenos espirituales afecta la esencia de nuestro ser.
Es común encontrar dificultades en el día a día que de alguna manera obstaculizan nuestro crecimiento y nuestras relaciones. Al analizar profundamente el origen de tales afecciones, encontramos que siempre hay una situación de carácter espiritual que impacta nuestras emociones y termina en enfermedades.
Dependiendo de la cultura y las creencias, los fenómenos paranormales pueden adoptar diferentes formas de manifestarse; ahora bien, en Occidente, donde impera la fe cristiana, estos fenómenos se consideran entidades que adoptan el nombre de enviaciones espirituales.
Las enviaciones se convierten en entidades que interactúan con el mundo físico, afectando el ser de forma negativa, aunque hay versiones positivas de estas manifestaciones, según el grupo de fe al que se pertenezca.
Las entidades espirituales negativas se convierten en un huésped alojado en nuestro ser, que controla nuestros actos y pensamientos. Su mejor arma de dominación la encuentra en los pecados capitales, como la manipulación a través de la lujuria, la avaricia y la soberbia.
Las enviaciones siempre atacan utilizando una especie de envoltorio. Un buen ejemplo de enviaciones usando el pecado es el disfraz de buenos modales, esconder la ostentación con la solidaridad y la obstinación con la preocupación por el otro, cuando detrás de todo esto acechan la avaricia, la envidia, la ira, la soberbia, entre otros pecados capitales.
Quien se deja atrapar por las enviaciones cae víctima de la contaminación espiritual en diversos grados, desde el mal humor, el fácil enojo y el resentimiento permanente, provocados por las heridas del corazón. Vive en positivo y rechaza las energías espirituales negativas.
Por: Valerio García.
