RESUMEN
En medio del debate generado por el aumento en las primas del seguro obligatorio para vehículos de transporte público, es necesario hacer una pausa y mirar el fondo del asunto: se trata de proteger vidas, no de recaudar más.
Durante años, las coberturas mínimas eran simbólicas, casi decorativas. Los montos establecidos no alcanzaban ni para una ambulancia. Así vivíamos, creyendo que teníamos seguro, pero en realidad estábamos desprotegidos. Eso cambió, y era hora.
La Superintendencia de Seguros, bajo la dirección de Julio César Valentín, ha dado un paso firme hacia un sistema más justo, alineado con los tiempos que vivimos. Aumentar las coberturas no es inflar precios, es corregir décadas de abandono y proteger a las verdaderas víctimas: los ciudadanos que, día a día, pueden ser impactados por un vehículo sin respaldo.
No es justo que un autobús o carro público cause un accidente y la víctima tenga que costearlo todo. Si no puedes pagar un seguro que cubra tu responsabilidad, no debes circular. Así de simple.
Claro está, las resoluciones 05 y 07/2025 aún no llegan a donde deben. Todavía no alcanzan para cubrir adecuadamente lesiones graves o muertes. Pero es un comienzo. Y lo más importante: abre la puerta para seguir mejorando.
La ciudadanía debería estar exigiendo más, no menos. Exigiendo que todos los vehículos estén asegurados, que las coberturas reflejen la realidad y que el sistema responda cuando más se necesita.
La vida no tiene precio, pero la responsabilidad sí. Y esa responsabilidad debe ser asumida, por el bien de todos.
Por Félix Correa
