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14 de marzo 2026
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OpiniónPadre Manuel Antonio García SalcedoPadre Manuel Antonio García Salcedo

Salud del pueblo dominicano: La Virgen de la Altagracia

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RESUMEN

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En búsqueda de la salud integral

El Kerigma es la primera predicación pascual de la palabra viva de Dios que se encuentra en las Sagradas Escrituras. Su tema central es la muerte y resurrección de Jesucristo. Transcurridas unas cuantas décadas, las Primeras Comunidades Cristianas Eucarísticas meditan en los relatos del nacimiento y de la infancia del Señor.

En la imagen de la Virgen de la Altagracia podemos contemplar el misterio presente y real de Jesucristo manifestado en su sagrada familia, de modo que podamos leer, encauzar y dar sentido a nuestra historia familiar y a toda nuestra historia de vida. Acudir a la Basílica de Higüey, al santuario que se le dedicó en la zona colonial de Santo Domingo o a las parroquias que tienen este patronazgo, tendremos una experiencia de reencuentro con nuestra identidad como dominicanos, a saciar nuestra hambre de trascendencia connatural a todo ser humano, y al compromiso social que nos motive cada día a ponernos en pie para emplearnos en el sano servicio de quienes nos rodean.

En la imagen de la Altagracia encontramos la armonía de las realidades y los valores que nos definen como seres humanos dignos y con un potencial inacabado, con la manera de afrontar nuestra situación presente y a involucrarnos con la lucha pacífica por la armonía y el equilibrio social en nuestras relaciones interpersonales en un mundo tan convulso, violento y errado en sus intereses y actuaciones.

Se trata de un mensaje universal, para todos. Al mismo tiempo encontramos en la imagen de la Madre Espiritual de los dominicanos una lectura inequívoca de la vida y el mensaje de Nuestro Señor Jesucristo aplicado a nuestra historia. El nacimiento de toda persona es sagrado. Toda vida viene de Dios. Es una continuación o secuencia de la vida de los grandes personajes de la historia de salvación tales como Abrahán, Moisés, David, Elías y los profetas.

Hemos sido integrados en la Familia de Dios por la novedad de Jesucristo y su concepción virginal, fruto del Espíritu Santo, prefigurada en la tradición de los libros apócrifos del Antiguo Testamento y otros escritos de la época como el Libro de los Jubileos, Henoc, Qumrán, Filón de Alejandría, Flavio Josefo, el Pseudo-Filón y otros más.

Por pura gracia hemos sido incluidos en la genealogía de Jesucristo, hijo de Dios e hijo de María. Y se nos ha dado como Padre Adoptivo a San José, de la descendencia de David. La vocación maternal de las mujeres en virtud del matrimonio ocupa un lugar fundamental y de honor en toda sociedad. La Virgen María entra de modo excepcional, por la más alta gracia de Dios, en la genealogía del tan esperado Mesías. Sin ser hijo de San José, puede de todas formas ser llamado Jesús hijo de David por el cuidado y la protección que este brindó a la Madre de Dios y al Niño concebido por el Espíritu Santo. Confesamos los dominicanos que:

El Pobre Recién Nacido es el dueño de todos los caminos, el acento de los mandamientos de la ley a cumplir y de toda realidad sobrevenida que se ha de comprender a su luz para una humanización cada vez más solidaria de toda agrupación de personas, de manera que las mujeres en la espiritualidad altagraciana representan un papel importante y preponderante en Quisqueya. Ellas son figuras de María Santísima. Los hombres no se reducen a criaturas animalescas que tienen la función de reproducirse por instinto. San José no engendra, y sin embargo esto no disminuye su rol de hombre justo y cabeza de familia. Hay una mayor intimidad y realización en esta vida: la Comunión y la comunicación en el Espíritu Santo.

Lo esencial de todo nacimiento es la preparación del Infante Divino en vista de su misión. Milagro ha de ser la concepción de toda vida, la acogida de su madre y el nombre del Niño para la realización de la vocación a la que todos hemos sido llamados.

Las angustias psicológicas de San José a la hora de asumir su realidad esponsal, paternal y familiar son motivos de tantos estudios y reflexiones hoy en día. Reconocer al Niño implica un grado de madurez superlativo de parte del Carpintero observante de la ley de Dios. El temor de José y su justicia le llevan a acoger todos los acontecimientos como una iniciativa misteriosa de Dios, al adoptar legalmente, conociendo previamente que viene del Espíritu Santo. San José hace de Jesús hijo de David. De aquí el sentido de la representación en un castillo y de la Virgen como Reina de la Altagracia.

La concepción del príncipe heredero del Rey David y su nacimiento es providencial, Dios ya está con su pueblo. Pero, es María de la Altagracia quien nos devela la identidad de Jesús, mesías por el misterio de la concepción virginal, mediante el poder creador de Dios solamente.

Dios siempre es aliado de la mujer y del niño marginados y en peligro. El Fiat o Hágase de la Virgen María a esta acción particular e irrepetible en la historia del Espíritu Santo nos traen a la memoria las palabras San Ignacio de la Antioquia, sucesor inmediato de los Santos Apóstoles: «El príncipe de este mundo ignoró la virginidad de María y su alumbramiento, así como la muerte del Señor: tres misterios espléndidos que se realizaron en el silencio de Dios» (Ad Eph., XIX).

Al nuevo Rey-Mesías, totalmente distinto de los tiranos de este mundo que subyugan a los pueblos que han de servirle, le rinde honor la estrella de Belén, divisada por la ventana. Estrella que sirve de guía, no dé fin a los peregrinos que buscan dar lo más valioso para que el salvador haga justicia en la tierra a los necesitados con su cuerpo y con su sangre voluntariamente entrega en sacrificio de expiación por los pecados y de redención para los cautivos del alma. Esta es la función de toda persona con un cargo de responsabilidad y al frente de un hogar. Coordinar para proveer a los que están en grave necesidad.

El Niño y la Madre, junto a su Custodio siempre están unidos. Dónde está el hijo, ahí estará la madre bajo la mirada del Protector que les ha acogido. La Reina-Madre está físicamente en el centro del cuadro de la Altagracia, inamovible delante de su hijo, y dedicada por entero a su adoración o atenciones.

Pidamos la gracia de vivir e imitemos en nuestro accionar para realizar como dominicanos el papel que nos corresponde para nuestra realización plena como hombres. mujeres e hijos que nos traza el cuadro de la Sagrada familia. Padres de familia dados por entero a los suyos. Madres realizadas en toda su femineidad ante la misión esencial que poseen de dar calor a sus hijos y velar por ellos en todo momento. Y a nosotros, que siempre seremos hijos, seguir las huellas de Jesucristo, que reposa en el Altar de Belén, la Casa del Pan, de la descendencia real de David, en cuyo palacio están la alegría, los tribunales de justicia, el deseo de la paz entre los hermanos y la distribución del justo beneficio por nuestros trabajos y afanes. Esta es la verdadera religión que sana.

El autor es doctor en Teología Católica.

Por: Padre Manuel Antonio García Salcedo. Arquidiócesis de Santo Domingo.

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