RESUMEN
El puente George Washington, muy conocido por la comunidad dominicana residente en la ciudad de New York, pues une el famosísimo barrio dominicano de Washington Heights con el Estado de New Jersey, es un excelente ejemplo de lo que debe ser una buena planificación.
Concebido en el año 1925 y terminada su construcción en el 1931. Contaba con seis carriles, con un espacio abierto en el centro. 15 años más tarde, en el 1946, se le añadieron dos líneas más y en el 1962 se le agregó la parte inferior convirtiéndolo, 31 años después, en una estructura de dos niveles con 14 carriles en total.
Los países latinoamericanos, la República Dominicana no es la excepción, estamos muy lejos de planificar a esos niveles. Somos inmediatistas por idiosincrasia.
Esto viene a colación leyendo el desastre ecológico que se está produciendo en Haití, a la vista de la comunidad internacional y que eventualmente afectará a toda la isla.
En Puerto Príncipe, su capital, con tres millones de habitantes, solo el 5% tiene tuberías. El resto utiliza el agua de pozo. Si a esto le sumamos que la mayoría de la población urbana hace sus necesidades fisiológicas en letrinas, se ha calculado que en diez o quince años toda esa agua subterránea estará totalmente contaminada.
Para hacer este panorama más dantesco, sumémosle la acelerada desaparición de acuíferos, debido al inclemente corte de árboles para usarlo como combustible para cocinar y la salinización de las pocas aguas subterráneas.
¿Qué va a pasar cuando los haitianos se queden sin árboles, sin tierra y peor aún, sin agua?
La regla de tres en biología dice que: Los humanos pueden vivir hasta tres minutos sin aire, tres días sin agua y tres semanas sin comida.
Se puede vivir un poco más si se posee mucha grasa corporal, cosa que no es común entre la población haitiana o si vivieran en un clima frio. Nosotros vivimos en un eterno verano.
La sudoración, las enfermedades como diarrea, vómitos, fiebres, etc. empeoran esta situación y todos conocemos las precarias condiciones de salud de este pueblo.
Si en la actualidad, los haitianos, apelando a un mecanismo natural de sobrevivencia, están cruzando hacia la parte oriental de la isla en busca de alimentos, imaginemos que pudiera pasar cuando comiencen a emigrar en busca de agua.
La República Dominicana está cansada de dar gritos en foros internacionales, pidiendo ayuda para el pueblo haitiano. Nadie se ha hecho eco de esos lamentos.
Es hora de que comencemos nosotros, por nuestra cuenta, a buscar soluciones a una catástrofe que se avecina y que cada día, como una bola de nieve rodando montaña abajo, se hace más grande.
Hasta ahora hemos utilizado frases políticamente correctas para no herir susceptibilidades, pero ha llegado la hora de ser práctico. De cortar o extirpar el miembro con cáncer antes de que haga metástasis.
Nosotros, hablando como un ciudadano común y corriente, decimos que es el momento de poner orden en Haití, antes de que el desorden arrope toda la isla.
Está claro que para la ONU, la OEA y compartes, esto no es una prioridad. Pues es más fácil poner en cuarentena a toda una isla.
Lo hemos visto en otras latitudes. No muy lejanas por cierto.
Por Carlos McCoy
