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23 de febrero 2026
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OpiniónCAROLINA SADDLERCAROLINA SADDLER

Rehumanización del hombre moderno

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

En los últimos años, el mundo parece haber acelerado hacia una “eficiencia” imparable, sin embargo, en el camino hemos dejado de lado nuestra humanidad, algo fundamental para nuestra existencia, pues es lo único que nos permite colocarnos en el lugar del otro, conmovernos y reaccionar de una u otra forma ante determinada situación.

Solo hay que ver la indiferencia, de la mayoría de la población mundial, ante lo que está ocurriendo en países como Palestina, Sudan, Haití y/o Congo.

Abusos sistemáticos, eliminación étnica, hambruna, robo, violencia sexual, torturas, desplazamientos, bombardeos y miles de personas muertas, sin que todos los ciudadanos del mundo nos unamos y exijamos de nuestros lideres una solución inmediata y definitiva ante estas situaciones.

Cosas que me llevan a pensar que la deshumanización no es un evento catastrófico, traumático e inesperado que llegará en un futuro, sino un proceso silencioso que vivimos a diario.

Cuando ignoramos situaciones que pasan a nuestro alrededor, callamos ante injusticias, preferimos enfocarnos en las pantallas sin humanizar las noticias, no le damos un rostro a las personas abusadas, o cuando elegimos favorecer al “algoritmo” en vez de a la intuición.
Es obvio que la humanidad está muriendo, asesinada justamente por nosotros los seres “humanos”. Irónico pero cierto.

La tecnológica ha transformado nuestras interacciones en simples “transacciones” de información, sin que le demos la importancia real y reconozcamos el impacto que tiene la parte humana.

No digo que la tecnología no sea importante. Mi planteamiento es que, la misma no debería de ser el centro de la vida, ni dirigir las acciones de nosotros los “humanos”.

Hemos pasado de ser “vecinos” a ser “extraños”, de tener “amigos” a tener “conocidos”, de “ciudadanos” a ser “usuarios”, y de ser “personas” a ser “perfiles”.

Vivimos dentro de un fenómeno peligroso creado por la “digitalización”, que nos está llevado a la perdida de la empatía, la conexión emocional y hasta la responsabilidad que, se supone, conlleva ser humano.

Interactuamos virtualmente con otros, lo que hace que sea mucho más fácil atacar, ignorar o descartar a alguien cuando solo es un “conjunto” de pixeles dentro de una pantalla, sin un aspecto físico palpable y hasta cierto punto, inalcanzable.

Es que, el sistema actual nos enseña a valorar lo cuantificable no lo intangible. Lo que resulta satírico, si consideramos que no hay nada más “perceptible” que un ser humano.

En el trabajo somos “productividad”, en la economía somos “consumo”, y en la política somos “votos”. Somos “productores y consumidores”, lo que nos obliga a desplazar la humanidad del individuo para concentrarnos en lo que nuestros estilos de vida y sociedades demandan.
Una visión que reduce la complejidad del alma humana hasta transformarla en un simple “perfil”.

Cuando convertimos el sufrimiento ajeno en una estadística, ya sea en noticias sobre muertes, migraciones o informes sobre la pobreza, levantamos un muro de indiferencia que nos protege de la incomodidad de lo que sabemos es moralmente incorrecto.

Cosa que nos despoja de nuestra esencia y de la sensibilidad con la que, a menos que seamos psicópatas, nacemos.

La deshumanización comienza cuando dejamos de ver lo bueno, la “unicidad” y el “misterio” de la persona, y empezamos a verla como un estorbo o un simple instrumento al que podemos utilizar.

Lo que nos lleva a la necesidad urgente de “rehumanizar” a la humanidad, cosa que no requiere tecnología de punta, sino presencia de sentimientos.

Esto significa prestar atención y recuperar la escucha activa, o sea oír no para responder, sino para comprender. Algo que, a veces, nos resulta muy imposible.

Tenemos que reconocer la existencia del “otro”, validando su dolor y alegría, entendiendo y reconociendo que los sentimientos del “vecino” son tan reales y validos como los nuestros.

En otras palabras, entender el significado de la palabra empatía, “digerirlo” y aplicarlo.

En el mundo frenético en el que vivimos, pausar, observar, y sentir, son actos de resistencia que pudieran beneficiarnos a todos.

La tecnología y el progreso deben ser herramientas para potenciar nuestra humanidad, no para sustituirla, mucho menos destruirla.

El reto del hombre moderno no es conquistar el “Universo” o lo “desconocido” sino, algo mucho más complejo, vivir.

Volver a mirarnos a los ojos y recordar que, detrás de cada pantalla, de cada “click”, de cada cifra, de cada “historia”, de cada “post”, late un corazón igual al nuestro.


Por Carolina Saddler

@saddlerucarolina carolinasaddler@gmail.com

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