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3 de febrero 2026
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OpiniónManuel Antonio VegaManuel Antonio Vega

Salomón Reyes y la sombra de Lilís en Hato Mayor

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RESUMEN

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​El 7 de septiembre de 1895, al caer la tarde sobre el sitio de San Felipe, Hato Mayor, la República Dominicana atestiguó uno de esos crímenes políticos que definieron la cruenta era de la dictadura de Ulises Heureaux, conocido como Lilís.

El protagonista involuntario de esta tragedia fue Don Salomón Reyes, el Síndico Constitucional de la Común de Hato Mayor, cuya popularidad y rectitud fueron su sentencia de muerte.

​El Escenario de la perfeción criminal, del asesinato de Salomón Reyes no fue un acto impulsivo; fue, como lo describe el relato, «uno de los crímenes mejor planificado y ejecutado por las fuerzas de Lilís».

​El lugar elegido fue la gallera del sitio de San Felipe, ubicada al noreste de la Loma de Montesinos o de Los Polanco, rn la sección o Hato de Los Hatillos.

¿Qué mejor coartada que el fragor y el desorden natural de una pelea de gallos, un ambiente propicio para el ocultamiento y la confusión?

​Aquel domingo, la atmósfera se cargó con la vocinglería de los apostadores.

En medio de este bullicio, los sicarios, descritos como «fanáticos galleros solapados,» ejecutaron su plan.

El forcejeo fue premeditado, un acto de simulación que culminó con un único disparo que salió del grupo, fulminando allí mismo al Síndico.

​La ejecución fue tan pulcra que, inicialmente, se le quiso dar un ropaje de accidente, minimizando el hecho a un mero desorden fatal.

​El liderazgo de Simón se habiay tornado peligroso para el régimen de Lilis.

​Salomón Reyes era hijo de Juan Reyes y Rosa Felipe, una pareja de la Curva de Cerica, proveniente de una familia con fuertes raíces independentistas, restauradoras y cívicas.

Esta herencia, sumada a su propia trayectoria, lo convertía en un faro de liderazgo que Lilís no podía tolerar.

​El Síndico ya había demostrado su talante anti-lilisista:

​Denuncia de atropellos (1888), pues había producido años antes, y había secundado a Don Baldomero Vásquez (1889) en la recogida de firmas, una acción directa para denunciar los atropellos de las autoridades de El Seibo y Hato Mayor.

​Resistencia Económica (1894)

En su administración, el Ayuntamiento de Hato Mayor se negó a emitir las temidas «papeletas sin fondo» (monedas de cambio sin respaldo), un mecanismo de endeudamiento y control financiero que Lilís obligaba a adoptar a todos los ayuntamientos del país.

Según el Informe al Ministro de lo Interior y Policía del 8 de diciembre de 1894, Reyes se opuso al endeudamiento con sectores privados que cobrarían altos intereses.

​Salomón Reyes sobrecargó su persona con estos enfrentamientos, sin presagiar o temer las consecuencias.

Su error fatal fue ser popular, simpático y no haber sido nombrado por Lilís.

En la lógica del dictador, esto era una cuenta pendiente.

​El Maquiavelo de la política de la época lo era Lilís y sus tácticas eran siniestras.

​La crónica ancestral subraya la estrategia de Lilís, que era un verdadero Maquiavelo que dominaba «el arte de jugar con las pasiones políticas y las ambiciones de poder en el hombre.»

​En Hato Mayor, el dictador mantenía a sus propios seguidores en pugnas intestinas, manteniéndolos desunidos y, por lo tanto, debilitados en su capacidad para cuestionar las acciones sangrientas y dolosas del Gobierno.

La persecución de los desafectos no solo buscaba eliminarlos, sino también crear fricciones implacables contra cualquiera que sobresaliera en el liderazgo comunitario.

Salomón Reyes era el líder que debía ser cortado de raíz.

​El «Paño Tibio» de la farsa judicial, se produjo una vez fue ejecutado por la maquinaria del régimen, la cuslb se puso en marcha para simular justicia y control.

Tres días después del crimen, el 10 de septiembre de 1895, el nuevo Alcalde Constitucional de Hato Mayor, Juan Félix Lluberes—un hombre afectivo al régimen de Lilís—, despachó un oficio que revelaba la farsa del proceso:

​Oficio No. 186, Martes 10 de Septiembre 1895:

«Se le remitió al Procurador Fiscal de la Provincia un expediente principiado a instruir a cargo de los nombrados Florentino, Francisco, León, Manuel María y Pedro María De Morlas, Bernardino Ramos y Juan Pedro Jimenez, quienes suponía eran autores de un desorden, donde resultó muerto Salomón Reyes, en el lugar de San Felipe Sección Los Hatillos.»

