Rhina Espaillat en mi memoria

Por Miguel Collado

(A propósito de su cumpleaños número 90)

 No destrozar el idioma usando palabras en inglés dentro del español: eso duele en el oído y en el alma. Evitar el spanglish  con pasión: no solamente le hace daño a nuestro idioma, que es lindísimo, sino también al inglés, porque lo hace impuro.

Rhina P. Espaillat

Junio de 2007

Entre el olor de Newburyport  y la memoria: los recuerdos 

Eran las 10:32 p. m. del 2 de marzo del año 2007 cuando recibí la carta electrónica de la escritora dominicana Rhina Espaillat en la que esta distinguida dama vegana me dice —con ese espíritu esperanzador y positivo tan característico en ella, con el que tal parece que nació y con el que, a sus 90 años de edad, aún vive—:

Espero que todo marche bien con respecto a la publicación de mi libro de cuentos, y que haya recibido sin problemas el mensaje que le mandé hace pocos días, con los siete cuentos en sus formas finales, con mis últimos cambios y correcciones.

Fue ese el inicio de un proyecto literario que habría de concluir, en forma exitosa, con la edición bilingüe (español/inglés) de uno de los mejores libros de cuentos publicados, en lo que va del presente siglo XXI, en la literatura dominicana: El olor de la memoria (Cuentos) / The scent of memory (Shorts stories),(1) el cual reúne siete textos narrativos inéditos: «Composición», «El año de los peligros», «El hombre que resultó no ser Alistair Cooke», «En Sioux Falls a los treinta y siete», «Fuga», «La cena de despedida» y «Una fábula herbal». El volumen fue editado bajo el sello editorial del Centro Dominicano de Investigaciones Bibliográficas (CEDIBIL) y puesto en circulación en el mes de abril del citado año en el marco de la X Feria Internacional del Libro de Santo Domingo. La revisión de la versión en inglés de los cuentos fue realizada por el escritor dominicano Dió-genes Abreu, autor del prólogo, cuyo título es «El olor de la memoria como tiempo consumido». He aquí un fragmento:

En la mano de Rhina P. Espaillat la palabra es un pétalo líquido que nada delicadamente sobre el verdor de dos culturas, dos lenguas y dos memorias, edificando en su fluir una identidad plural que no puede ser atrapada por los barrotes de la unidimensionalidad. […] Ante la persistencia de la memoria–ese ir y venir de una cultura a otra, de una lengua a otra–la sabia decisión es, en esta escritora, haber asido su dualidad identitaria sabiendo que sus mitades constituyen un todo fragmentado, pero un todo aún. Sólo ella, como individuo consciente de sus memorias, puede resolver la dicotomía presente en la fusión y confrontación de sus valores biculturales, pues es en ella, en tanto que sujeto social, donde se forjan y se disuelven las fronteras que demarcan la confluencia de una memoria cultural sobre la otra.(2)

Con la publicación de esa opera prima  de Espaillat, en el campo de la narrativa, CEDIBIL dio inicio a la serie bibliográfica denominada «Diáspora Literaria Dominicana». La presentación de El olor de la memoria, la cual tuvo lugar a las 7:00 p. m. del martes 24 de abril de 2007 en el Museo de Historia Natural, en la Plaza de la Cultura «Juan Pablo Duarte» de la ciudad de Santo Domingo, fue el inicio de la maravillosa amistad entre el editor y la autora, entre el autor de esta crónica y ese extraordinario ser humano que vio la luz del mundo por primera vez en la ciudad de Santo Domingo el 20 de enero de 1932, siendo sus padres Homero Espaillat Brache y Dulce María Batista, ambos dominicanos, quienes pasaron a vivir a la ciudad de La Vega cuando aún era ella una niña. Siete años después emigraría, con su familia, a los Estados Unidos de América, donde ha residido desde entonces, pero sin borrar de su memoria sus raíces ni su amor por la ciudad que vio nacer al insigne Juan Bosch; fiel ha sido a su esencial dominicanidad.(3)

Profunda fue la alegría sentida por la multifacética mujer de letras al recibir, en la segunda semana del mes de junio del año indicado, vía correo postal, la segunda partida de ejemplares de su libro. Y las siguientes palabras, transcritas de su misiva de fecha jueves 14 de ese mismo mes, lo confirman:

¡Buenos días, Don Miguel! Escribo para agradecerle la caja de libros que encontré aquí, esperándome, a mi regreso de la conferencia literaria en Pennsylvania. Están lindísimos, y hoy mismo pienso llevar algunos ejemplares al centro de artes donde tienen todos mis libros, a las dos librerías del pueblo, y a la biblioteca pública. De aquí en adelante llevaré ejemplares a todos los eventos literarios en que tomaré parte, comenzando por este sábado, y lo hago con mucho orgullo, porque de veras es un librito muy atractivo.

