RESUMEN
Los niños no son el futuro…son el presente.
En cierta ocasión, un periodista de la provincia Valverde, Mao, le preguntó al presidente de entonces, el Dr. Joaquín Balaguer, ¿qué podría hacer su gobierno para contrarrestar tantos hechos de violencia sucedidos en la República Dominicana? A lo que el estadista respondió de manera muy elocuente:
«El gobierno por sí solo no puede hacer nada, somos todos nosotros, usted y yo, y todos los demás dominicanos los que debemos hacer un esfuerzo por elevar la moral del país, por corregir los males que heredamos de administraciones pasadas y en parte que son una consecuencia del espíritu imperante en la época.
La descomposición no es sólo en la República Dominicana, la descomposición es en el mundo; son todas las sociedades humanas las que están hoy podridas y son todas las sociedades humanas las que necesitan de remedios heroicos para ponerle fin a este desbarajuste universal. A este naufragio universal de todos los valores humanos.
¿Consecuencia? cuando suceden estos hechos, esos actos horripilantes a lo que usted alude, la culpa recae sobre todos nosotros, sobre los padres que no saben educar a sus hijos, sobre los padres que no saben contener el derrumbadero de su hogar, sobre las autoridades; no voy a exculpar tampoco al gobierno, pero es una tarea que no solo depende de mí y de usted, sino de todos los dominicanos. Es una descomposición general en un afán de lucro, de enriquecimiento ilícito, un desbordamiento de la sociedad dominicana.
¡Como se está pervirtiendo a todas las sociedades del mundo!
La pregunta que hizo un humilde periodista hace 35 años, es una interrogante que como eco inquietante continúa vigente en la mente de la sociedad dominicana y cuya respuesta aunque bien pudiera parecer anacrónica, nunca se escuchó una sentencia tan clara y palabras tan determinantes: LOS CULPABLES SOMOS NOSOTROS.
Los seres humanos, tras siglos de guerras, insurrecciones y diferentes tipos de actos de violencia, hemos aprendido a canalizar la responsabilidad de estos hechos en políticos y funcionarios, cuando los verdaderos responsables de la degradación social y la degeneración moral somos todos nosotros.
El nivel de violencia y criminalidad por el que está atravesando nuestra Nación no es más que un pálido reflejo de la crisis familiar. Padres que no corrigen a sus hijos en el momento oportuno y luego lloran ante la sociedad el resultado de su extravío al no poner reglas claras.
Hace más de 2.500 años el sabio Salomón escribió: «El que escatima la vara odia a su hijo, más el que lo ama lo disciplina con diligencia». No escatimes la disciplina del niño; aunque lo castigues con vara, no morirá. «Corrige a tu hijo mientras hay esperanza.» (Prov. 13:24;19:18)
No pretendo ser teóloga, ni mucho menos entrar en contradicción con psicólogos y facultativos del área de la salud mental que han descartado el castigo físico como método de corrección. Interpreto la «vara» como símbolo de disciplina y orden. Como decía mi madre: «No hay mejor psicólogo que una pela a tiempo».
Muchos con el afán de la búsqueda del dinero terminan descuidando y sacrificando su tarea más importante, la educación en valores a sus hijos. Por eso hago un llamado a la sociedad dominicana y su unidad más importante, LA FAMILIA.
El destino de nuestra Nación depende del trabajo de padres comprometidos con la educación en valores, de aquellos que se los define como el futuro de nuestro país, nuestros niños. Se cosecha de lo que se siembra. No sigamos esperando que no habrá futuro si no construimos un buen presente. Manos a la obra que pronto será de noche y entonces ya no tendremos otra oportunidad para hacerlo bien.
Nuestros niños no son el futuro, son el presente.
POR AMERFI CÁCERES
*La autora es licenciada en Leyes, periodista y locutora.
