RESUMEN
El comercio internacional atraviesa un proceso de reconfiguración marcado por tensiones geopolíticas, un proteccionismo creciente y disrupciones en el transporte marítimo. América Latina y el Caribe, aunque proyectan una recuperación en 2024 tras la caída de 2023, lo hacen en un contexto de bajo dinamismo global. La CEPAL anticipa que las exportaciones regionales de bienes crecerán un 4 %, impulsadas por productos básicos, mientras que los servicios —especialmente turismo y servicios modernos digitales— mantienen tasas de expansión de dos dígitos.
Para la República Dominicana, estas tendencias representan tanto desafíos como oportunidades. El país, tradicionalmente dependiente de exportaciones de bienes agrícolas como azúcar, cacao, tabaco y banano, se ha consolidado en la última década como un polo de servicios, particularmente en turismo y en la emergente industria de servicios digitales. La recuperación del turismo internacional explica buena parte del dinamismo exportador reciente, pero su sostenibilidad requiere diversificación. El sector turístico ya alcanzó o incluso superó niveles prepandemia, lo que obliga a buscar nuevos motores de crecimiento.
Un aspecto central es la seguridad alimentaria. Pese a que América Latina y el Caribe es el mayor exportador neto de alimentos del mundo, persiste una paradoja: la región alberga a más de 41 millones de personas con hambre y enfrenta los costos más altos del planeta para acceder a una dieta saludable. En el Caribe, la situación es aún más grave, pues la mayoría de los países depende casi totalmente de importaciones de cereales. La República Dominicana constituye una excepción relativa dentro de este patrón: si bien importa gran parte del trigo, maíz y soya que consume, mantiene una base agroproductiva diversificada que le permite cierto grado de autosuficiencia en arroz, plátano, pollo y otros rubros estratégicos. No obstante, el alza sostenida de los precios de alimentos e insumos, así como las vulnerabilidades ante fenómenos climáticos, muestran que el país debe continuar fortaleciendo la articulación entre comercio internacional, producción agrícola nacional y políticas de seguridad alimentaria.
Otro eje de oportunidades se encuentra en el comercio de servicios modernos. Mientras en América Latina solo el 37% de las exportaciones de servicios corresponde a este rubro, frente al 54% del promedio mundial, la República Dominicana ya comienza a posicionarse como exportador de servicios de tecnologías de la información y de procesos empresariales (BPO). La expansión de zonas francas orientadas a servicios digitales, junto con una creciente conectividad tecnológica, ofrecen la posibilidad de diversificar la canasta exportadora más allá del turismo y las manufacturas ligeras. Sin embargo, para consolidar esta tendencia es indispensable mejorar la formación en habilidades digitales, fortalecer el dominio del inglés y crear un entorno regulatorio que incentive la inversión extranjera directa en el sector.
En síntesis, las perspectivas del comercio internacional plantean a la República Dominicana tres tareas estratégicas:
Diversificar exportaciones: reducir la dependencia del turismo y de unos pocos productos agrícolas mediante la promoción de manufacturas de mayor valor agregado y servicios digitales.
Fortalecer la seguridad alimentaria: aprovechar la integración regional para abaratar costos logísticos y garantizar acceso estable a alimentos básicos, al tiempo que se refuerza la producción nacional de cultivos estratégicos y mejora su capacidad exportadora de alimentos.
Insertarse en cadenas de valor modernas: mediante políticas industriales y de clústeres, integrando innovación tecnológica y sostenibilidad en la oferta exportadora.
El país tiene la oportunidad de aprovechar la reconfiguración del comercio mundial para reposicionarse en un mercado global más competitivo y fragmentado. Pero ello exige visión estratégica: pasar de ser principalmente un receptor de turistas y exportador de productos primarios, a consolidarse como un hub regional de servicios modernos y un referente en la seguridad alimentaria del Caribe.
Por: Wellington Rosario, economista
