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2 de enero 2026
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OpiniónLuis Alberto PelaezLuis Alberto Pelaez

Reformas estructurales pendientes: ¿Camino hacia la sostenibilidad económica?

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El país lleva años escuchando la misma canción: que las reformas estructurales son imprescindibles, que sin ellas no hay sostenibilidad fiscal, que el desarrollo depende de decisiones de fondo que ningún gobierno ha querido asumir. Pero lo que vemos con esta administración es aún peor: no solo se han aplazado las reformas, sino que se ha normalizado la inercia, la improvisación y la irresponsabilidad como forma de gobernar.

La llamada “sostenibilidad económica” sigue siendo un eslogan vacío, mientras las decisiones de largo plazo se sustituyen por parches momentáneos. Reforma fiscal, reforma del sistema eléctrico, reforma de la seguridad social, reforma laboral… todas engavetadas, todas postergadas. El gobierno de Luis Abinader prefiere jugar al cálculo político antes que tocar intereses, aunque el país se desmorone poco a poco.

En campaña, hablaron de una gran transformación del Estado. Prometieron acabar con el despilfarro y hacer las reformas que los anteriores no se atrevieron a impulsar. ¿Y qué tenemos hoy? Un déficit fiscal crónico, una deuda pública que crece sin freno, y un modelo de subsidios que sigue drenando recursos sin cambiar las bases del problema.

¿Dónde está la reforma fiscal integral que garantice que pague más quien más tiene? ¿Dónde quedó la transformación del sistema eléctrico, que prometieron como prioritaria? ¿Dónde están los cambios al sistema de salud y pensiones, que continúan condenando a la mayoría a la exclusión y al abandono?

Lo más preocupante es que el gobierno no solo ha postergado las reformas, sino que ni siquiera ha tenido la honestidad de explicar por qué no las hace. Todo queda cubierto bajo un discurso de estabilidad económica artificial, maquillado con cifras macroeconómicas que no se reflejan en el bolsillo de la gente. La verdad incómoda es que el crecimiento no ha sido inclusivo ni se ha traducido en mayor bienestar.

La sostenibilidad económica no se alcanza con préstamos ni con titulares. Se construye con decisiones difíciles, visión de país y responsabilidad. Pero este gobierno ha preferido mirar hacia otro lado, como si el tiempo no se agotara, como si no fuera su deber gobernar más allá del día a día.

Mientras tanto, seguimos aplazando lo inevitable: el país no puede sostenerse indefinidamente sobre una base frágil, injusta e insostenible. Y cuando llegue la hora de enfrentar las consecuencias, será tarde para discursos y excusas.

Porque gobernar no es solo administrar la coyuntura. Es tener el coraje de transformar lo que no funciona. Y en eso, este gobierno se ha quedado muy corto.

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