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20 de enero 2026
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OpiniónMiguel ColladoMiguel Collado

Reflexionando sobre el favor avasallante

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RESUMEN

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En la «Biblia podemos leer varias referencias al hecho de hacer algo en bien de alguien guardando discreción, no haciendo alarde de ello, ni tocando campanas para ser alabado como si fuera un dios. En el libro de «Mateo» —en los versículos del 1 al 3, por ejemplo— se aconseja:

1¡Mucho cuidado con andar haciendo buenas obras para que los demás las vean y admiren! ¡Los que así lo hacen no tendrán recompensa del Padre que está en el cielo! 2Cuando den alguna limosna, no lo anden proclamando como los hipócritas, que tocan trompetas en las sinagogas y en las calles para que la gente se fije en lo caritativos que son. 3Pero cuando hagan algún bien, háganlo discretamente.

 Introduzco esta breve reflexión citando ese texto bíblico escrito por el apóstol Mateo no porque pretenda ser considerado un predicador o algo parecido, sino porque me atrevo a suponer que muchos de mis lectores, dominicanos en su gran mayoría, consideran como un valor ético el mantener discreción cuando se hace algo en bien de los demás, pues resulta de muy mal gusto divulgarlo, ofendiendo en ocasiones la dignidad de quien ha recibido el favor quizá en circunstancias penosas, enfrentando alguna adversidad.

Todavía digo más: resulta hasta cierto punto cruel el que una persona pretenda convertir en esclavo a alguien a quien le haya brindado su apoyo en una aciaga situación. Por ejemplo: conseguirle un empleo, ayudarle a liberar de la cárcel a un hijo arrestado tal vez abusivamente, socorrerlo económicamente en un momento dado, etcétera, etcétera, etcétera. Promover ese favor y usar medios indeseables para que el favorecido lo tenga presente constantemente, es lo que he considerado un favor avasallante, del que cualquier mortal podría sentirse arrepentido de haberlo recibido.

Así como hay amores que matan, también hay favores que doblegan nuestra voluntad cuando la necesidad se impone en nuestra vida; favores que al recibirlos no alcanzamos a visualizar el modo negativo en que gravitarán en nuestro destino. Y no necesariamente por el favor recibido en sí, sino por el carácter de la persona de la que ha sido recibido el favor: carente de escrúpulo alguno, calumniadora, desacreditadora, indiscreta e insensible ante el dolor humano.

En mi libro «La mentira es una telaraña: reflexiones y pensamientos», publicado en el año 2012, hay dos frases aforísticas que describen el tipo de favor al que me he referido en esta reflexión. A continuación, cito una de ellas:

«En ocasiones recibimos favores de los cuales nos arrepentimos, pues su costo es más alto que su beneficio».

Por Miguel Collado

 

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