Desde la perspectiva del editor debo admito que me sentí complacido al ver que la autora de El olor de la memoria  había quedado satisfecha del trabajo realizado por el equipo editorial de CEDIBIL, entidad a la que ella confió su obra desde el principio hasta el final: «Don Miguel, en este mismo momento le doy derecho a hacer todos los cambios que le parezcan necesarios. […] Le agradezco con toda el alma el trabajo que han hecho usted y Diógenes con estos cuentos», me dice en carta del 12 de marzo de 2007.

Ahora bien, la carta electrónica recibida de la feliz narradora en fecha 30 de junio del mismo año fue la que selló nuestra amistad con su propuesta de trato informal con el que me ha seguido honrando la reputada traductora y culta educadora: «Ay, Miguel (¡sin el Don!)», así me saluda; y luego se despide de este modo: «Abrazos, Mai (¡sin título alguno!)». Desde entonces, es mi amiga Rhinamai, querida y admirada por tantos en el Estado de Massachusetts y en otros lugares de los Estados Unidos de América donde la semilla de su saber ha sido regada y, literariamente, ha germinado en abundancia.

El 25 de junio de 2007, con ese espíritu de gratitud tan consustancial a su modo ser, Rhinamai me había escrito: «Don Miguel, ¡cuánto le agradezco que me haya enviado el ensayo del Dr. [Odalís G.] Pérez! Me pesaba no tenerlo, y no tengo modo de hacer contacto con él para pedírselo. Quería guardarlo, como es natural, porque no todos los días a uno lo honran con un estudio sobre sus obras; y menos con un estudio de esta categoría, escrito por un crítico profesional y reconocido. ¡Gracias!»

En esa misma misiva —en tono muy familiar, como de madre a hijo— ella me transmite los saludos de su gentil Alfred: «Lo saluda Alfred, y dice que espera su ayuda con el patio cuando le sea conveniente aparecerse por aquí. ¡Ya le tiene listos los guantes de jardinero! Pero no se preocupe, que yo le tengo lista la hamaca». Y en el hogar de la adorable Rhinamai me aparecí tres años después: el domingo 18 de julio del 2010. El poeta y educador José Segura me acompañó en el viaje, también invitado por esa fina dama. Estando ya de retorno en  New York, el 22 de julio, me escribe, con ese sentido del humor que nunca la abandona: «Espero que esté pasando bien lo que le queda de su viaje, y sobre todo que se repita su visita a Newburyport en otra ocasión, porque resulta que con todo lo que se hizo y se dijo, se olvidó la barrida del patio: ¡fíjese que cosa!».

(Alfred Moskowitz, nacido en New York en 1925, hijo de inmigrantes rumanos, era su esposo, fallecido en el 2016. ¡Todo un caballero! Poseía un extraordinario talento como escultor: era miembro activo de la Asociación de Arte de Newburyport, en Massachusetts. Fue un brillante educador: enseñó Artes Industriales en las escuelas públicas de la ciudad de Nueva York durante 30 años. Con él se casó Rhinamai en 1952 en la patria de Walt Whitman y con él procreó dos hijos: Philip y Warren. Conocí a don Alfred y de él conservo en mi memoria gratos momentos, a pesar de que no conocía mi idioma ni yo el de él, pero tenía don Alfred tanta humanidad que transmitía paz y afecto sin que la ausencia de palabras se notara. Había mucho calor humano en ese ser que tan ejemplarmente supo armonizar con nuestra Rhinamai. No era posible olvidarlo luego de haberlo conocido y tratado. Refiriéndose a don Alfred, el 10 de agosto de ese mismo 2007 ella me escribe: «[…] sigue gozando de los placeres diarios, sigue haciendo esculturas, y no pierde su buen humor. Me pide que lo salude en su nombre». De don Alfred es la escultura que ilustra la portada del libro de poesía The Man Who Left / El hombre que se fue¸ de la autoría del poeta barahonero Juan Matos, publicado en edición bilingüe en 2017 con una traducción al inglés de Rhinamai).

Esa pieza oratoria del ensayista y académico Pérez, con ligeras variantes, fue reproducida en dos partes en el periódico digital Acento. Transcribimos un fragmento:

 

Los siete cuentos que conforman El olor de la memoria (The scent of memory) de la escritora dominicana Rhina P. Espaillat evocan un universo de identidad y visión revelador de tramas ontológicas y psicológicas que constituyen una travesía, un ámbito y un nivel combinado de relaciones imaginarias, visibles en los puntos de significación de cada cuento en particular.

