Reflexiones sobre los resultados de las elecciones en Brasil

Por Víctor Manuel Peña lunes 5 de noviembre, 2018

Los resultados de las elecciones presidenciales en Brasil han sido tan cruciales y definitivos que la victoria de Jair Bolsonaro (55.1%), el candidato de la ultraderecha bajo los colores del Partido Social Liberal, sobre Fernando Haddad (44.9%), el candidato del progresismo bajo la bandera del Partido de los Trabajadores, no admite ningún tipo de duda.

La diferencia entre uno y otro ha sido prácticamente de 10 puntos porcentuales.  Se cumplieron al pie de la letra los pronósticos de las firmas encuestadoras independientes.

Si bien es cierto que no hay ninguna tipo de duda sobre la victoria del ultraderechista Bolsonaro, lo cierto es que hay en el tintero un montón de interrogantes sobre el proceso, y ante todo sobre el futuro que le espera a esa nación y a ese pueblo, que no tienen respuestas fiables a la vista.

¡Y aunque sectores de la población brasileña se tiraron alborozados a celebrar con gran júbilo y algarabía, ojalá que ese pueblo no tenga que llorar lágrimas de sangre en el futuro inmediato!

Pero comencemos la reflexión por el lado del Partido de los Trabajadores de Brasil, cuyo líder indiscutible es Luiz Inacio Lula da Silva.

Hasta bien entrada la campaña electoral, el Partido de los Trabajadores mantuvo como candidato a la Presidencia a su fundador y líder, Luiz Inacio Lula da Silva.  Y lo mantuvo como candidato presidencial semanas después de estar preso en Curitiba porque se abrigaba la esperanza de que la judicatura de Brasil lo pusiera en libertad.

Y en todas las encuestas que se hicieron Lula siempre fue el candidato presidencial mejor posicionado y valorado en las preferencias del electorado de Brasil.

De haber podido competir en esas elecciones presidenciales, Lula hubiese sido invencible en esas elecciones, no obstante los aprestos de la derecha y de la ultraderecha tanto de ese país como del exterior.

Creo que fue un error que el Partido de los Trabajadores mantuviera contra viento y marea la candidatura de Lula, sabiendo que no había ninguna posibilidad de que ni el ministerio público ni la judicatura lo pusieran en libertad porque, además, todo respondía a un plan en el marco de la conjura de la derecha y de la ultraderecha de Brasil. ¡El juez que llevó a Lula a la cárcel hoy está nominado por Bolsonaro para ser ministro de Justicia en su gobierno a partir de enero de 2019!

Había que impulsar sin dilación un plan alternativo consistente en llevar otra figura del PT como candidato a la Presidencia, habida cuenta de que un candidato a la Presidencia no se prepara de la noche a la mañana.

Y no obstante de que terminaron asumiendo con mucha tardanza la candidatura de Fernando Haddad, terminó sacando un glorioso 45%, y digo glorioso porque fue una verdadera hazaña electoral.

Ese 45% significa que Fernando Haddad sacó 47 millones de votos,  contra 57.7 millones votos que obtuvo el candidato ganador Jair Bolsonaro.

Pero los mismos resultados de las elecciones son profundamente aleccionadores y evidenciadores de que una cosa es el liderazgo del Partido de los Trabajadores y otra cosa es el liderazgo de Lula.

El liderazgo de Lula, sembrado y enraizado muy profundamente en el corazón y en la mente del pueblo brasileño, está muy por encima del liderazgo del Partido de los Trabajadores.

Hace tiempo que el Partido de los Trabajadores debió haber emprendido un proceso de revisión a todos los niveles que concluyera en una autocrítica público por los errores cometidos en el ejercicio del poder y sobre todo por el vendaval de corrupción e impunidad que sacudió a los gobiernos de ese partido, unos encabezados por Luiz Inacio Lula da Silva y los dos últimos por Dilma Rousseff.

No obstante los errores cometidos hay que destacar y relievar los grandes avances que en términos del enorme desarrollo de la capacidad productiva de la economía brasileña, posicionada como una de las más pujantes economías emergentes del mundo, de significativa reducción de la pobreza, de la exclusión y de la desigualdad social que hubo en los gobiernos de Lula, sobre todo.

Desde los gobiernos de Dilma Rousseff Brasil, que no pudo darle continuidad al esplendor que hubo en los gobiernos de Lula, ha estado arropado por crisis económicas, sociales e institucionales que se han profundizado con el paso del tiempo.

Michel Temer como presidente de esa nación es una expresión directa de la crisis institucional que vive Brasil.

Y en el contexto de esa gran crisis económica, social e institucional es que se llevan a cabo las elecciones presidenciales, cuya segunda vuelta se llevó a cabo el 28 del mes de octubre.

En esas elecciones acaba de colarse -producto de la frustración, de la desesperación y de la confusión creada por la gran crisis que vive Brasil- el ultraderechista Jair Bolsonaro.

Jair Bolsonaro, un hombre formado, moldeado y formateado en el contexto de las dictaduras militares que gobernaron o desgobernaron a Brasil en el largo período de los 60 a los 80, llega al Congreso federal en el año 2014 como diputado representando a Río de Janeiro.

