Rafael García Bidó

Por Ramón Saba

Nació el 6 de febrero de 1953 en Santo Domingo. Oriundo del Ingenio Quisqueya (hoy Municipio Quisqueya), San Pedro de Macorís. Su nombre completo es Martin Rafael García Bidó.

 

Poeta, articulista, ensayista, profesor, ingeniero eléctrico y experto en formatos de la literatura japonesa. Se graduó de licenciado en Ciencias de Ingeniería Eléctrica con mérito Cum Laude y luego de licenciado en Artes, mención Literatura Comparada, con mérito Magna Cum Laude, ambos en la Universidad de Puerto Rico, Recinto Universitario de Mayagüez; posteriormente completó un postgrado en Alta Gerencia por el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC). Trabajó como operador de sistemas eléctricos fabriles, incluyendo generación de energía con turbinas de vapor y plantas eléctricas diésel en los ingenios Porvenir y Haina; ingeniero contratista de Ingeniería Integrada, C. x A.; ingeniero de ventas e instalación de equipos solares en Técnicas Energéticas Solares; ingeniero contratista independiente dedicado a la supervisión, diseño y construcción de sistemas eléctricos convencionales y alternativos; asesor en materia de electricidad de Industrias Banilejas, S.A. y docente en Universidad Central del Este en las materias Filosofía; Sociología, Conversión Directa de Energía y Teoría Electromagnética.

En el haber bibliográfico de Rafael García Bidó podemos encontrar los siguientes títulos: Poemas agónicos (poesía), Del amor y otras espadas (poesía), SPM Compañera (poesía), Revivir un gesto tuyo (poesía), Números y claves (ensayo), Yanuna yahila taiba (crónicas), Tierra y Cielo (poesía), El canto de lo/as 144 mil, (crónicas), La cueva de Berna o Guácara Macajua (crónica), Las mil caras de la Diosa (crónicas), Huellas de unicornio (haiku), Voces de Bohío (vocabulario de la cultura taína), En el farol del frente (tanka), Verdor claro y oscuro (haiku), Petroglifos, la historia recuperada (ensayo), Casa de ciguas y de perros (haibun), Bohío, indagaciones en nuestra herencia taína (ensayo), Cuaderno de todos los días (poesía) y Díganselo al ruiseñor – No me cobren todavía (haiku-poesía), entre otros más; además mantuvo la columna “Desde el tercer mundo” en el periódico trimestral Suplemento Serie 23 de San Pedro de Macorís y publicaba artículos en el periódico Hoy. Su obra ha sido motivo de mención en renombrados espacios literarios y antologías.

 

Rafael García Bidó ha sido merecedor de importantes premios y reconocimientos, entre los que podemos mencionar haber obtenido el primer premio de poesía en el Segundo Concurso de Literatura Joven de The Royal Bank of Canada el 1977; en el 1981 ganó el Premio Siboney de Poesía con su obra Revivir un gesto tuyo; premio a la mejor colección de haiku del Segundo Concurso Internacional de Haiku auspiciado por la Facultad de Derecho de la Universidad de Castilla-La Mancha en Albacete en el  2007; mención de honor en el Autumn Moon Haiku Journal  2020 y Premio Nacional de Poesía Salomé de Ureña de Henríquez 2022 por Cuaderno de todos los días, entre varios más.

 

Rafael García Bidó expresa de sí mismo que “llegué a la escritura del tanka en la sexta década de mi vida, cuando poco a poco mi sensibilidad se había movido a algunos valores estéticos propios del Oriente lejano, tales como la simplicidad, la asimetría, la imperfección. El hecho de vivir en las afueras de Santo Domingo, la más grande ciudad de mi país, próximo a un río rodeado de saludable vegetación, me ha permitido a la vez escribir del campo y de la ciudad, teniendo como base de este horizonte poético la tranquilidad de mi casa y mis viajes constantes a diferentes lugares del país, algunos tan apartados que se accede a estos por sendas de mulos.”

 

El escritor, académico y director general de la Biblioteca Nacional, Rafael Peralta Romero aclara que conoció a a Rafael García Bidó por su poesía, cuando su hermana Patricia, compañera de estudios en la UASD, le proporcionó su primer libro, El verso se levanta. Luego, en los años 80, formaron parte de un grupo de escritores, con Bruno Silié y Ciprián Ramírez, que editaban la revista literaria El pan y la palabra. Eran los días felices cuando él ganó el apetecido Premio Siboney con su magnífico poemario Revivir un gesto tuyo. García Bidó, además de fino poeta, es cultor de la reflexión filosófica y ferviente investigador de la lengua de los taínos. Tiene razones suficientes para considerarlo un escritor integral.

 

El escritor Frutos Soriano considera que en el mundo del haiku Rafael García Bidó representa la tradición y la innovación a la vez. La tradición, por su fidelidad al aquí y ahora de Basho; la innovación, por el lirismo que impregna su obra y que en este caso no es traición a la impersonalidad del género, sino inevitabilidad. Él no puede reflejar sino lo que ve: belleza. Si en Basho el haiku es trascendencia, en Issa, humildad franciscana, en Buson cotidianidad y en Shiki dolor, en Rafael García Bidó el haiku es un reflejo de la belleza que su mirada limpia sabe ver como algo presente en todas las cosas.

 

Finalmente, el poeta Enriquillo Sánchez manifestó en una ocasión que “Estoy más cerca de la poesía de Rafael García Bidó que de ninguna otra de mi generación, salvados ciertos reparos verbales que él debe a nuestro estilo masivo (o masificado). La suya es furiosamente hermosa, como aquel “puño de la primavera” que blandía en un artículo que no sé si nos merezcamos Manuel Mora Serrano, Tony Raful y yo. En sus manos trepida la palabra como un relámpago de sal. No sé si nos merezcamos su generosidad.”

 

Concluyo esta entrega de TRAYECTORIAS LITERARIAS DOMINICANAS con un haibun de Rafael García Bidó:

 

CABALLOS

 

Por años los he visto en el área verde entre la urbanización donde vivo y el río Isabela. Son una familia o varias familias y de vez en vez hay algún potrillo casi recién nacido.

 Suelen pacer en el mismo camino por donde transito con los perros o en áreas aledañas. En ocasiones los he encontrado metidos en el arroyo. Cuando ocupan el camino, a veces me devuelvo para no perturbarlos, a veces les paso con cautela mientras ellos me abren espacio lentamente, también cautelosos. Hay veces que no los veo, pero paso por lugares donde queda el olor de su orina.

Son otra nación, ya no pertenecen como antes a los trabajos y hazañas de los hombres, siempre con mucho sacrificio para ellos. Los observo y no he podido penetrar sus conversaciones, como lo hacía Lara, la perra, que se les acercaba y se olía nariz con nariz con alguno de ellos.

Son rojizos, de pelo negro, están bien alimentados y viven en paz, ajenos al mundo de los humanos. Es una dicha encontrarles por el camino con sus ojos grandes y sus cuerpos vigorosos dispuestos a acompañar al viento.

 

Pasaron los caballos.

En el camino hay huellas

de caballitos.

 

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