RESUMEN
A partir de 1966 con el ascenso al poder de Joaquín Balaguer, luego del periodo de inestabilidad política que siguió a la muerte de Trujillo y que desembocó en la revuelta de abril del 1965, se comenzó a instaurar en la República Dominicana este modelo de democracia oligárquica y capitalismo dependiente, atrasado y desigual que hoy caracteriza la economía dominicana, con sus secuelas de bajos salarios, economía informal, y economía ilegal también, que ha generado este ambiente de inseguridad y delincuencia que caracteriza a nuestro país actualmente.
Durante ese periodo tres partidos se han repartido el poder. El Partido Reformista de Joaquín Balaguer, el PRD de Guzmán, Jorge Blanco e Hipólito Mejía y el PLD de Leonel Fernández y Danilo Medina. Unos más y otros menos con sus altas y sus bajas, cada partido, cada mandatario jugó su papel histórico en la consolidación este modelo; el cual a pesar de sus debilidades y rezagos ha permitido el nivel de crecimiento económico, que hoy exhibimos. No cabe dudas que nuestro actual desarrollo institucional, económico y social es superior al de hace 56 años. Ni modo que no fuera así.
Más aún, nadie puede negar que el PLD en estos últimos 16 años llevó a su máximo de potencial este modelo. Tanto en lo concerniente al crecimiento económico o generación de riquezas como en la institucionalización de la precaria protección social a los más pobres, y la mejora de varios servicios públicos importantes como el de la educación y la salud a pesar de los grandes rezagos y debilidades actualmente padecidos.
Pero este modelo neoliberal, que fue patrocinado por organismos internacionales como Banco Mundial y el FMI entre otros, y las embajadas de Estados Unidos y Unión Europea, ya está totalmente agotado. Y no lo decimos nosotros, lo dice el propio Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo cuando sentencia en su Informe Regional sobre Desarrollo Humano del 2021 que los países de “América Latina y el Caribe (ALC) se encuentran “…en una trampa de desarrollo. A pesar de décadas de progreso, mucho del cual podría desaparecer con la pandemia de COVID-19, dos características de la región se han mantenido en gran medida inalteradas: la alta desigualdad y el bajo crecimiento.”
Pero más contundentes son las afirmaciones del Informe del PNUD cuando apunta que la excesiva concentración del poder económico, la violencia y la criminiladidad, ligado a las grandes deficiencias de los sistemas de seguridad social son los elementos críticos que mantienen estancados o en agotamiento progresivo el sistema socio económico de nuestros países. (PNUD, 2021)
Si bien es cierto que los altos niveles de corrupción de los gobiernos peledeistas sirvieron de caldo de cultivo para la oposición montar su campaña y derrotar en las elecciones a un Partido de la Liberación Dominicana, por demás dividido. Sería un error no reconocer que en la base de este cambio de gobierno subyace la inconformidad de una buena parte de la población con ese modelo económico agotado que describen los organismos internacionales.
En este sentido, el Partido Revolucionario Moderno y el Presidente de la República cometen un error al creerse que ascendieron al poder sólo por méritos propios y no por el descredito del PLD ante una parte importante de sus propios votantes tradicionales. Pero no sólo por el tema de la corrupción, sino porque ya encarnaba los rezagos y el agotamiento de un sistema económico, político y social, incapaz de generar bienestar y oportunidades a la altura de las exceptivas de las familias dominicanas de clases medias y bajas.
El Presidente de la República a través de sus reiterados discursos, parece no entender que esa parte de la población inconforme que le votó en las elecciones pasadas no aprecia con buenos ojos, el que su gobierno, al cabo de estos primeros dos años apenas se haya limitado a lavarle la cara a un modelo bastante desgastado y que tanto criticó, tratando de vender este adefesio como el cambio que el pueblo esperaba. Presentando las mismas cifras y promesas de las cuales la gente ya viene cansada por años.
En consecuencia, el cambio prometido no se puede limitar a perseguir a los peledeistas corruptos, puesto que las expectativas de la población van mucho mas allá. A parte de que todavía está por demostrarse si esa lucha contra la corrupción es auténtica o si, como viene ocurriendo por décadas, sólo se está usando como arma para consolidar un proyecto político más, que se viene a aprovechar de las esperanzas de la gente. La gente no buscaba cambios de cara simplemente cuando salió a votar en el 2020, buscaba y todavía demanda un cambio real en las estructuras económicas, políticas y sociales del país, que traiga paz y prosperidad para la mayoría de las familias. No para unas pocas privilegiadas por más de un siglo.
Por Nelson De Los Santos P.
