RESUMEN
Por años, las remesas han sido vistas como una ayuda familiar. Hoy son mucho más que eso: constituyen uno de los pilares silenciosos de la economía dominicana. En 2025, la República Dominicana recibió más de US$11,800 millones en remesas, cifra récord que equivale a aproximadamente entre el 9 % y el 10 % del Producto Interno Bruto (PIB). En términos sencillos: casi uno de cada diez pesos que mueve la economía nacional tiene su origen en el esfuerzo de un dominicano que vive fuera del país.
Impacto socioeconómico inmediato
Las remesas no solo suman cifras grandes en la balanza de pagos; su impacto se siente en lo cotidiano. Se estima que una proporción significativa de los hogares dominicanos recibe remesas de forma regular, lo que fortalece el consumo, ayuda a pagar educación, salud y vivienda, y amortigua fluctuaciones económicas locales. El dinero viene directamente al mercado doméstico: colmados, ferreterías, farmacias y tiendas del barrio ven cómo ese efectivo impulsa ventas estables.
Las remesas no son solo estadísticas del Banco Central. Tienen un profundo tono humano. Son madrugadas en fábricas extranjeras, son horas extra en restaurantes, son turnos dobles en hospitales. Son sacrificio convertido en esperanza.
Cada dólar que llega a un hogar dominicano trae consigo una historia de distancia, esfuerzo y compromiso. Por igual, vale decir que su verdadero significado se entiende cuando se aterrizan en la vida cotidiana. Siempre hay una historia detrás:
María González, residente en Santiago, recibe US$300 mensuales que le envía su hijo desde Nueva York. Ese dinero cubre parte de la universidad de su nieta y completa la compra del mes. Si la tasa de cambio baja cinco pesos por dólar, María pierde alrededor de RD$1,500 mensuales en poder adquisitivo. En un año, eso puede representar más de RD$18,000 menos en su presupuesto.
José Ramírez, obrero en Nueva Jersey, trabaja horas extras para enviar cada quincena una parte de su salario a su madre en San Francisco de Macorís. “Aquí se trabaja duro, pero uno sabe que allá ese dinero hace falta”, comenta. Como él, cientos de miles de dominicanos sostienen dos economías: la suya en el exterior y la de sus familias en el país.
Se estima que una proporción significativa de los hogares dominicanos recibe remesas de forma regular, lo que convierte estos envíos en un factor determinante para el consumo interno, el pago de educación, atención médica, mejoras de vivienda y, en algunos casos, pequeños emprendimientos.
Impacto macroeconómico
Desde el punto de vista macroeconómico, las remesas cumplen varias funciones clave:
Aportan divisas que fortalecen las reservas internacionales.
Dinamizan el comercio minorista y el consumo.
Actúan como amortiguador social en momentos de crisis.
Reducen la presión sobre políticas públicas de asistencia.
Durante la pandemia, cuando muchas economías se contrajeron, las remesas dominicanas demostraron resiliencia y contribuyeron a estabilizar ingresos familiares en medio de la incertidumbre.
¿De dónde vienen las remesas?
Aunque los datos detallados por país emisor pueden variar, uno de los aspectos más constantes es que una abrumadora mayoría proviene de los Estados Unidos —alrededor del 80 % o más del total recibido por RD proviene de ese país—, seguido por países europeos como España (cerca de 6 %), así como Italia, Suiza y Canadá con porcentajes menores.
Esta abrumadora mayoría de remesa que proviene de los Estados Unidos subraya la relación histórica entre la migración dominicana y la economía estadounidense, y explica por qué cualquier cambio en esa economía —como la variación del dólar o decisiones de política laboral— tiene efectos directos en las familias que dependen de estos envíos.
El dólar y su efecto directo
Dado que la mayoría de las remesas se envía en dólares, cualquier variación en la moneda estadounidense tiene un impacto inmediato en el bolsillo dominicano.
Si el dólar pierde valor frente al peso, la remesa rinde menos en términos de moneda local. Sí, por el contrario, el dólar se fortalece, el poder adquisitivo aumenta. Sin embargo, este efecto también se cruza con la inflación global, los precios de importación y la estabilidad económica interna.
En términos prácticos: una baja en la tasa de cambio puede sentirse directamente en el colmado, en la factura eléctrica o en el costo de la matrícula escolar.
En 2025 el Banco Central dominicano informó que las remesas alcanzaron un récord histórico de aproximadamente US$11 866 millones, lo que significó un crecimiento de alrededor del 10,3 % respecto a 2024. Para 2026 se pronostica que superarán los US$12 200 millones, pese a la entrada en vigor del impuesto del 1 % a estos envíos desde EE. UU.
Evolución en la última década
Aunque las cifras completas de todos los años varían según las fuentes, una perspectiva histórica muestra que:
En 2014 las remesas ya sumaban varios miles de millones y han crecido de manera constante desde entonces.