​La acusación formal era un «paño tibio»: no acusaba formalmente a nadie de asesinato, sino de ser autores de un «desorden» donde resultó muerto el síndico.

Incluso adjuntaron el revólver de uno de los supuestos implicados y «cuatro cápsulas de agujas como cuerpo de delito.

» El mismo secretario, Ramón María Gautreaux, certificó que «No hubo más nada». El crimen político se había producido y, con este oficio, quedaba impune.

​La sucesión inmediata

​A la par de la instrucción de la falsa causa, el Ayuntamiento Municipal informó al Gobernador de El Seibo el mismo 10 de septiembre sobre la muerte «funesta» del síndico.

Acto seguido, en un claro ejercicio de obediencia, se apresuraron a remitir una terna para la sucesión del cargo, conformada por Juan Reyes, Félix María Polonio y José Antonio Ramírez.

​La muerte de Salomón Reyes no fue solo la pérdida de un hombre honorable; fue una advertencia sangrienta a todo aquel munícipe que osara cuestionar la hegemonía de Ulises Heureaux.

En la historia de Hato Mayor, este evento quedó grabado como un sombrío recordatorio del precio de la dignidad y el liderazgo en la era lilisista.

Hato Mayor bajo la Sombra de Lilís (1887-1899)
​El asesinato del Síndico Salomón Reyes en 1895 no fue un evento aislado, sino el resultado directo de la política de terror, centralización, y control económico implementada por el General Ulises Heureaux (Lilís) tras consolidar su poder en la década de 1880.

La Estrategia de la Centralización y el Endeudamiento
​Lilís basó su poder en la modernización a través de préstamos y concesiones, una estrategia que, si bien trajo avances (como el ferrocarril), también endeudó ruinosamente al país y concentró el poder en la figura presidencial.

​Los ayuntamientos eran tradicionalmente focos de autoridad local y autonomía.

Lilís necesitaba convertirlos en meros apéndices del poder central.

La imposición de la moneda de cambio sin fondo o «papeletas» era la herramienta clave:
​Implicación Económica: Obligar a los municipios a emitir estas «papeletas» forzaba su endeudamiento con el Estado o con sectores económicos afines al régimen, que luego cobraban altos intereses.

​Implicación Política: Los ayuntamientos que se negaban, como el de Hato Mayor bajo Salomón Reyes, estaban rechazando la base económica de la dictadura.

La negativa de Reyes no fue una simple medida administrativa; fue un acto de resistencia fiscal y política que deslegitimaba el sistema económico de Lilís.

​La Pugna Interna y la persecución del liderazgo
​en el Este, la región donde se ubica Hato Mayor (entonces parte de El Seibo), las tensiones eran palpables. La dictadura operaba bajo una máxima: destruir cualquier centro de liderazgo independiente.

​La Táctica de la división era que Lilís mantenía pugnas intestinas entre sus propios seguidores.

Esta táctica de «divide y vencerás» tenía varios propósitos:
​Evitar la formación de bloques o coaliciones fuertes que pudieran desafiarlo, mantener a sus allegados ocupados peleando entre sí, distraídos de cuestionar sus acciones sangrientas.

​Crear un ambiente de inseguridad y desconfianza generalizada, donde nadie, ni siquiera un síndico electo, podía sentirse seguro.

​Salomón Reyes encarnaba todo lo que Lilís quería erradicar:

​Legitimidad Popular.

Había ascendido al cargo por ser el suplente electo, reforzando su base popular frente a los nombrados por decreto.

​Herencia Cívica: Su conexión con familias de independentistas y restauradores le daba una autoridad moral frente a la corrupción del régimen.
​Su ejecución en la gallera, un espacio popular y cotidiano, fue una puesta en escena cuidadosamente diseñada para ser un mensaje: nadie está por encima del poder de Lilís, y el liderazgo comunitario será castigado con la muerte.

​El manejo posterior al crimen ilustra la naturaleza dual del régimen: violencia absoluta cubierta por una delgada capa de legalidad.

​El «Expediente» como Censura: El rápido levantamiento de un expediente acusando a varios hombres de un «desorden» fue un acto de neutralización informativa.

El Gobierno podía decir que había «investigado» y que la muerte había sido accidental, sofocando de inmediato cualquier investigación seria o revuelta popular.

​La asunción de Juan Félix Lluberes (afectivo al régimen) y la rápida sumisión de la terna al Gobernador Provincial demostraron que la estructura de poder local estaba ya comprometida.

El asesinato garantizó un ayuntamiento dócil que no volvería a oponerse a la política de las «papeletas» o a los atropellos gubernamentales.

​El destino de Salomón Reyes en 1895 en Hato Mayor es, por lo tanto, un microcosmos de la política nacional lilisista: la eliminación selectiva de los líderes cívicos, el uso del miedo para lograr la obediencia fiscal, y la cooptación de la justicia para encubrir la violencia.

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