La entropía es la segunda ley de la termodinámica, establecida en 1850 por Rudolf Clausius y William Thomson Kelvin; trata sobre la direccionalidad de los procesos en busca del equilibrio de los sistemas a partir de la estabilidad energética.
La entropía, en términos sociológicos, hace referencia al desorden y a la cantidad de incertidumbre que hay en nuestras vidas. Provoca sensaciones y situaciones que pueden llegar a ser desagradables.
Según la entropía, todo en el universo tiende naturalmente al caos. Si dejas una casa sola, se ensucia. Si no trabajas en tu relación, se enfría. Si no cultivas tu mente, se vuelve perezosa.
La estabilidad, tanto física como espiritual, no es algo que se mantiene sola; requiere de un esfuerzo constante. La entropía explica cómo el desequilibrio energético sacude las sociedades actuales y genera tantas confrontaciones que terminan en violencia.
Todo, incluso lo simple, necesita energía para seguir funcionando bien. No es que las cosas se rompan solas, es que dejamos de atenderlas. El desorden es el destino natural de todo, a menos que tú lo sostengas con voluntad, que no es más que energía aplicada.
«Lo que no se cuida, se pierde; aunque parezca pequeño, vale el esfuerzo diario». “Todo tiende al desorden si no se aplica energía para mantener el orden”.
La termodinámica nos enseña que es de rigor controlar las opciones si queremos lograr el equilibrio. Cuantas más opciones haya en un sistema, más aumentará la incertidumbre, es decir, la entropía.
Lo contrario a la entropía es la neguentropía, es decir, la tendencia natural de que un sistema se modifique y se adapte según sus necesidades de equilibrio, entendiendo que dependen uno de otro para lograr su manifestación y subsistencia.
Por: Valerio García.
