Cuando hablamos de Dios nos referimos a su Trinidad, que está compuesta por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, comunidad de personas, cuya naturaleza es espiritual y social, la cual comparten con el hombre y la mujer, desde que los crearon (Gen 1:26-27; 2:18)
Asimismo, el hombre y la mujer tienen una misma estructura anatómica, ya que poseen cabeza, tronco y extremidades, las cuales realizan las mismas funciones en ambos. Sin embargo, tienen órganos sexuales distintos, debido a que Dios colocó un pene en el hombre y una vagina en la mujer, para que sea hembra o femenina. Dadas las diferencias sexuales que existen entre el hombre y la mujer, Dios los unió como pareja por medio del matrimonio, acto que es contrario a la preferencia de sostener relaciones sexuales con personas del mismo sexo.
También es censurable e inaceptable que se otorgue derecho a parejas heterosexuales para cometer el crimen del aborto, debido a que esta práctica le impide nacer, alimentarse, crecer, desarrollarse, casarse, reproducirse, multiplicarse, existir y dejar descendencia al ser humano.
Por tanto, salir a las calles a reclamar el supuesto derecho de sostener relaciones sexuales con personas del mismo sexo o para realizar el crimen del aborto son demandas sociales inaceptables y contrarias a las normas de Dios, a la Ética, la Moral, a las buenas costumbres y que conspiran contra la concepción, nacimiento, desarrollo, unión matrimonial, procreación, reproducción, multiplicación, continuidad y existencia de la especie humana.
Es visto de ello, debemos preguntar ¿Quién concibe y promueve las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo y la práctica criminal del aborto? Esas diabluras o antivalores las concibe y promueve el Diablo. ¿De qué manera? Las hace a través de organismos internacionales como la ONU, la Unesco y Unicef y las ejecuta a través de ministerios gubernamentales, escuelas, universidades, organizaciones de la sociedad civil, medios de comunicación social y a través de las redes sociales.
Para llevar a cabo esos propósitos malignos, Satanás influencia, manipula y utiliza a ciertas personas y les hace creer que no acarrearán consecuencias sociales ni espirituales graves, en el presente ni en el futuro.
Amigo lector o lectora, en vista de lo expuesto, te invito a reflexionar sobre este caso: si mi madre y mi padre hubieran tenido los mismos órganos sexuales no hubieran podido engendrarme. Sin embargo, lo lograron porque sus órganos sexuales eran distintos. ¿Para qué quisieron engendrarme? Para que yo naciera, me alimentara, creciera sano y mostrara respeto hacia Dios, hacia ellos, hacia las otras personas y hacia mí mismo.
Otro de los motivos que tuvieron mis padres para engendrarme fue que yo conociera y me enamorara de la mujer que Dios escogió para que contrajera matrimonio y le engendrara tres hijos y dos hijas, a los cuales amo con todo mi corazón. Posiblemente tus padres asumieron las mismas actitudes contigo.
En vista de lo expuesto, te exhorto a no apoyar a quienes reclaman el supuesto derecho de sostener relaciones sexuales con personas del mismo sexo ni a las parejas heterosexuales que quieran cometer el crimen del aborto. ¿Por qué? Porque ambos actos son contrarios a las normas de Dios, a la Ética, a la Moral, a las buenas costumbres. Además, impiden la concepción, el nacimiento, el desarrollo, la unión matrimonial, la procreación, la reproducción y la multiplicación, existencia y continuidad de la especie humana, razones por las cuales deben ser penalizados.
Por: Enrique Aquino Acosta
