RESUMEN
La República Dominicana se encuentra en una etapa de estructuración y reformas, lo cual como ciudadanos esperamos salir virtuosos de este proceso. Una de ellas, a mi juicio la más importante por su urgencia, es la pronunciada reforma laboral. Actualmente, contamos con una legislatura en materia laboral que data del 1992. Esto quiere decir, que lo pronunciado allí no converge con las estructuras laborales actual, a la vez que no sintoniza con la sociedad de un siglo XXI, año 2024. Modalidades, el nacimiento de otros tipos de interacciones y el crecimiento de algunos sectores; esto y otros detalles impulsan la necesidad de repensarnos en materia laboral. Esperamos que las autoridades correspondientes se llenen de sabiduría e imparcialidad al momento de la toma de decisiones. Es pertinente, a mi juicio, expresar lo que a mi entender pudiesen ser algunas aristas por tratar para este nuevo diálogo laboral.
Lo primero que debemos tener en cuenta es que las sociedades no son estáticas, por el contrario. Parte de ser entes sociales es el constante cambio, acompañado de dialécticas y contornos dispares. Por lo que, la primera conversación que deberíamos tener, entendiendo que somos entes cambiantes, es el tipo de representación con la que cuentan los trabajadores. Personas que tienen toda la vida en el ejercicio sindical, quienes están desconectados y posiblemente inadaptados a las nuevas generaciones. Parte del sistema laboral está compuesto por el elemento humano, esos que deben contar con la representación necesaria, canalizadoras de los aspectos importantes que aquejan a una gran masa de trabajadores. Con todo el respeto merecido, agradeciendo sus años en ejercicio, es momento de pasar la antorcha; la sociedad lo pide a gritos. Es insostenible que la sociedad de la inteligencia artificial no esté articulada con el tipo de representación que tiene.
El abordaje no es de corte personal, sino que esta soportado sobre la base de lo obvio. Como es natural y como nos pasara a todos, en algún momento seremos los de ayer, destinados a la admiración de los del hoy. Es evidente que nuestra representación en el diálogo no está actualizada con la realidad laboral que estamos viviendo. Una reforma laboral debería incentivar y tomar por iniciativa que los tiempos en representación vayan de la mano con las sociedades. La cultura de perpetuidad es parte de lo que no ha permitido correr ciertos avances innovadores en muchos aspectos. La cultura de lo perpetuo posiblemente es la misma que desgarro y desconecto a los trabajadores de la visión colectiva que deberían tener. Los sindicatos no son para ejercer posturas ni presiones convenientes, sino para crear toda una conformación que articule a la sociedad sin distinción de generación para fines laborales. Ojalá esta reforme avive el espíritu de cuerpo sindicalista, y que comencemos a visualizarnos como colegas de la misma condición.
Esperamos como país la modernización de un código de trabajo que considere las necesidades actuales del mercado. Un código que incorpore las normas necesarias para la sociedad del teletrabajo. Tomando en cuenta que teletrabajo no es la licencia para esclavizar a los trabajadores en virtud de la labor ejercida desde casa. Se necesita un compromiso de ambas partes. El empleador y el trabajador deben comprometerse en estos aspectos, obviamente empujados con una legislación pertinente que salvaguarde ambas posturas. Una reforma laboral debe incluir las medidas necesarias para la protección contra la discriminación, el acoso y la explotación. Sobre todo, el acoso, mal entendido por todos, ya que se asume con un corte sexual. Y es lamentable que conforme pase el tiempo, el acoso en materia laboral continúa generando escándalos y conflictos, a los cuales nuestras autoridades responden de forma blanda; como la recién terrible muerte de una joven por parte de dos compañeros de trabajo.
Una reforma laboral, aprovechando la iniciativa por parte del gobierno de concluir con su propuesta en la parte fiscal, debe contener criterios de formalización para una sociedad con talentos que buscan emprender caminos empresariales. Es necesaria la creación de incentivos fiscales y económicos para que las pequeñas y medianas empresas formalicen a sus colaboradores. Esto le abre paso a un sistema armonizado de acceso a la seguridad social y accesibilidad a beneficios. Sería una buena iniciativa que los nuevos emprendedores tengan la capacidad de contar con un sistema de fiscalización que vele por ellos, atendiendo su condición de nuevos emprendedores.
