EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO. – Cada nueva muerte en el cuadrilátero vuelve a poner sobre el tapete el tema de si el boxeo de paga conserva todavía su condición de «crimen legalizado”, como lo calificaron sus más furibundos censores.
La historia del llamado «deporte de las coliflores y las narices chatas» recoge una larga lista de pugilistas muertos, y de manejos turbios de la mafia, la cual llegó a tener el dominio absoluto del espectáculo.
Todavía están frescas las huellas de los desafueros cometidos por el famoso sabueso de la Cosa Nostra, Frankie Carbo, quien en la década del 50 extorsionaba a los boxeadores manejándolos como simples marionetas.
La explotación de pugilistas, desde que los señores de «horca y cuchillo» incursionaron en la actividad en pos de pingües beneficios, ha rebasado en muchos casos los límites de la incredulidad.
Son típicos los casos en que la ambición desmedida de apoderados y managers al servicio de la mafia provocaron muertes que pudieron evitarse con un trato más racional y humano.
El primitivo concepto de considerar al boxeador como una bestia a la que hay que azuzar para la entrega de sus últimas energías ha causado, un alto índice de tragedias.
La muerte es lo peor que le puede ocurrir a un esgrimista de los puños en el encordado, pero también son penosos los casos de boxeadores que quedan reducidos a verdaderos guiñapos humanos a causa de laceraciones cerebrales.
El destino común de muchos pugilistas -incluso grandes campeones- no ha sido otro que la mendicidad, la locura y la muerte.
Un caso ilustrativo lo constituye el fenecido Joe Louis, quien en las décadas del 30 y 40 percibió una bolsa estimada en 4 millones de dólares, y dos años después de anunciar su primer retiro, estaba en la más absoluta indigencia, viéndose obligado a realizar un fallido retorno.
La mafia, el fisco norteamericano, los aduladores y los cobradores del treinta y tres por ciento (apoderados) causaron la ruina del célebre «Bombardero Marrón».
Otro caso lamentable fue el del excampeón mundial pesado, Primo Carnera, quien fue reventado por los truchimanes del negocio hasta convertirlo en un cartucho quemado.
Entre las negatividades del boxeo profesional hay que distinguir dos aspectos notables: los manejos turbios del sector mafioso, y el mantenimiento de métodos y reglamentos obsoletos cuya abolición se reclama desde hace años.
Según datos estadísticos -sin contar un sinnúmero de casos anónimos-, en los últimos 50 años se han producido unas quinientas muertes por golpes de puño.
TRAGEDIAS MAS SONADAS
Las tragedias más sonadas del cuadrilátero fueron la muerte en combate de Ernie Schaaf, Walter Ingram, Dave Moore Benny (Kid) Paret y Alejandro Lavorante.
El deceso del pesado Schaaf se produjo tras recibir una paliza a manos de Primo Carnera en un encuentro escenificado el 10 de febrero de 1933 en el Madison Square Garden de Nueva York.
Walter Ingram cayó fulminado por los puños del ex-campeón mundial gallo, José Becerra en una pelea montada en Guadalajara, México, el 24 de octubre de 1959.
El 23 de marzo de 1962 falleció el cubano Benny (Kid) Paret, quien nueve días antes había perdido el cetro mundial welter a manos de Emile Grafith en el Madison Square Garden.
Entre las negatividades del boxeo profesional hay que distinguir dos aspectos notables: los manejos turbios del sector mafioso, y el mantenimiento de métodos y reglamentos obsoletos cuya abolición se reclama desde hace años.
Esta tragedia conmovió al mundo deportivo y fueron muchas las voces que clamaron para que erradique el boxeo rentado, otras, en pos de que se adoptasen mejores medidas de protección. Un año después -21 de marzo de 1963, en Los Ángeles-, el campeón mundial pluma perdió el título y la vida frente a Sugar Ramos, quien lo vapuleó en forma inmisericorde.
La muerte en combate de Paret y Moore originó una dura censura contra los organismos rectores del espectáculo. El dedo acusador también cayó sobre los árbitros por no actuar a tiempo para evitar la masacre.
Ramos se anotaba su segunda muerte: El 8 de noviembre de 1958 había matado en Cuba a su paisano José (El Tigre) Blanco.
EL PAPA: CON LA ABOLICION:
Tras el deceso de Moore, entre todas las protestas la más autorizada provino del Papa Juan XXIII, quien, desde Ostia, pidió la abolición del boxeo y lo definió como deporte bárbaro que enfrenta a hermano contra hermano.
El diario italiano L’Osservatore Romano, órgano de prensa del Vaticano, dijo refiriéndose al boxeo: es moralmente ilícito. En distintas épocas se han destacado personalidades por sus heroicas -aunque inútiles-batallas en pro de que se humanice la actividad, otros han llegado todavía más lejos al pedir su abolición definitiva.
Uno de los más vehementes impugnadores del boxeo de paga fue el ex-juez John Oftatler, de la Corte Federal de Nueva York. Oftatler enfrentó con valentía la férula del hampa neoyorkina cuyas operaciones quedaron al descubierto en la década de los 50.
En la lista de tragedias memorables no se puede obviar la muerte del argentino Alejandro Lavorante, quien fue ultimado por el estadounidense Johnny Riggins. La agonía de Lavorante se prolongó por 18 meses, tiempo que permaneció en estado comatoso en un sanatorio.
La tormentosa agonía del joven pugilista de las Pampas llegó a su fin el primero de abril de 1964. Enumerar la lista de muertos en el ring, resultaría una tarea harto tediosa, por lo que nos limitamos a señalar los casos más sonados.
En época. actual, específicamente en 1978 y 1980, hubo otros casos notables. En el primer año perdió la vida el retador italiano Angelo Angelo Jacopucci a manos del británico Alan Minter, quien le propinó un violento nocaut en el décimo-segundo asalto, en disputa del cinturón mediano.
En el segundo, perdió la vida el aspirante galés Johnny Owens frente al campeón mundial gallo, Guadalupe Pintor.
En 1979 quedó establecido como uno de los más prolíferos años en materia de «homicidios» al producirse una docena de fallecimientos.
El año pasado concitó la atención mundial la muerte de Cleveland Denny a manos de Gaetan Hart, quienes combatían como preliminaristas en el primer choque entre Roberto (Mano de Piedra) Durán y Sugar Ray Leonard.
La última víctima del boxeo fue el pugilista sudafricano, Motsie DIala, quien murió el pasado sábado a manos de su paisano Manse Potse, tras ser noqueado en el cuarto asalto. Dlala tenía 24 años, y hasta su muerte se mantenía invicto en 19 combates profesionales.
El negro manto de la tragedia continúa su avance inflexible llenando cada día de tumbas los cementerios.
Por Heriberto Morrison
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