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18 de marzo 2026
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Salarios, juventud y el deber estructural de fortalecer la patria

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RESUMEN

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Sana al mundo

Hablar de patria exige algo más que emoción. Exige coherencia entre el discurso y la realidad económica que vive nuestra gente.

Los ideales de Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Ramón Matías Mella se levantaron sobre la dignidad. Y la dignidad, en el presente, también se mide en calidad de vida.

En la República Dominicana, según el Banco Central, la canasta básica familiar nacional promedio ha superado los RD$43,000 mensuales en los últimos reportes, con variaciones que van desde más de RD$26,000 en el quintil más bajo hasta cifras que superan los RD$70,000 en el quintil más alto.

Mientras tanto, estudios laborales y datos de mercado reflejan que muchos jóvenes profesionales —incluso con carreras universitarias y maestrías— inician con salarios que oscilan entre RD$25,000 y RD$35,000 mensuales en el sector privado, y en muchos casos cifras similares en el sector público, dependiendo de la institución.

La matemática es simple:

Un salario promedio profesional puede estar por debajo del costo promedio de la canasta básica nacional.

Esto no significa que no haya avances económicos. Los hay. Tampoco significa desconocer los esfuerzos de las autoridades en estabilidad macroeconómica, reconocidos incluso por organismos como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Pero estabilidad macroeconómica no siempre se traduce automáticamente en bienestar microeconómico para la juventud.

Aquí es donde debemos hablar con madurez institucional.

No es un señalamiento político.
Es una responsabilidad estructural.

Cuando un joven preparado siente que su salario no le permite independizarse, formar familia o ahorrar, surgen tres caminos:
1. Emigrar.
2. Entrar en informalidad.
3. Desmotivarse cívicamente.

Y los tres afectan el proyecto de nación.

Si además consideramos nuestra realidad geográfica compartiendo isla con Haití, cuya crisis institucional y económica ejerce presión migratoria y laboral, entendemos que el reto no es sencillo. Por eso las soluciones deben ser integrales: orden migratorio, fortalecimiento productivo interno y mejora sostenida de salarios reales.

No todos pueden emprender.
No todos tienen capital inicial.
No todos tienen redes de apoyo.

Una nación sana necesita empresarios, sí.
Pero también necesita empleados bien remunerados, investigadores, técnicos, maestros, servidores públicos y profesionales que puedan vivir con dignidad de su salario.

La mayor responsabilidad recae —como es natural en cualquier democracia— en quienes administran el Estado. No para atacarles, sino porque gobernar implica crear condiciones estructurales:

• Vincular universidad y sector productivo.
• Incentivar industrias de mayor valor agregado.
• Revisar escalas salariales públicas conforme al costo de vida.
• Fortalecer la formalidad laboral.
• Apostar a políticas que retengan talento joven.

La juventud no está desconectada por falta de amor a la patria. Muchas veces está agotada por una economía que no le permite proyectarse.

Defender la soberanía no es solo cuidar la frontera.
Es evitar la fuga silenciosa del talento.

Honrar a Duarte no es repetir su nombre en febrero.
Es construir un país donde estudiar valga la pena.

La patria no se sostiene únicamente con memoria histórica.
Se sostiene cuando la preparación tiene recompensa.

Y ese es el desafío que debemos asumir con firmeza, serenidad y visión de largo plazo.


Por Amerfi Cáceres

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