En los años de vigencia como diputado federal, Bolsonaro se ha “especializado” en el manejo de las redes sociales.

Aunque todavía no se han establecido evidencias empíricas sobre el incidente en que fue acuchillado el hoy presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, lo cierto es que sus niveles de popularidad aumentaron significativamente, expresándose en un agudo crecimiento de su posicionamiento en las preferencias electorales.  O sea él y el equipo de campaña supieron mercadear este incidente a su favor en términos electorales.  De tal manera que en la primera vuelta obtuvo un 45%. ¡Al día de hoy no se sabe si este incidente fue previamente planificado por la campaña de Bolsonaro!

Aunque el ser humano tiene derecho a la reivindicación, lo que más pesa en la vida de este hombre es su pasado apegado al militarismo, aunque tiene una corta vida institucional como diputado federal, nunca ha marcado distancia respecto del neoliberalismo, el neonacionalismo y el ultraconservadurismo.

Los datos personales referentes a su biografía psicológica (misógino, xenófobo, racista, enemigo de la igualdad de género, de la agenda gay, etc.), interesan, pero interesan sobremanera sus posiciones respecto a los grandes problemas de la economía y de la sociedad, el libre comercio, el multilateralismo, el problema medioambiental, el cambio climático, la seguridad internacional, la geopolítica, etc.

Las grandes crisis económicas, sociales e institucionales y el fracaso de la nueva izquierda latinoamericana están trayendo de retorno al poder a la derecha y a la ultraderecha.

Pero ese retorno de la derecha y de la ultraderecha al poder está complicando la vida democrática, económica, social e institucional de las naciones.  Verbigracia, el caso de Donald Trump en Estados Unidos y de  Mauricio Macri en Argentina.

Todo parece indicar que Bolsonaro será la reproducción de Trump en Brasil.

Donald Trump, presidente del imperio del Norte, tiene a la sociedad estadounidense en un permanente estado de tensión, de agitación y de agresión al desatar un estado de guerra total contra todos: guerra antiinmigrante, guerra comercial, guerra contra la prensa, guerra contra el multilateralismo, guerra contra la cultura, guerra contra la seguridad nacional e internacional, etc. ¡Trump es el gran depredador de todo: todo lo que toca lo destruye!

Así como Trump no tiene las condiciones para ser el presidente de una sociedad ultradesarrollada y de un imperio, Bolsonaro no tiene las condiciones para ser presidente de una nación desarrollada como Brasil.

En otras palabras, Bolsonaro no está en aptitud de entender el funcionamiento de una sociedad como Brasil ni de entender la complejidad del mundo de hoy. ¡Bolsonaro pinta ser una especie de fotocopia de Trump en Brasil!

Si no tiene ni idea de aquello, mucho menos estará en aptitud de entender cómo construir y aplicar políticas sanas y coherentes para sacar de la actual crisis económica, social e institucional por la que atraviesa esa gran nación de Sudamérica.

¡Imagínense que Bolsonaro ha hablado de cerrar el Congreso y la Suprema Corte de Justicia y hasta de sacar a Brasil de la ONU! ¡Ha dicho que el problema de la delincuencia se “resuelve” matando a los delincuentes! ¡Y que es enemigo a muerte de la ideología de género por ser “ideología marxista” y de la agenda LGBT!

Los pueblos así como aciertan, también se equivocan.

¡Estoy convencido que el pueblo de Brasil no tomó la mejor decisión al votar por Bolsonaro, y no por Fernando Haddad, y al hacerlo así votó, sin pensarlo tal vez, por la ultraderecha, neonacionalismo, el neoliberalismo y el ultraconservadurismo, y quién sabe si por el militarismo y el golpismo institucional!

¡Cómo es posible que los pueblos tomen decisiones tan desastrosas, funestas y contradictorias en contra de sus propios intereses en el presente y de cara al futuro!

¡Cómo es posible que el pueblo se niegue a sí mismo no asumiendo sus propias causas e intereses y sí las causas y los intereses de sus tradicionales verdugos!

La historia universal y la historia de América en particular nos enseñan de manera inequívoca que los pueblos lo han dado todo en la construcción de las sociedades, del desarrollo, del progreso y del bienestar.

Pero la historia universal y la historia de América en particular nos enseñan también que los pueblos en ocasiones se equivocan llevando al poder a verdaderos monstruos o a personas sin condiciones que encarnan el retroceso y la involución.

En esta etapa de la vida de la humanidad estamos siendo sacudidos, estremecidos, asaltados y vapuleados por las olas crecientes del populismo, del ultraderechismo y del ultraconservadurismo.

Los pueblos deben crear reservas para no caer en la trampa de esta pandemia que está colocando a naciones y pueblos en la ruta del retroceso y de la involución en todos los ámbitos de la vida social.

Me permito terminar este artículo con estas palabras lapidarias de Pepe Mujica: “Adolfo Hitler llegó al gobierno de Alemania y lo llevó el voto de la gente…Los pueblos también se equivocan”.

 

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