RESUMEN
La República Dominicana, desde los tiempos del fenecido expresidente Joaquín Balaguer, pasando por las administraciones de Leonel Fernández y Danilo Medina —con excepción del período de cuatro años de Hipólito Mejía, cuando el país experimentó decrecimiento—, ha marcado un récord histórico en expansión económica dentro de América Latina. Incluso, el entonces ministro de Economía de Argentina, Domingo Cavallo, popularizó en 1999 la expresión: “RD, el milagro del Caribe”.
No era para menos. En 1996, el Dr. Balaguer afirmó ante el Dr. Leonel Fernández que dejaba “un avión listo para volar”, a lo que Fernández respondió que lo llevaría a volar por encima de los diez mil pies de altura. Ese crecimiento sostenido se apoyó en sectores fundamentales como el turismo, la agropecuaria, la minería y otros, impulsados por la demanda de países como Estados Unidos y los miembros de la Unión Europea.
Las proyecciones macroeconómicas para el cierre de este año inicialmente apuntaban a un crecimiento del 5%. Posteriormente se ajustaron al 3%, y finalmente, las propias autoridades del Banco Central y del Ministerio de Hacienda prevén un 2.5%. En consecuencia, ni siquiera se alcanzará la segunda meta establecida del 3%.
¿Qué ha impedido que la República Dominicana —que históricamente ha crecido por encima del 5%— concluya este año con un desempeño tan pobre, generando preocupación en la comunidad internacional? Para algunos analistas, la causa radica en una baja inversión pública; para otros, en una inadecuada estructuración del gasto corriente. También se señala el impacto de tasas de interés elevadas, que llevaron a los empresarios a endeudarse a costos muy altos para sostener sus operaciones. En conjunto, estos factores frenaron la demanda de inversión y bienes, afectando negativamente el PIB.
El propio ministro de Hacienda, Lic. Magín Díaz, ha planteado en diversos artículos la necesidad de incrementar el gasto de capital, esencial para dinamizar el crecimiento económico mediante el impulso del sector construcción. Las obras de infraestructura generan efectos positivos en toda la estructura productiva: desde el ferretero, el ingeniero, el albañil, el plomero, el varillero y el ebanista, hasta la señora que cocina y fía alimentos a los trabajadores.
La inversión pública incide directamente en el desarrollo, pues crea condiciones favorables para múltiples actores. Por ejemplo, carreteras adecuadas permiten a los agricultores transportar sus productos a menor costo, al reducirse los gastos en combustibles, mantenimiento y piezas de vehículos.
La desaceleración del crecimiento económico se explica, en parte, por el comportamiento del sector construcción, cuyo desempeño fue negativo (-2%) durante los primeros nueve meses del año. A ello se suma la necesidad de equilibrar las finanzas públicas mediante la reducción del déficit fiscal.
El Gobierno intentó someter una reforma fiscal que no logró consenso, ni siquiera dentro del propio PRM ni entre los funcionarios que lo acompañan. En términos prácticos, la propuesta quedó sin respaldo.
A pesar de este panorama, el Gobierno ha continuado incrementando el gasto corriente en detrimento de la inversión pública. Paralelamente, los elevados intereses de la deuda y el aumento de los subsidios presionan las finanzas públicas y reducen la capacidad de crecimiento.
POR JEOVANNY PÉREZ CORCINO
*La autora es politóloga y analista financiera, exvicepresidenta de Operaciones de Bandex y exgerente de Planificación y Presupuesto de la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos. Correo: Jeovannypc@gmail.com