Otro tema importante para fines de la reforma laboral es la condición y el salaria digno que corresponde. Una conversación entre lo que es o no digno en términos salariales es complicado, sin embargo, es importante que exista la disposición por parte de los empleadores a repensar sus estructuras de compensación. Tomando en cuenta que contamos con una generación que suele caer en la volatilidad de empleos, persiguiendo caminos que nunca encuentra debido a que se atrapa en todo un criterio mal instaurado por parte de los empleadores. Un salario justo seria ver el reflejo de la realidad actual manifestada en términos monetarios para los empleados; siempre tomando en cuenta su rol en la organización. Esto, acompañado de condiciones laborales dignas, tomando en cuenta un reforzamiento de la normatividad en aspectos de salud y seguridad en el trabajo, con una propuesta de inspecciones y sanciones estrictas para las empresas que no cumplan con los estándares establecidos.
Una nueva reforma laboral que obedezca a las necesidades actuales debe tomar en cuenta el fomento del empleo juvenil. Crear las condiciones para el acceso a nuestros jóvenes estudiantes, que en ocasiones son mal atendidos por las universidades solo por cumplir con un requisito de pasantía. Es necesaria la creación de programas para la inserción de jóvenes vulnerados, como nuestros chicos deambulando por la calle cumpliendo horarios laborales autoimpuestos por la necesidad. Sería una impronta importante que se crearan las condiciones de garantizarles educación y acceso a labores poco más dignas. Tomando en cuenta que contamos con centros de capacitación que se financian con nuestros impuestos. Los ciudadanos estaríamos encantados de una disminución de estas personas caminando por nuestros vehículos, en ocasiones de manera mal intencionada. Pero no es algo que con voluntad se pueda corregir.
La reforma laboral debe fomentar el diálogo colectivo y la participación entre sus partes fundamentales. Gobierno, empresarios y colaboradores deben encontrar la manera de solidificar sus relaciones, atendiendo a conversaciones que no se manejan en el marco único del interés particular. Debemos contar con los accesos necesarios para la presentación de quejas frente a nuestros representantes y autoridades, retrocediendo a la matriz natural de la sindicalización. Es importante recoger el sentimiento de colectivización, sobre todo en una sociedad que cada día va entendiendo que el país está siendo gobernado por una especie de doble verdugo. En los puestos de trabajo se tiene la sensación de que nuestro jefe inmediato es también el que nos traza las pautas en materia ciudadana. Una conversación interesante acerca de la modificación en materia conductual que el empresariado tiene la capacidad de ejercer, aun desde la ignorancia.
En una conversación de modernización de nuestro sistema laboral es importante que se aborden aspectos en materia de salud mental. Cada día son más los estudios que visibilizan la imposibilidad de conexión entre vida y trabajo. Estamos sometidos a una esclavitud consensuada donde perdimos la capacidad de equilibrar la vida con el trabajo. Es necesario que concluya la cultura maldita que existe de eficientización de costos. Un criterio bien utilizado por las organizaciones para soportar sobre la espalda de dos, aquella carga que debe ser distribuida entre diez. El equilibrio entre la vida y el trabajo es importante en sociedades como la nuestra, donde de forma extraña hemos visto un cambio en los hábitos sociales. Se siente un marco de violencia y rechazo entre nosotros mismos como pueblo, andando de forma reactiva y reaccionando de forma equivoca frente a todo. Eso es un desafío social, que aunque parezca ciencia ficción, debe ser tratado incluyendo la intención de conocer la forma en cómo afecta a la vida un sistema laboral nacional que no sabe equilibrar lo personal de la mano de obra.
Por último, pero no menos importante, es necesaria una lucha efectiva contra la discriminación laboral. Y cuando hablo de discriminar, no me refiero a la chachara de guerra de sexos entre hombre y mujeres; mucho menos a aspectos de la comunidad. Me refiero a lo necesario, que es la implementación de políticas que detenga el rechazo que pueda darse en los empleadores hacia personas con discapacidad; edad para la ocupación de puestos; sobre exigencias para puestos laborales. Que la cultura laboral imperante forme parte de verdaderas intenciones de reforma. No hagamos de una conversación importante un diálogo populista que no requiera costo político.
Si verdaderamente reformaremos más de 20 años de atraso, hagámoslos de verdad. El aumento de un día de vacaciones posterior a tres años de trabajo parece más un chiste mal contado que una reforma. Pronunciar la intención de fortalecer la familia y entender que de dos a cuatro días es suficiente para una licencia de paternidad, pueden desde ya olvidar el debate; eso no llegara a nada. Si un debate de reforma laboral será utilizado para contar esta clase de chistes, podemos ahorrarnos los recursos desde ya. Actualmente esto parece más un carnaval a destiempo que un verdadero debate que busque modernizar el sistema laboral dominicano. Esperemos que nuestras autoridades y empresarios estén consciente de lo que significa esta reformar en una sociedad traumatizada y en avance constante.
Por Jabes Ramírez
