El filósofo, economista, sociólogo, periodista y político alemán Karl Marx escribió: «La historia se repite dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa».
La pregunta que cabe destacar es la siguiente: ¿Cuál de las dos estamos viviendo? ¿Estamos en la parte de la tragedia o en la farsa?
Responder de forma correcta a este cuestionamiento es la única garantía que tenemos de no repetir errores del pasado y conocer el momento crucial en el que nos encontramos.
El devenir de los tiempos y el decurso de la historia es testigo inexorable del impacto significativo, para bien o para mal de la trascendencia de la vida humana.
Hemos avanzado increíblemente en materia de ciencia y tecnología. Hace más de cinco décadas vimos a los primeros hombres caminar sobre la luna, las primeras operaciones de corazón abierto, los primeros trenes de alta velocidad, vehículos no tripulados desplazarse libremente sobre la superficie de marte.
Es como si todavía pudiésemos recordar las solemnes palabras de Neil Armstrong cuando colocaba su pie sobre la luna: «Este es un pequeño paso para el hombre, pero un gran paso para la humanidad».
¿Gran paso para la humanidad?!!
Hemos avanzado sin lugar a dudas en materia de ciencia y tecnología, pero ese avance no se ha reflejado en la decadente condición moral por la que está atravesando la humanidad, y de manera particular nuestra bella tierra, República Dominicana.
Crecimos en un ambiente muy distinto al lugar en donde nos encontramos el cual parece un lugar extraño; una senda oscura, fría y desconocida. Es como si estuviésemos atrapados en una película de terror, como si hubiésemos nacido en otro mundo, como si estuviésemos viviendo un sueño perpetuo del cual no podemos despertar.
¿Será qué acaso somos ciudadanos de otro mundo?
Contemplamos con nostalgia los vestigios de un paraíso perdido, veredas de un camino al que sin importar cuanto caminemos nunca llegaremos; o será que acaso…
Recuerdo el extraño mundo en donde se respetaban a los mayores y los profesores eran vistos como segundos padres: con respeto.
Mis maestros eran personas preparadas, hablaban y se portaban como tales; tenían el apoyo de los tutores, y por esa razón corregían con “castigos” de rodillas a la pared, con un “reglazo” cuando era necesario, y hasta expulsión por horas y días del plantel, hasta que los papás asegurasen que “no volverá a pasar”.
Sí que se educaba en valores morales y éticos. Se enseñaba la doctrina cristiana, y créanme, que se tenga o no fe en un Ser Superior, el temor a Dios no hace daño.
No pretendemos decir ni mucho menos confirmar que los profesores de hoy día no hacen su labor como la hacían antaño, pero el gremio debe pedir respeto por sus labores, y a la vez, ejercer sólo si se tiene la vocación.
¿Tragedia o farsa?
A los médicos y abogados, a los policías y políticos se les vive exigiendo cada día cumplir con su rol; se les acosa constantemente con que deben hacer su papel de manera digna, pues de esa misma forma se les debe pedir a los segundos responsables del futuro de una Nación, que tengan la preparación y el comportamiento adecuados, pero también el apoyo para que puedan educar con gallardía a esos individuos a los que los padres no pueden. Se les debe dar fuerza desde la más alta instancia gubernamental.
Son los profesores junto a los padres y las iglesias los que tienen la capacidad moral para enderezar esto que se está saliendo de las manos a quienes están para velar por nuestra seguridad. Al hombre se le corrige desde el momento en que abre los ojos, desde que empieza a caminar se le va diciendo a que no debe poner la mano. Ya una vez en la escuela, es el maestro quien sigue vigilando que este individuo siga haciendo lo correcto. El maestro no sólo nos enseña a leer y a escribir, el maestro educa, disciplina, ordena, pero debe ser autorizado para eso. No se le debe cohibir lo que tiene que hacer.
Hemos sido testigos de casos en los que los profesores temen a sus alumnos, a los que no se puede enseñar las manualidades porque no se permiten entrar tijeras, ya que los estudiantes podrían arrebatarlas. Alumnos que miran como a mujeres a sus profesoras; directores decir “ya no puedo más”.
Profesor, maestra, usted que sí lo hace por la vía correcta, cuide su bien ganada reputación, no permita que otros que no tienen la vocación les eche tierra a tantos años de preparación, de lucha y de amor por la buena educación.
Personas como ustedes son los que deberían ser los influencer y figuras públicas trascendentales.
Estamos viviendo una época en la que nuestros jóvenes siguen a canallas, hacen alabanzas a estúpidos.
La juventud de hoy tienen como arquetipos referenciales a personajes superfluos, insustanciales, carentes de sentido lógico y sin ningún tipo de coherencia histórica ni manejo de rigor científico.
Ahora cuanto antes nos es propicio hacer la pregunta, ¿tragedia o farsa? ¿O es que acaso somos ciudadanos de otro mundo?
POR AMERFI CÁCERES
*La autora es periodista, locutora y Lic. en Derecho.
