RESUMEN
“Una vida no examinada no es digna de ser vivida” -Platon
Rendir cuentas es una de las formas más eficaces de preservar la calidad de lo que se hace al tiempo de ser una manera segura para no perder la perspectiva, ayudando a mantener la vista puesta en el camino y el objetivo.
En ocasiones cuando nos llegan momentos de poder o de holgura económica, damos riendas sueltas a nuestros impulsos sumergiéndonos en una vorágine de placer que alimenta cada vez más nuestro ego en la misma medida que nos entumece el cerebro.
Poco a poco nos vamos acostumbrando a un estilo de vida relajado, laxo e indiferente, el cual se va instaurando al punto de que nos gobierna por completo, y cuando nos venimos a dar cuenta, somos presa de unos hábitos muy diferentes de los que nos hicieron crecer.
Es en ese contexto que si no tenemos a nadie que nos heche un cable a tierra, que nos hale los moños y nos haga despertar del estupor, puede que un momento de gloria, poder y éxtasis transitorio, con el devenir del tiempo, caigamos en errores que den al traste con nuestra estabilidad personal, familiar, emocional, espiritual y financiera.
En su artículo “La necesidad de rendir cuentas”, el autor Charles Swindoll, escribe al respecto aconseja: “Elija al menos otra persona (preferiblemente dos o tres ) con quien se reunirá regularmente. Deben elegirse cuidadosamente por su confidencialidad, honestidad, autenticidad y objetividad. Deben ser piadosos, disponibles y leales”.
En ese orden, siempre he escuchado que no se pueden tomar decisiones importantes estando muy feliz, tampoco en momentos en que se está muy triste y menos estando enojado, por ello cuando estamos pasando por un proceso que nos lleva a uno de esos estados, se hace obligatorio consultar puntos de vista distintos para ver lo que nuestro alterado estado de ánimo nos impide observar y comprender.
Ello explica, entre otras cosas, por qué las grandes empresas, instituciones y organismos, si bien es cierto que tienen un presidente, gobernador o director general, así mismo cuentan con un consejo administrativo o directivo, para pedir cuentas y velar porque todo marche acorde con los estándares y lineamientos establecidos en la filosófica y visión corporativa.
Ello así, a razón de que varias cabezas piensan mejor que una, por cuanto la organización siembre va a contar con las asesorías oportuna en momentos determinados para que cada decisión trascendental se tome en frio, bajo el tamiz de la experiencia colectiva, a los fines de saber cuáles son los mejores intereses.
Asimismo, en nuestras vidas es oportuno tener a una o varias personas de confianza absoluta a quienes rendirles cuenta, ya sea de manera impuesta o voluntaria. En ambos casos lo único que puede variar es la comodidad porque cuando tienes que rendirle cuenta a alguien siempre es incómodo, pero saludable, y con el tiempo se vuelve un hábito que agradeceremos tener.
Asimismo, rendir cuentas, de alguna manera también propicia el acompañamiento para cuando vengan momentos de dificultad, que se cuente con el apoyo moral y espiritual tan necesarios en tiempos aciagos.
Aunque parezca increíble, pero cuando sientes que debes dar explicaciones, tu prudencia y cuidado son constantes en tu forma de proceder y están presente en todo lo que haces, bajando al mínimo la ocurrencia de errores, toda vez que se está más preparado para corregir los imprevistos.
Y en ese ejercicio de cuidado te mantienes siempre alineado con las conductas eticas y morales que te definen, pero que de no tener a quien dar explicaciones las flexibilizarías a lo sumo, pudiendo descarrilar tu vida por le despeñadero del infortunio.
Por eso hay que tener sumo cuidado en momentos de bienestar, ya que es ahí cuando más se relajan las medidas de cuidado y con facilidad puede uno caer en mayores tentaciones, al dar riendas sueltas a los impulsos.
Rendir cuentas viene siendo como una forma de cuidado a uno mismo, entendiendo que uno no lo sabe todo y que, por consiguiente en un acto de humildad, se pide ayuda a quienes tienen más experiencia para enriquecer la visión respecto a la situación consultada.
No perdamos de vista que cuando no se tiene a nadie a quien rendir cuenta, poco a poco vamos transigiendo con ciertos hábitos y costumbres que antes eran rechazadas de plano que que poco a poco la vamos aceptando y normalizando.
Es tedioso y pesado tener que rendir cuenta, sin embargo, hacerlo inevitablemente te llevara a pasar balance y dar seguimiento constante a tu vida y a tus procesos, desencadenando en algo maravilloso que es estar atento y concluir cada proceso, etapa y situación que abres en cualquier orden de tu vida.
Finalizo diciendo que otro de los beneficios de rendir cuenta es el dominio del autocontrol al tiempo de elevar tu conocimiento de todo lo que haces y hasta de ti misma.
Por Alfredo García
