RESUMEN
«La verdadera lucha no está en cambiar de amos, sino en destruir el amo que cada uno lleva dentro». Frantz Fanon
Cada semana, la Dirección General de Epidemiología publica su boletín epidemiológico: dengue, malaria, leptospirosis, cólera, mortalidad materna e infantil. Las cifras saltan a los medios, generan alarma y luego desaparecen del debate. Sin embargo, estos números esconden algo que no aparece en ninguna tabla: historias, territorios, desigualdades y memorias. Para entenderlos a fondo, necesitamos mirar desde las claves del pensamiento crítico dominicano y latinoamericano.
En lo sociocultural, como nos enseñó Dagoberto Tejeda, la salud no habita solo en hospitales. Se mueve en la cultura popular, en las prácticas barriales, en los remedios caseros, en los rituales de sanación. Las cifras oficiales omiten esta dimensión.
El boletín menciona el dengue como virus, pero no muestra cómo circula entre casas sin agua, desbordadas de desconfianza hacia un sistema de salud lejano y burocrático. Aquí se conecta Juan Bosch, quien al analizar la pequeña burguesía dominicana, nos alertaba sobre su tendencia a oscilar entre el pueblo y las élites: demandando orden sanitario y al mismo tiempo ignorando las raíces estructurales de la enfermedad.
Desde lo socioambiental, voces como las de Luis Carvajal y Domingo Abreu nos recuerdan que detrás de cada brote hay un ecocidio cotidiano: deforestación, contaminación, minería, urbanización salvaje. Claudia de Windt nos advierte que no basta con buenas intenciones: necesitamos un marco legal que proteja a las comunidades. Y Corayma de Dios suma la urgencia climática: las juventudes no defienden “el medio ambiente” como un paisaje verde, sino como su derecho a vivir.
En lo sociohistórico, las tasas de mortalidad materna e infantil son testimonio de siglos de abandono, racismo estructural y políticas públicas disfuncionales. La migración haitiana, presentada como “factor de riesgo” en algunos discursos oficiales, es en realidad el rostro vivo de desigualdades históricas que cruzan la frontera y que el boletín sanitario rara vez contextualiza.
Frente a la región, República Dominicana sigue atrapada en una lógica biomédica desconectada de la justicia social. Mientras algunos países de América Latina avanzan en vigilancia participativa o atención primaria fortalecida, aquí persiste la mirada técnica que olvida las voces locales. Necesitamos actualizar no solo los equipos, sino también el lente con que miramos la salud.
No basta con contar casos; hace falta contar historias. Las enfermedades no caen del cielo: brotan de tierras vulneradas, de políticas inconclusas, de comunidades que buscan ser escuchadas. Como bien nos recordó Fanon, más que cambiar de responsables o estructuras, el gran desafío es transformar las actitudes y miradas que nos atan a viejas formas de exclusión.
Reflexionar sobre ello nos permite abrir camino a una salud pública más humana, cercana y justa para todos.
El autor es miembro del Núcleo República Dominicana – GT Salud Internacional CLACSO; profesor universitario y exdirector de Hospitales.
Por Roberto Lafontaine
