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1 de marzo 2026
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OpiniónElvin CastilloElvin Castillo

Rendición de cuentas 2026: entre avances y cuestionantes

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RESUMEN

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La rendición de cuentas del presidente Luis Abinader este 27 de febrero fue un discurso estructurado, amplio en cifras y con una visión estratégica de largo plazo. No fue una intervención improvisada ni exclusivamente política; fue una pieza diseñada para consolidar una narrativa de estabilidad macroeconómica, modernización institucional y proyección hacia 2036.

Sin embargo, un análisis objetivo obliga a contrastar las metas anunciadas con su viabilidad real y con los desafíos estructurales que persisten.

Estabilidad económica en un entorno complejo

El Gobierno destacó que en 2025 la economía creció 2.1%, ubicándose en el promedio regional. Para 2026 proyecta un crecimiento de 4.5%, mientras que el Harvard Growth Lab estima un promedio cercano a 3.8% anual para la próxima década.

También resaltó exportaciones cercanas a US$16,000 millones, inversión extranjera directa superior a US$5,000 millones, cuatro años consecutivos con IED por encima de US$4,000 millones, reducción de la deuda pública consolidada respecto a 2020 y mejora en calificaciones crediticias.

Estos elementos confirman que la República Dominicana mantiene fundamentos macroeconómicos sólidos en un entorno internacional desafiante. La estabilidad fiscal y financiera es uno de los pilares más consistentes de la actual gestión.

No obstante, el crecimiento de 2.1% en 2025 fue inferior al promedio histórico dominicano, que en ciclos normales ha oscilado entre 4.5% y 5.5%. Aunque no es una cifra negativa en términos regionales, sí evidencia una desaceleración respecto a la tradición de alto crecimiento del país.

Canasta básica: el reto cotidiano que no puede ignorarse

Más allá de los indicadores macroeconómicos, uno de los desafíos más sensibles para el gobierno sigue siendo el costo de la vida.

Según cifras del Banco Central, la canasta básica ronda los RD$48,000 pesos mensuales. Esto coloca presión directa sobre los hogares dominicanos, especialmente en un contexto donde la inflación, aunque moderada en términos técnicos, sigue afectando el poder adquisitivo.

El discurso destacó aumentos salariales y reducción de pobreza, pero el desafío real está en la capacidad de los ingresos para sostener el consumo básico sin depender exclusivamente de subsidios.

El impacto de los precios de alimentos, transporte y servicios sigue siendo el termómetro más inmediato del bienestar ciudadano. En este terreno, la percepción muchas veces pesa más que las estadísticas.

El control sostenido de la inflación y la mejora real del poder adquisitivo continúan siendo uno de los exámenes más exigentes para la gestión económica.

La gran apuesta: ¿es viable duplicar el PIB en 2036?

El eje central del discurso fue la Meta RD 2036, cuyo objetivo es duplicar el tamaño real de la economía en una generación.

La aspiración es ambiciosa. Sin embargo, al contrastarla con las cifras citadas en el propio discurso, surgen interrogantes técnicas importantes.

Para duplicar el PIB en aproximadamente diez u once años, el país necesitaría un crecimiento anual compuesto cercano al 6% o 7%. Sin embargo, en 2025 el crecimiento fue 2.1%, para 2026 se proyecta 4.5% y Harvard estima un promedio de 3.8% anual durante la próxima década.

A una tasa promedio de 3.8%, la economía no se duplicaría en 2036; tardaría cerca de 18 o 19 años en hacerlo. Incluso con un promedio de 4.5%, la meta seguiría siendo difícil de alcanzar en ese plazo.

Esto no invalida la visión estratégica, pero sí evidencia que la meta requeriría un salto estructural considerable en productividad, innovación, capital humano y transformación del aparato productivo.

Bajo las proyecciones actuales, la Meta 2036 luce más como un objetivo aspiracional que como una meta técnicamente alineada con el crecimiento estimado.

Hub digital y economía del futuro

Uno de los aspectos más positivos del discurso fue la visión de convertir al país en un Hub digital regional.

Los anuncios vinculados a proyectos tecnológicos de la mano de Nvidia, Google y el desarrollo de una estación de lanzamiento de cohetes y satélites en Oviedo, Pedernales, representan un cambio significativo en el posicionamiento estratégico del país.

