ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
25 de febrero 2026
logo
OpiniónWellington RosarioWellington Rosario

Revolución de los pagos digitales: República Dominicana entre la oportunidad y el rezago

COMPARTIR:

RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

La reciente publicación del Banco Interamericano de Desarrollo, Más allá del dinero en efectivo, documenta una de las transformaciones más profundas de América Latina en la última década: la expansión de los pagos digitales como motor de inclusión financiera, productividad y modernización económica. En un contexto regional donde el 40% de los adultos ya utiliza pagos digitales —frente a apenas un 3% en 2011—, el Caribe y, particularmente, la República Dominicana, se encuentran en un punto de inflexión.

El informe destaca que el éxito de la digitalización financiera en países como Brasil, México y Perú no ha sido un proceso espontáneo, sino el resultado de políticas deliberadas, infraestructura tecnológica sólida y marcos regulatorios que fomentan la interoperabilidad y la competencia. La experiencia brasileña con el sistema Pix, por ejemplo, demuestra que una plataforma de pagos instantáneos bien diseñada puede integrar a millones de personas al sistema financiero formal y dinamizar las microempresas.

Sin embargo, la realidad dominicana refleja tanto avances significativos como desafíos estructurales. En términos de percepción, el país muestra una alta aceptación de los pagos digitales: más del 55% de los encuestados prefiere pagar electrónicamente, y un 57% se siente más seguro sin portar efectivo. Esto revela una base social propicia para la digitalización. Pero la brecha entre intención y adopción persiste, especialmente en los sectores informales, rurales y de bajos ingresos, donde el acceso a servicios bancarios, Internet y educación digital sigue siendo limitado.

El ecosistema financiero dominicano ha experimentado avances importantes. El Banco Central de la República Dominicana ha fortalecido su sistema de pagos con el ACH y ha impulsado la expansión del uso de códigos QR y billeteras electrónicas mediante instituciones bancarias y fintechs locales. No obstante, el país aún carece de un sistema interoperable de pagos instantáneos a gran escala, como los implementados en otras economías de la región. Esta carencia mantiene fragmentado el mercado y reduce la eficiencia de las transacciones, especialmente para las microempresas y los emprendedores que dependen de la inmediatez y los bajos costos.

Desde una perspectiva económica, la digitalización de los pagos puede ser un catalizador de crecimiento. Al reducir los costos de transacción, aumentar la trazabilidad y mejorar la formalización, los pagos digitales tienen el potencial de fortalecer la base tributaria y mejorar la transparencia fiscal. Asimismo, pueden ser una herramienta clave para el acceso al crédito, especialmente si las políticas permiten que las fintech utilicen los datos de transacciones para evaluar riesgos y otorgar préstamos a sectores tradicionalmente excluidos.

No obstante, para que la revolución digital no se convierta en un factor más de desigualdad, el país debe abordar tres retos centrales:

Interoperabilidad y regulación: Se requiere un marco normativo que promueva la competencia entre bancos y fintechs, garantizando que las distintas plataformas puedan comunicarse entre sí.
Educación y confianza digital: Aún una gran parte de la población desconfía de los medios electrónicos por temor a fraudes o falta de conocimiento. La alfabetización digital debe ser una política pública prioritaria.

Inclusión tecnológica rural: La brecha de conectividad limita la adopción digital en las provincias. Invertir en infraestructura digital y redes móviles es tan crucial como construir carreteras.

La República Dominicana tiene el potencial de convertir la digitalización de los pagos en una política de Estado que impulse la formalización económica y la productividad. Pero si el proceso se limita a los sectores bancarizados urbanos, la revolución digital podría reproducir las desigualdades existentes.

El desafío, por tanto, no es solo tecnológico, sino social e institucional. La transición hacia una economía menos dependiente del efectivo requiere una visión integral: regulación moderna, cooperación público-privada y, sobre todo, políticas que aseguren que nadie quede fuera del nuevo mapa financiero. En la era del dinero digital, la verdadera riqueza no estará en las cuentas electrónicas, sino en la capacidad de incluir a todos los dominicanos en el progreso.


Por: Wellington Rosario. Economista.

Comenta