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6 de enero 2026
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OpiniónElvin CastilloElvin Castillo

Relanzar o hundirse: el dilema del gobierno

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Como ya es tradición en la política dominicana, la cercanía del 16 de agosto viene acompañada de rumores sobre cambios en el tren gubernamental. Sin embargo, en los últimos años esa fecha ha perdido parte de su simbolismo: ni Danilo Medina ni Luis Abinader han realizado reestructuraciones profundas en esa ocasión, y la ciudadanía ha dejado de hacerse expectativas reales.

Pero este 16 de agosto es distinto. Muy distinto.

El gobierno llega a esta fecha en uno de sus momentos más delicados: en picada en las encuestas, con una economía que muestra claros signos de deterioro algo que el propio presidente ha debido reconocer y con un oficialismo fragmentado por dentro, en un ambiente político cada vez más caótico.

Los enfrentamientos públicos dentro del PRM parecen sacados de una película de terror. Por un lado, Alfredo Pacheco confronta abiertamente a la familia del presidente. Por otro, el presidente del Senado y Antonio Taveras libran una batalla sin tregua. A esto se suma Faride Raful denunciando ataques internos, aspirantes presidenciales disputándose el poder sin pudor, y un expresidente Hipólito Mejía que no se ahorra críticas al rumbo del gobierno.

Todo esto, mientras el país lidia con apagones, entaponamientos, un sistema educativo en crisis, hospitales desbordados, un transporte caótico y una profunda sensación de hartazgo social. En este contexto, continuar con el mismo equipo de gobierno sería, políticamente, suicida.

Por eso, el presidente está ante un dilema histórico: relanzar su gobierno o hundirse con él. Oxigenar el gabinete no es una opción estratégica, es una necesidad de supervivencia. Solo con cambios profundos y señales claras de corrección podrá ganar tiempo para recomponer su imagen y la de su partido, y así aspirar a tener alguna posibilidad electoral en 2028.

El momento exige audacia. Y todo indica que lo que viene no será un simple enroque, sino un remezón de gran magnitud. Tan fuerte que muchos quedarán con la boca abierta.

Ahora bien, hay algunas movidas que se van a realizar que, políticamente hablando, resultan difíciles de comprender. Sin embargo, otras son más que merecidas. Así que toca esperar y ver cómo el presidente juega sus cartas, porque al final, el pellejo y el legado en juego son los suyos.

Desde una óptica política, es lo correcto. El pueblo, cansado del desorden y el alto costo de la vida, podría conceder un voto de espera a nuevas figuras. Un “vamos a ver si estos sí pueden”, que le daría al presidente al menos un año de respiro. Porque, con honrosas excepciones, este gabinete ha sido uno de los más ineficientes de las últimas décadas. Y así, es imposible llevar a puerto seguro ningún proyecto de nación.

Probablemente, incluso algunos funcionarios que han hecho un buen trabajo se verán arrastrados por la ola de presión y descontento. Pero el momento no admite medias tintas.

Así que ya lo sabe: compren palomitas, porque vienen fuegos artificiales.

Por Elvin Castillo 

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