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7 de enero 2026
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OpiniónEnrique Aquino AcostaEnrique Aquino Acosta

Reclamos que no se deben apoyar

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Cuando hablamos de Dios nos referimos a su Trinidad, que está compuesta por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, comunidad de personas, cuya  naturaleza es espiritual y social, la cual comparten con el hombre y  la mujer, desde que los crearon (Gen 1:26-27; 2:18)

Asimismo, el hombre y  la mujer tienen una misma  estructura anatómica, ya que poseen cabeza, tronco y extremidades, las cuales realizan las mismas funciones en ambos. Sin embargo, tienen órganos sexuales distintos, debido a que Dios  colocó un pene en el hombre y una vagina en la mujer, para que sea hembra o femenina.  Dadas las diferencias sexuales que existen entre el hombre y la mujer, Dios los  unió  como pareja por medio del matrimonio, acto que es contrario a la preferencia  de sostener  relaciones sexuales con personas del mismo sexo.

También es censurable e inaceptable que se otorgue derecho a parejas heterosexuales para cometer el crimen del aborto,  debido a que esta práctica le impide nacer, alimentarse, crecer, desarrollarse,  casarse, reproducirse, multiplicarse, existir y dejar descendencia al ser  humano.

Por tanto, salir a las calles a reclamar el supuesto derecho de sostener relaciones sexuales con personas del mismo sexo o para realizar el crimen del aborto son demandas sociales inaceptables  y contrarias a las normas de Dios, a la Ética,  la Moral,  a las buenas costumbres y que conspiran contra la concepción, nacimiento, desarrollo, unión matrimonial, procreación,  reproducción, multiplicación, continuidad y  existencia  de la  especie humana.

Es visto de ello, debemos preguntar ¿Quién concibe y promueve las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo y la práctica criminal del aborto? Esas  diabluras o antivalores  las concibe y  promueve el  Diablo. ¿De qué manera?  Las hace a través de organismos internacionales como la ONU, la Unesco y Unicef y las ejecuta a través de ministerios gubernamentales, escuelas, universidades, organizaciones de la sociedad civil, medios de comunicación social y a través de las redes sociales.

Para llevar a cabo esos propósitos malignos, Satanás influencia, manipula y utiliza a ciertas personas y les hace creer que  no acarrearán consecuencias sociales  ni  espirituales  graves, en el presente ni  en el futuro.

Amigo lector o lectora, en vista de lo expuesto,  te invito a reflexionar sobre este caso: si mi madre y mi padre hubieran tenido  los mismos órganos sexuales no hubieran podido engendrarme. Sin embargo, lo lograron porque sus órganos sexuales eran distintos. ¿Para qué quisieron engendrarme? Para que yo naciera, me alimentara, creciera sano y mostrara  respeto hacia  Dios, hacia ellos, hacia las otras  personas y hacia mí mismo.

Otro de los motivos que tuvieron mis  padres para engendrarme fue que yo conociera y me enamorara de la mujer que Dios escogió para que contrajera matrimonio y  le engendrara tres hijos y dos hijas, a los cuales amo con todo mi corazón.  Posiblemente tus  padres asumieron  las  mismas actitudes contigo.

En vista de lo expuesto, te exhorto a no apoyar a quienes reclaman el supuesto derecho de sostener relaciones sexuales con personas del mismo sexo ni a las  parejas heterosexuales que quieran cometer  el crimen del aborto. ¿Por qué?  Porque ambos actos son contrarios a las normas de Dios, a la Ética, a la Moral, a las buenas costumbres. Además, impiden la concepción, el nacimiento, el desarrollo, la unión matrimonial, la procreación, la reproducción y la multiplicación, existencia y  continuidad de la  especie humana, razones por las cuales deben  ser penalizados.

Por: Enrique Aquino Acosta

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