Si estos proyectos se materializan plenamente, podrían transformar el rol geopolítico de la República Dominicana en el Caribe, diversificar la economía más allá del turismo y las zonas francas, generar empleos de alta calificación y crear oportunidades reales para la juventud en áreas STEM e innovación tecnológica.

Este giro hacia la economía digital es coherente con la necesidad de elevar la productividad si se quiere aspirar a metas como la duplicación del PIB.

La visión es estratégica. La ejecución será determinante.

Pobreza y ayudas sociales: un debate necesario

En el discurso se reiteró la reducción de la pobreza, al tiempo que se evidenció una expansión de los programas de transferencias sociales.

La pobreza se mide por ingreso per cápita del hogar y las transferencias del Estado se contabilizan como ingreso. Por tanto, un subsidio puede contribuir a que un hogar supere estadísticamente la línea de pobreza.

No existe contradicción matemática entre reducción de pobreza y aumento de ayudas.

La discusión relevante es cuánto de esa reducción proviene de crecimiento estructural y cuánto de transferencias fiscales. Si depende en proporción significativa de subsidios permanentes, su sostenibilidad estará condicionada al espacio fiscal.

El verdadero indicador de éxito no es solo cuántos salen de la pobreza, sino cuántos no regresan cuando se retiran los apoyos estatales.

Infraestructura: desafío frontal a la oposición

Uno de los momentos políticamente más significativos del discurso fue el extenso listado de obras provincia por provincia.

El presidente detalló proyectos específicos en prácticamente todo el territorio nacional, incluyendo carreteras, hospitales, acueductos, universidades, circunvalaciones, sistemas de transporte, proyectos energéticos y polos turísticos.

Este ejercicio fue un reto directo a una de las principales críticas a su gestión: que ha sido uno de los gobiernos con menor nivel de inversión de capital en términos históricos y que no tiene grandes obras que exhibir.

Al enumerar obras concretas en cada provincia, trasladó el debate del terreno abstracto de las cifras presupuestarias al terreno visible de la infraestructura física.

Si la oposición no logra desmontar ese inventario con evidencia concreta, su narrativa podría debilitarse.

Sin embargo, las estadísticas oficiales muestran que la inversión de capital ha sido relativamente baja comparada con otros períodos y que en algunos años cerca del 20% del presupuesto destinado a obras no se ejecuta completamente.

Surge entonces una pregunta legítima sobre cómo se concilia esa subejecución con el amplio inventario presentado.

El debate no es simplemente si hay obras, sino cuál ha sido el volumen real de inversión de capital y cuál es su impacto estructural en productividad.

En términos políticos, el movimiento fue audaz. En términos técnicos, el debate sigue abierto.

Lucha contra la corrupción: avances y desgaste en la narrativa

El presidente volvió a ser enfático en que no apañará corruptos y que no habrá contemplación con quien se equivoque.

Destacó avances en rankings internacionales de percepción de la corrupción, lo cual es verificable. También es cierto que el caso Senasa marcó un precedente al involucrar funcionarios del propio oficialismo, algo que no era común en administraciones pasadas.

Sin embargo, la narrativa anticorrupción enfrenta desgaste.

Existen más de 50 casos admitidos por la Dirección de Ética sin consecuencias visibles. Han surgido denuncias de irregularidades en contrataciones públicas y casos mediáticos como el del Intrant que no han tenido avances contundentes ante la opinión pública.

La lucha contra la corrupción no puede sostenerse únicamente en el contraste con gobiernos anteriores. La credibilidad dependerá de coherencia sostenida y resultados consistentes, sin excepciones ni matices partidarios.

Balance final

El discurso dejó logros verificables y una visión ambiciosa de país.

Pero también dejó interrogantes importantes.

¿Puede el país duplicar su economía con tasas proyectadas de 3.8%?
¿Puede el poder adquisitivo mejorar al ritmo que exige una canasta básica de RD$48,000 pesos?
¿Se corresponde el volumen de obras con la ejecución presupuestaria real?
¿Se sostendrá la narrativa anticorrupción frente a nuevos casos?
¿Podrá materializarse la apuesta tecnológica en un verdadero cambio estructural?

La rendición de cuentas mostró avances.

El verdadero examen no está en el discurso, sino en la ejecución sostenida, la coherencia institucional y la capacidad de transformar los enunciados en resultados medibles.

Por Elvin Castillo

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