Dale Carnegie, el escritor de «Cómo ganar amigos e influir sobre las personas», uno de los libros más vendidos sobre relaciones humanas y comunicación efectiva, señala un principio universal para generar empatía y conquistar el favor de los demás: hacer que se sientan importantes.
El reconocimiento está ampliamente estudiado. Maslow lo situó a media altura de su pirámide de necesidades. John Bowlby analizó el sentimiento de comunidad y la creación de vínculos interpersonales y desarrolló su teoría del apego, basado en el concepto apreciativo del ser humano.
El reconocimiento es la herramienta más eficaz para valorar a quienes han realizado una tarea con empeño o han contribuido al logro de los objetivos de una organización.
A pesar de lo señalado, la naturaleza dual de todo, advierte cierto peligro en el reconocimiento y es que este no puede utilizarse para adular o manipular y lo que es peor como intercambios de premios en el afán de ser reconocidos.
Hacer homenajes inmerecidos puede degenerar en resentimientos, egoísmo, vanidad, narcisismo y soberbia. Dañando las relaciones interpersonales y la finalidad del acto mismo que es el de darle valor el mérito.
Sea en una empresa, una institución pública, un gremio o la comunidad en que vives, quienes lideran deben entender que el reconocimiento es un mecanismo de compensación para el que se esfuerza y a la vez un motivador para aquellos que están intentando su mejor versión.
Dejemos de buscar en la mirada ajena nuestro valor arrastrados por el afán de reconocimiento, más bien activemos un afán de superación, no solo individual sino del colectivo en que nos desempeñamos.
Por: Valerio García.
