EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.-La Real Academia Española (RAE) publica su nuevo diccionario histórico el que supera los 5600 artículos en su última actualización que contiene 736 nuevos trabajos que vienen a enriquecer sus obras académicas 1210 acepciones, 126 subacepciones, además de 33 envíos unidades pluriverbales.
La publicación se obtiene a través de múltiples fuentes entre las que se destacan los corpus académicos, diccionarios, tesoros lexicográficos, ficheros, hemerotecas y bibliotecas virtuales.
Además, se dan a conocer 165 nuevas versiones de artículos publicados en ocasiones previas. Dado que la redacción del diccionario se organiza en función de la pertenencia de las palabras a una misma familia léxica o a un mismo dominio semántico.
En esta nueva publicación se han elaborado artículos de vocablos pertenecientes a los siguientes ámbitos: Palabras (y sus familias) que designan armas o máquinas bélicas. Además de mandrón, se ha afrontado la elaboración de las monografías dedicadas a taladro y trépano.
El sustantivo taladro, empleado ocasionalmente para referirse a una máquina bélica de asedio, se registra ya en la Edad Media como denominación de un instrumento que sirve para hacer agujeros, aunque también se refiere en la actualidad a una máquina o dispositivo empleado para perforar el suelo con el fin de construir galerías, pozos o túneles; estos significados están también presentes en sus derivados, como taladrar, taladradora, taladrear, taladradura, taladraje o taladrizar.
La palabra taladro designa distintos tipos de insectos que perforan distintas plantas y árboles, al igual que sus derivados taladrilla o taladrillo. Por su parte, trépano, aunque también se ha usado ocasionalmente para denominar una máquina de guerra, se usa desde la Edad Media en el ámbito de la medicina para referirse a un instrumento quirúrgico; en su familia se incluyen palabras como trepanar, trepanación o trepanotomía.
El diccionario disponen de artículo propio algunas adaptaciones de voces de armas de fuego de origen inglés, como güincheste, mitigüeso (o mitigüeson) o rémito, que pueden leerse en paralelo con la historia de winchester y rémington.
De igual manera las palabras que designan enfermedades y partes del cuerpo; tras haber redactado pulmón y bofe, en esta ocasión se ha afrontado el estudio de chofe y buétago en cuya familia se inscribe el verbo abotagar y sus derivados, así como botagueño y botagueña, palabras que designan embutidos hechos con buétagos).
En la redacción de otros vocablos vinculados al ámbito de las enfermedades respiratorias, como silicosis.
Completando la nómina de derivados de esclerosis, con artículos como aortoesclerosis, aterosclerosis o nefroesclerosis, sin olvidar euroesclerosis, voz modelada en el dominio de la economía y de la política.
Palabras que designan instrumentos de medida, como acidímetro o acidómetro, alcalímetro, butirómetro, cremómetro, fulgurómetro, galactotímetro o galactímetro, lactodensímetro y pirheliómetro; muchas tienen en común su procedencia francesa.
Las palabras y sus familias que designan animales, como dendrolago, marmota en cuya familia se integran palabras como marmotear o marmotismo, canguro, que designa también algunas prendas de vestir con lo que entronca con el mundo de la indumentaria.
Canguro, que tuvo que rivalizar en sus inicios con préstamos crudos como kangourou tomado del francés o kangaroo del inglés, ha dado lugar a más de una veintena de derivados en español, cuyos significados se relacionan muchas veces con el cuidado de los niños, y está presente en algunos de los envíos a unidades pluriverbales como flor canguro, pata de canguro, rata canguro o tribunal canguro.
Finalmente se ha continuado incrementando el caudal de voces pertenecientes a familias léxicas redactadas en etapas diferentes como palabras de cronometrizar, cronometrismo,, así como algunos homónimos.




