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8 de febrero 2026
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OpiniónFrancisco Cruz PascualFrancisco Cruz Pascual

Responsabilidad de la universidad frente a la calidad de la educación

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RESUMEN

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La responsabilidad de la universidad del presente siglo debe puntualizarse en la construcción de una comunidad ética, la que debe mantenerse humana, comprendiendo los riesgos de una necesaria transformación tecnológica que necesita ser radical para poder responder a las necesidades actuales. Esta realidad podría cambiar al género humano. Durante cientos de miles de años, como seres humanos, hemos evolucionado desde el esfuerzo individual y colectivo.

Hemos enfrentado a la naturaleza con valentía, desde la pasión que brota ante nuestros propósitos, a veces desde el dolor; otras veces entre lo que amamos y odiamos.

Es un trayecto existencial que surge desde una endógena condición natural del hombre, que lo mueve a no rendirse ante las adversidades.

Desde una responsabilidad social, el modelo formativo de la universidad debe estar enfatizado en la construcción de instituciones universitarias éticas, las que deberán levantar instituciones organizadas, para trabajar en la formación de egresados capaces de responder a las necesidades de la sociedad, sin olvidarse del mercado que les empleará, pero, atendiendo necesidades humanas urgentes y perentorias; en procura de la innovación y la internacionalización, con el propósito de crear redes fortalecidas en lo nacional y en lo institucional.

En la actual crisis moral que vive la humanidad, las academias deben guiarse por lo ético, creando confianza pública a través de la mutual responsabilidad y compromiso, siempre orientadas al logro de los resultados esperados. De esta forma, podrá sustentar legitimidad o validación social, al buscar en forma verificable, la formación de profesionales actualizados en lo tecnológico; en cuanto a las competencias del mercado; socialmente comprometidos y éticos.

La universidad de este siglo debe comprometerse con la calidad, alcanzándola en forma efectiva, en primer lugar, a través del abordaje de transformaciones institucionales sustentadas, no solo en perspectivas de la excelencia académica, sino para integrar los contenidos pertinentes, desarrollando un currículo equilibrado entre la ciencia, la tecnología y las humanidades. En segundo lugar, deberá atender el aprendizaje, para que sea eficaz entre los participantes en las jornadas áulicas, asegurando la debida actualización, siempre bajo garantías de transferencia de los conocimientos pertinentes y fortaleciendo las redes de investigación. La investigación debe ser sin dudas la piedra angular de las transformaciones de la universidad, desarrollada sobre una gestión institucional de transparencia y participación de los actores.

No podemos olvidar que la universidad existe para trabajar la evolución de las ideas, por lo tanto, debe ir transformándose y transformando su contexto, siempre vinculada a las necesidades y a las exigencias de cada momento, manteniendo su pluralidad, sin olvidar que no debe permanecer ajena a la realidad en la que existe. Por esa razón, debe convertirse en motor de desarrollo, en promotora de la unidad e impulsora para accionar en la búsqueda constante de la verdad y de la cohesión social.

Entonces, la universidad tiene que reconocer que perdió el monopolio del conocimiento, y que ya no tiene el poder de los laboratorios científicos. Lo que si puede recuperar es el liderazgo de las investigaciones y el propio desarrollo del conocimiento, siempre reconociendo que tiene que vincularse con las empresas y el Estado. El panorama actual obliga al cambio de rumbo y de orientación.

Ante esta realidad, la formación docente universitaria es crucial.

Por otro lado, es necesario que las instituciones de educación superior eleven la calidad académica y la calidad de gestión institucional. En este apartado solo nos referiremos a la necesidad de elevar la calidad académica, aunque la primera dependa de la segunda.

Todos los académicos deberían estar de acuerdo en que los profesores tienen que elevar sus habilidades pedagógicas y tecnológicas, porque son necesarias para enseñar de manera efectiva, adaptándose a las demandas cambiantes de los estudiantes del mundo actual. Esto no solo beneficiaría a los estudiantes, sino que también fomentaría el desarrollo profesional de los docentes, promoviendo la innovación educativa y fortaleciendo a las comunidades académicas al crear redes de colaboración e intercambio de buenas prácticas entre los actores y protagonistas de los procesos.

En el caso exclusivo de los estudiantes, serían beneficiados con una mejora sustancial de los aprendizajes, porque está demostrado, que los profesores formados poseen mejores posibilidades de utilización de estrategias de enseñanza actualizadas, lo que resulta en una experiencia de aprendizaje más efectiva y adaptada a las necesidades de los estudiantes.

Está comprobado, que el profesor formado adecuadamente y actualizado, se coloca en ventaja frente a otros desactualizados, que no alcanzan a enfocar la enseñanza en el desarrollo de competencias, para de esa forma ir convirtiendo los contenidos en herramientas en vía de una aplicación práctica, reflexiva y en capacidad de ir fomentando aprendizajes autónomos y en colaboración.

La acción colaborativa es una vía expedita para para desarrollar el trabajo en equipo entre los participantes.

Estoy convencido de que los profesores necesitan desarrollar su profesión, enamorarse de su trabajo y automotivarse frente a los retos que deberán enfrentar en el aula. Para ello, necesitan formación continua, porque ella es capaz de mantenerles motivados, reduciendo de esa forma el riesgo de estancamiento. Sabemos que la formación continuada proporciona crecimiento profesional, supliendo necesidades particulares como vías para enfrentar desafíos, en un contexto cada vez más complejo y desafiante en lo tecnológico. Desde esa óptica, la formación docente trabaja sobre necesidades de los profesores, proporcionándoles herramientas para innovar, para integrar nuevas tecnologías y así poder manejar la innovación y la diversidad en el aula.

Participar en programas de formación permite a los docentes conectarse con colegas, compartir experiencias, resolver problemas comunes y crear proyectos conjuntos, enriqueciendo así la práctica educativa, siempre en beneficio de la universidad y de la sociedad.

La confianza en lo que hace y cree poder hacer, es vital para la transformación del profesorado.
Se hace necesario construir un nuevo profesor, con las cualidades necesarias para comprender su papel transformador en la acción social; por esa razón, se necesita una formación docente sólida, que contribuya en la formación de profesionales competentes y críticos, capaces de responder a las necesidades de la sociedad.


Por Francisco Cruz Pascual

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