RESUMEN
Según los autores de Lonely Planet, fue en el gran valle del Rift donde los humanos caminaron erguidos por primera vez sobre la Tierra. Desde entonces, la historia de este país, se ha desarrollado como un fascinante cuento de uniones ancestrales por mar, esclavitud, ocupación colonial y transiciones a la democracia, que siguen dejando huellas.
Con una historia milenaria, cuando los fósiles encontrados en la región oriental sugirieron que los protohumanos vagaban por la zona hace más de 2 millones de años, y hallazgos recientes cerca del lago Turkana indican que los homínidos vivieron en la zona hace igual o más tiempo. (Urquijo 2020), se encuentra la República de Kenia; un país de África oriental que se eleva desde las planicies costeras del Océano Índico hasta las montañas y altas mesetas del interior.
La República de Kenia, cuya sabana inspiró El Rey León, es un país multiétnico creado por los británicos hace más de 100 años. Más de un siglo después, la estabilidad política del país más pro occidental de África se sostiene en débiles alianzas políticas entre élites de los principales grupos étnicos mayoritarios que acaparan el poder; los kikuyu, que son la comunidad más grande y representan el 17,7% de la población, los luhya 14,3%, los kamba 9,8% que son bantú, los kalenjin 13,4% y los luo 10,7% que son de origen nilótico. (NCID 2020).
A pesar de las secuelas coloniales y otros males del presente, Kenia avanza lentamente, pero sin freno. Aunque independiente y con posibilidades de trazar su propio camino, Kenia se ha convertido en una potencia de África oriental, cuya asombrosa diversidad y esplendor económico de negocios le sitúan un PIB de 113.000 millones de dólares, sin dejar de mencionar su innovador sector tecnológico que alberga las oficinas africanas de gigantes mundiales; lo que amplifica su influencia regional y global.
Actualmente es una de las potencias africanas con múltiples oportunidades. Por un lado, su capital Nairobi es el mayor centro tecnológico del continente, y en general el país es uno de los líderes mundiales en uso de dinero móvil, haciendo transacciones a través de este sistema por valor de 47% del PIB. Y por otro lado posee una población de 55 millones de habitantes, con edad media de dieciocho años, lo que le hace tener un futuro brillante ante sí, si aprovecha las oportunidades y reduce los peligros que se le presentan. Pero para ello necesita estabilidad política que no dependa completamente de los arreglos de la élite, sino de la participación de todos los actores políticos, económicos y sociales.
En ese sentido, Ignacio J. Domingo en el blog del Banco Sabadell, indica que la economía keniana ha basado su desarrollo reciente en la diplomacia; y que este ha sido el trampolín sobre el que se ha catapultado su dinamismo e impulsado su reconocido estatus de ‘soft-power’ ineludible en cualquier asunto geoestratégico en África, y más allá del continente.
Todo comenzó con la visión 2030, Kenia fue uno los países pioneros en poner en ejecución esta iniciativa, además fue una auténtica revolución económica que, sin embargo, nunca hubiera dado a Kenia su poder político y comercial en la región si no hubiera incorporado una estrategia diplomática mercantilista a su acción exterior. Y es que una estrategia bien articulada de diplomacia económica, sin lugar a dudas redunda en beneficio económico.
Las autoridades políticas kenianas idearon este road map en el 2006. Con un objetivo ineludible y claro, la modernización socio-económica del país, un deseo factible, la incorporación de un cada vez mayor número de ciudadanos incorporados a la clase media, y unos instrumentos oficiales dirigidos a atraer inversiones y facilitar el comercio exterior.
Según Peter Kagwanja, consejero del think-tank Africa Policy Institute, “Kenia sólo sería capaz de reforzar su poder hegemónico como soft-power continental si tiene éxito en inculcar una acción más económica a su política exterior”, y precisamente eso fue lo que hizo en abril de 2013 cuando el presidente Uhuru Kenyatta en un discurso, habló, sin tapujos, del desafío keniano de engancharse al resto del mundo, a través de una concepción más mercantilista de su diplomacia, capaz de acometer y aunar la potencialidad de un mercado que exhibía un notable músculo comercial e inversor y que resultaba atractivo, a los ojos del capital exterior, como hub regional del transporte, por su ubicación geográfica, en el ecuador de la costa oriental africana.
Este reenfoque también impactó otras áreas, como su poder militar, su influencia cultural y su atractivo económico. Además de elevar su reputación como nación pacificadora en la región y aliado fiel en la creación de áreas de libre comercio en el continente y su labor mediadora en conflictos armados y políticos; ha logrado persuadir a la mayor parte del mundo sobre la conveniencia de apuntalar la estabilidad con una adecuada agenda de índole económica”.
Y en ese mismo sentido Dolphine Ndeda, investigadora de la Universidad de Nariobi, asegura que la Vision 2030 “fue una auténtica revolución económica”, pero su éxito no hubiera surgido “sin una estrategia con claras prioridades y mecanismos de actuación”. Fue preciso y acertado incorporar la perspectiva de las relaciones mercantilistas, porque, de otra forma, “Kenia no sería en la actualidad un pilar político y económico en África” ni tampoco un referente para otros países del mundo.
Nairobi ha sido esencial para que la Comunidad del Este Africano, el Mercado Común del Este y del Sur, del que también es socio, hayan formado un área de libre comercio que involucra a 26 naciones y que ha generado un espacio económico de 600 millones de consumidores. Y ha jugado un papel pacificador esencial en Sudán, República Centroafricana y en los Grandes Lagos y por supuesto sobrepasando el océano ahora con sus ofrecimientos para ayudar en la crisis de Haiti.