[…]

En cada cuento podemos advertir una variedad genérica basada en un tipo caracterial y formal ligado a la hechura, a la estructura, misma del contar. El personaje y el yo autorial instruyen al lector asimilándolo al diálogo, donde la autora es, a veces, personaje y testigo que opera en el espacio interno del relato. La línea que asegura un orden situado entre la realidad y la imaginación, va colocando también los predicamentos que ayudan a construir el acontecimiento y a destacar sus núcleos mediante el modo mismo de narrar.

[…]

La modalidad alegórica de contar se hace visible en «El hombre que resultó no ser Alistair Cooke», donde la escritora pelea con el imaginario de la creación y con el género cuento en una visión cuasi-onírica desde la cual, la autora se apodera de un relato humano, que es un hombre-personaje, pero que funciona como un eje de creación. El cuento, tal y como lo expresa la narradora, existe si ella lo crea, pero el conflicto planteado a las tres de la mañana, luego de estar tres semanas buscando una idea narrativa, después de las peripecias y las líneas complementarias de relato, «el cuento» se quiere desprender de la autora y finalmente, abruptamente el cuento se levanta, se pone de pie y se despide de la narradora, quien le ruega no partir, no abandonarla en su obsesión.(4)

 

 

FINALMENTE

 

Con Rhina P. Espaillat la cultura dominicana ha alcanzado una de sus más dignas representaciones dentro de la denominada diáspora intelectual dominicana en los Estados Unidos de América.  Ella es poeta, narradora, traductora y educadora. Es reconocidísima en los Estados Unidos de América, su segunda patria, donde ha obtenido  importantes galardones literarios: el Howard Nemerov Award (dos veces); el premio de soneto otorgado por la revista Sparrow en 1997 y el de la revista Oberon en 2003; varios premios de la World Order of Narrative and Formalist Poets; tres de los premios anuales de la Poetry Society of America, inclusive el Cecil Hemley Memorial Award, y varios premios otorgados por la New England Poetry Club, inclusive el May Sarton Award.

Ha merecido respeto en el mundo académico estadounidense su traducción al español de la obra poética de Robert Frost y la que ha hecho al inglés de la obra del poeta español San Juan de la Cruz. Al idioma inglés también ha traducido textos de diversos escritores dominicanos. Ha sido colaboradora de varias revistas editadas en el citado país de América del Norte: Poetry, The FormalistThe American Scholar son algunas de ellas.

Obras poéticas publicadas por Rhina P. Espaillat son las  siguientes: Lapsing to Grace (1992); Where Horizons Go (1998), Premio T. S. Eliot Prize en 1998; Rehearsing Absence (2001), Premio  Richard Wilbur Award 2001; The Shadow I Dress In (2004), Premio Stanzas Prize otorgado por la Editora David Robert Books en 2003; Mundo y palabra / The World & The Word (2001); Rhina P. Espaillat: Greatest Hits 1942-2001 (2003); The Story-teller’s Hour (2004);  Playing at Stillness (2005), Premio National Poetry Book Award;  y Agua de dos ríos: prosa y verso (2006).

_________

(1) Rhina P. Espaillat. El olor de la memoria (Cuentos) / The scent of memory (Shorts stories). Santo Domingo, Rep. Dom.: Ediciones CEDIBIL, 2007. 118 p. (Colección «Calímaco»; vol. XXIV. Serie «Diáspora Literaria Dominicana»; No. 1).

 

(2) Op. cit., págs. 13-14.

 

(3) En su artículo «Rhina Espaillat,  una vegana de la diáspora laureada en EU que publicó su primera obra a los 60 años de edad», publicado en el diario Hoy (Santo Domingo) el día 18 de junio de 2007, la periodista dominicana Ángela Peña cuenta: «[…] su padre, Homero Espaillat Brache, fue un perseguido del régimen trujillista desde que su tío, Rafael Brache, escribió una carta al tirano oponiéndose a la matanza de haitianos en 1937. Ambos trabajaban en la embajada dominicana en Nueva York y desde entonces pasaron a la categoría de exiliados políticos,  enemigos de la Patria».

 

(4) Odalís G. Pérez. «Rhina P. Espaillat: El olor de la memoria»,  periódico digital Acento (Santo Domingo), 18 de septiembre del 2020. Es la primera de dos entregas; la segunda es del 24 de septiembre del mismo año.

 

Por Miguel Collado

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