RESUMEN
Según el jurista y escritor Freddy Prestol Castillo, en su artículo publicado en el Listín Diario, en fecha 6 de septiembre del año 1967, para los años 50, Sabana Grande de Boyá era un paraíso agrícola, caracterizado por su diversidad productiva y riqueza natural, el escrito describe un paisaje de colinas suaves, lluvias abundantes y suelos fértiles, ideales para cultivos como cacao, café, frutos menores y ganadería. Decía el escritor que ese modelo agrícola no solo sostenía a las familias campesinas, sino que también ofrecía un potencial significativo para la exportación y el desarrollo económico del país.
Sin embargo, la llegada de los ingenios de caña de azúcar marcó un punto de inflexión devastador. La expansión de la industria azucarera estatal transformó radicalmente el entorno, destruyendo cafetales, cacaotales, bosques y ganados. Los tractores y las máquinas reemplazaron los paisajes fértiles por monocultivos de caña, que resultaron ser antieconómicos debido al bajo rendimiento en azúcar. Este cambio no solo afectó la economía local, sino que también despojó a la región de su identidad cultural y biodiversidad, dejando un «desierto» en lugar de un paraíso agrícola.
Este relato del escritor del Masacre se pasa a pie, nos refleja e invita valorar el rico patrimonio agrícola y cultural de Sabana Grande de Boyá, para la época, un pasado que contrasta con la realidad actual.
Nos enseña la historia de la región, la cual es un ejemplo claro de cómo las decisiones económicas pueden tener consecuencias irreversibles en el medio ambiente y la sociedad. Las palabras de Prestol Castillo y la visión del presidente Balaguer sobre la diversificación agrícola nos invita a imaginar como seria en los actuales momentos nuestro municipio si los ingenios no hubiesen llegado a nuestra comunidad, la cual se caracteriza en la actualidad por la pobreza y la incertidumbre.
Si los ingenios de caña de azúcar no se hubiesen instalado, Sabana Grande de Boyá podría ser hoy un modelo de desarrollo agrícola sostenible. La región habría mantenido su diversidad productiva, con cultivos de cacao, café, frutos menores y una ganadería próspera y quizás nuestra economía fuera muy parecida a la región del Cibao.
Por Iván Kery Alcántara
