RESUMEN
La jueza no solo sorprendió a todos, también condujo a que sospechemos que detrás de su controversial sentencia haya un gran negocio, misma transacción que hoy mantiene en el banquillo de los acusados a otros magistrados.
Ella, en el mismo momento que decidió el fallo, sabía la arremetida y embestida que le vendría. No es marciana.
El caso, las pruebas y el cuerpo del delito eran muy abrumadores.
Dispuso la insólita e inconcebible libertad pura y simple de los presuntos narcotraficantes venezolanos, asumiendo todo tipo de riesgo.
La paga de dinero, si es que lo hubo, a cambio de una sentencia bochornosa, ofensiva e insolente, no es lo más notable en este caso. El tema es más profundo.
Es grave saber que a un juez no le importe que la cocaína “baile” a todo lo ancho del salón en el país.
Es penoso que un juez “ignore” las funestas consecuencias de las drogas para una sociedad.
Es lamentable que no le importe el crimen sangriento, la violencia y delincuencia que arrojan las drogas.
Es funesto que un juez no tome en cuenta las vidas que se han perdido, de adolescentes, jóvenes y adultos, por causa de las drogas.
Es incomprensible que no sea sensible a las tantas almas perdidas que deambulan sin rumbo por las calles de Dios, consumidas y atrapadas en la adicción.
Y lo más espantoso aún, que alguien así esté en el sistema.
¿Puede un juez así estar en paz con su propia conciencia? Quizás nunca lo sabremos.
POR LUIS BRITO