En 2020, en medio de la pandemia, la proporción de remesas como % del PIB llegó a cerca del 10,6 %.
Según estimaciones de datos del Banco Mundial, para 2024 las remesas representaron alrededor del 9 % del PIB dominicano, una cifra considerable para una economía con un crecimiento robusto pero también vulnerable a shocks externos. Este porcentaje coloca a República Dominicana entre los países de la región con mayor dependencia relativa de las remesas, aunque no tan alto como en países de Centroamérica.
El desafío pendiente
Aunque las remesas fortalecen el consumo, el gran reto nacional es convertir parte de esos más de US$12,000 millones anuales en inversión productiva. Transformar una fracción de ese flujo en capital para pequeñas y medianas empresas, vivienda formal o proyectos comunitarios podría multiplicar su impacto. No se trata solo de recibir dinero; se trata de canalizarlo estratégicamente.
Remesas y PIB: una relación clave
Según estimaciones del Banco Mundial y datos compilados por instituciones financieras internacionales, las remesas como porcentaje del PIB dominicano han rondado niveles altos en los últimos años, cercanos al 9-10 %, muy por encima del promedio de países de ingresos medianos o de la propia región latinoamericana.
Este peso relativo muestra que, aunque RD tiene una economía diversificada y en crecimiento, las remesas siguen jugando un papel fundamental en mantener el consumo y estabilizar el ingreso familiar, factor que no se debe subestimar en las políticas públicas de desarrollo económico y social.
Las remesas, junto al turismo y las exportaciones, ayudan a equilibrar la economía dominicana y a mantener reservas internacionales saludables.
El futuro de las remesas dominicanas dependerá de varios factores:
Economía estadounidense: Dado que la mayoría de las remesas provienen de allí, el ritmo de crecimiento, empleo y políticas migratorias en EE. UU. impactan directamente los flujos.
Tecnología de envío: El uso de canales digitales y bancarios en lugar de efectivo puede abaratar costos y hacer más eficiente la captación.
Política fiscal: La introducción de impuestos sobre remesas —como el 1 % aplicado desde 2026 en ciertos envíos— puede tener efectos graduales, dependiendo de cómo se ajuste la estructura de costos y la respuesta de los migrantes.
Mientras la comunidad dominicana en el exterior continúe creciendo y consolidándose, el flujo de remesas seguirá siendo robusto. Pero la dependencia excesiva también implica vulnerabilidad ante choques externos.
El migrante que sostiene dos economías
José Ramírez, obrero en Nueva Jersey, envía parte de su salario cada quincena:
“Trabajo horas extras para que mi mamá no tenga que preocuparse por la luz o las medicinas.”
Para muchos migrantes, el envío promedio ronda entre US$250 y US$400 mensuales. Si multiplicamos eso por cientos de miles de dominicanos en el exterior, entendemos por qué las remesas superan incluso a sectores productivos tradicionales.
No es solo dinero: es doble esfuerzo económico. El migrante sostiene su vida fuera y mantiene un hogar en RD.
¿Cuántas familias dependen?
Se estima que cientos de miles de hogares dominicanos reciben remesas regularmente, lo que significa que una parte significativa de la población depende directa o indirectamente de estos flujos.
En muchos barrios, la economía local se dinamiza cada vez que llega “la remesa del mes”.
Perspectivas a mediano plazo
Mientras la diáspora dominicana siga creciendo, el flujo se mantendrá fuerte. La clave para el país es transformar parte de esas remesas en inversión productiva, no solo consumo.
Contexto regional y global
A nivel latinoamericano y mundial, las remesas constituyen uno de los mayores flujos financieros privados que recibe la mayoría de los países en desarrollo. En 2024 se estimó que los envíos globales superaron los US 900 000 millones, con América Latina y el Caribe entre los destinos más importantes.
Esto significa que las remesas no son solo un fenómeno nacional, sino una pieza clave de la economía mundial, que estabiliza los ingresos familiares y aporta resiliencia en tiempos de crisis, tanto globales como locales.
Conclusión
Remesas: cifras que laten en cada hogar
Las remesas dominicanas han evolucionado de ser simples transferencias de dinero entre familias a convertirse en un pilar macroeconómico y social para la República Dominicana. Representan no solo ingresos para millones de hogares, sino también divisas estratégicas, impacto en el consumo, en la educación, en la estabilidad económica y en la resiliencia frente a choques externos.
Mientras el país enfrenta desafíos globales como la volatilidad del dólar y cambios en las economías receptoras, las remesas siguen siendo, con diferencia, uno de los pilares más sólidos para el bienestar de muchas familias dominicanas y un factor indispensable en el diseño de políticas económicas y sociales en el corto, mediano y largo plazo.
¿Podría el Estado incentivar que una parte de esos US$12,000 millones anuales se conviertan en emprendimiento formal?
Por Domingo Núñez Polanco
Economista y administrador de DomingoLarevista.com