Estas políticas de desarrollo económico, político y de seguridad de largo recorrido, hacen sintonía con los preceptos incorporados en las convenciones de Lomé y Cotonou: sobre la promoción de la industrialización y el dinamismo y vías de suministros, energéticas, de impulso socio-cultural, de cooperación al desarrollo y de respaldo financiero.
Por ejemplo, sus dos mercados más importantes son la Union Europea y China, el primero es su segundo socio comercial, por detrás del Mercado Común de África Oriental y Austral (COMESA), con envíos preferenciales de hasta el 14% en términos anuales en ejercicios recientes, al que exporta bienes agrícolas como flores, frutas y vegetales, que totalizan el 70% de sus destinos a ese mercado. También, té, café, pescados y productos del mar, azúcar, tabaco semiprocesado, textil y ropa y productos manufacturados, con un saldo históricamente favorable al mercado africano y se abastece del viejo continente en los renglones de vehículos, bienes de equipo, medicamentos, acero, instrumentos de proceso de datos, material sanitario, telecomunicaciones, productos químicos agrícolas y maquinaria agrícolas. El segundo mercado representa una relación de desventaja, ya que hace uso de la ‘trampa de la deuda’ para acceder a nuevos contratos empresariales.
Desde las agencias económicas de la ONU y organizaciones como World Economic Forum (WEF) instan a Nairobi a modificar su mapa fiscal para seguir atrayendo inversiones del exterior y para inculcar un reparto de la riqueza más justo. Además de potenciar los concursos públicos como otra de las herramientas para consolidar su diplomacia económica.
Por otro lado, encontramos a la República Dominicana con un panorama económico, político e internacional fortalecido, con un crecimiento económico sostenido por encima de un 3% sobre los demás países latinoamericanos y del caribe en la última década. Con una democracia cada vez más desarrollada y con una política exterior abierta, profesionalizada, coherente y dispuesta a promover las mejores acciones para el desarrollo de todos los y las dominicanos y dominicanas.
República Dominicana y Kenya establecieron relaciones diplomáticas mediante la firma de un Comunicado Conjunto en fecha 09 de octubre del año 2007, en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York. Por parte de República Dominicana, firmó el embajador Enriquillo A. del Rosario, representante permanente adjunto y por parte de la República de Kenia su representante permanente. Desde entonces las relaciones entre ambos países no han sido dinámicas, sin embargo, están presentando estímulos importantes desde que en Kenia asumió el poder William Ruto y en República Dominicana Luis Abinader, en razón del rol regional y global que ha estado desempeñando República Dominicana para alcanzar un apoyo responsable de la comunidad internacional al problema Haitiano.
Estas relaciones tienen grandes oportunidades, especialmente en el ámbito bilateral. Kenia actualmente tiene 55 embajadas y 31 consulados en el mundo, de éstas, solo 5 embajadas y 4 consulados están en América y específicamente 1 en el caribe, en la Habana, Cuba. Lo que nos lleva a pensar que es evidente que Kenia necesita y tiene interés en ampliar su presencia en esta región, de hecho, es oportuno que uno de los temas prioritarios en la agenda bilateral entre República Dominicana y Kenya sea la apertura de mutuas embajadas en Nairobi y Santo Domingo.
Por otro lado, República Dominicana solo tiene presencia diplomática en africa a través de 3 embajadas, dos que están en el norte del continente; Egipto y Marruecos y una sola en el africa subsahariana; Sudafrica. Evidentemente es una presencia escasa, porque es imposible abarcar un continente de 54 países, 1 organización continental y 22 organizaciones regionales solo con 3 embajadas.
República Dominicana tiene la necesidad y la oportunidad de continuar, ampliar y fortalecer su conexión con africa, así como es oportuno considerar la apertura de una embajada en Nairobi: que es una de las capitales diplomáticas y comerciales más importante del continente, además la principal sede global del PNUMA también es beneficioso ponderar nuevas misiones en países como Angola, Ghana, Tanzania, Etiopia, Guinea Ecuatorial, Guinea Bissau, Nigeria y Argelia.
Esta relaciones bilaterales no solo deben circunscribirse a la presencia en recepciones y reuniones cotidianas que alimentan los vínculos políticos y sociales, sino que deben ir más allá de lo tradicional y rutinario, por ejemplo deben ser relaciones que impacten directamente el desarrollo económico y académico de ambos países a través de la firma de acuerdos marcos de cooperación cultural, académica, militar, promoción de grupos conjuntos para fomento del comercio, promoción de cámaras bilaterales, excensión de visados, aumento de tributaciones, intercambios profesionales, atracción de inversiones, colocación de productos en los mercados, fortalecimiento de sectores productivos binacionales, acciones multilaterales conjuntas, etc.
La relevancia de Kenia para proyectar a la República Dominicana en todo el continente africano es clara, medible y oportuna, especialmente por su proyección de crecimiento y su peso político en los múltiples organismos internacionales regionales en africa y en el mundo. Además, la economía de Kenia es la de mayor producto interno bruto de la región Este y Central del continente, posee la industria más diversificada de África Oriental y tiene el principal puerto de toda la región; Mombasa. Además, se destacan 17 organismos de Naciones Unidas con presencia en el país.
República Dominicana no puede ni debe perderse una ausencia más en áfrica, al contrario, debe estar al tanto y participar de las acciones más novedosas y oportunas del futuro de un continente que va en ascenso, sin frenos y forjando su propio destino. ¡Que mejor lugar que sea a través de la República de Kenia; un socio político con quien República Dominicana está forjando relaciones para un mejor futuro!
Por: Kelvin Cuevas.
