RESUMEN
Es un extraordinario ser humano, dirán algunos; es un amigo leal y sin medias verdades, dirán otros. Ya he sabido de la opinión de sus alumnos: «Excelente maestro: es recto y justo. Nos ayuda a crear nuestras propias ideas, orientando nuestra forma de ser y de pensar respetando la opinión de los demás». Mucho en bien es lo que podríamos decir sobre Nolberto Luis Soto, pero, por ahora, nos limitaremos a divulgar, de él, algunos datos biobibliográficos con ocasión de la próxima aparición de la segunda edición (ampliada) de su libro Eugenio María de Hostos y la realidad coyuntural de las Antillas, cuya primera edición data de 1985.
Nació bajo cielo cotuisano (Provincia Sánchez Ramírez, República Dominicana) el 10 de septiembre de 1945. Es filósofo, diplomático, educador, escritor y conferencista. Hizo un doctorado en Cooperación y Bienestar Social en la Universidad de Oviedo (España) y una licenciatura en Educación, Filosofía y Letras en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Obtuvo una Maestría en Filosofía de la Ciencia y Metodología de la Investigación por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde fue discípulo de notables intelectuales de fama internacional: Elí de Gortari, filósofo e historiador científico mexicano; Adolfo Sánchez Vázquez, filósofo y escritor español; Leopoldo Zea, filósofo y escritor mexicano; y Mario Bunge, epistemólogo, filósofo, físico y crítico argentino-canadiense.

El embajador y escritor dominicano Nolberto Luis Soto.
Además, ha realizado estudios especializados en el campo diplomático: postgrado en Diplomacia y Relaciones Internacionales (UASD); y un diplomado en Integración Centroamericana y del Caribe (Universidad de Zaldívar de Guatemala). Su pensamiento ha sido influenciado por ilustres figuras de la cultura latinoamericana: Eugenio María de Hostos, José Martí, José Ingenieros, José Enrique Rodó, Pedro Henríquez Ureña, Juan Bosch, Andrés Avelino y Pedro Mir. Posiblemente sea ese el origen de su lúcida visión ético-moral basada en principios y valores de indudable significación hostosiana. El nombre de su hijo mayor, Bayoán, es una prueba de su admiración hacia el gran Maestro de América, de quien cuenta que ha estado, desde su niñez temprana, presente en su vida:
“Próximo a mi casa, en la calle Julia Molina —nombre en honor a la madre de Trujillo—, muy cercano al campanario, icono de la pequeña ciudad, cruzando la calle Hostos, nombre de un personaje que inicio su peregrinaje en mi vida, pero del que no tenía ni una vaga idea de su grandeza patriótica ni intelectual sino al pasar el tiempo del correr ineludible de mi existencia. Esa calle se constituye en magia de nuestros juegos y andanzas.

Corríamos en defensa de nuestro territorio como los sabios animales que sustentan con su garras y dientes su espacio vital. En mi memoria yace la magia del nombre Hostos, con su carga traviesa porque un grupo de muchachos la defendían contra los del grupo de mi calle Julia Molina (actual calle Mella) que nos enfrentábamos, aguerridos y escapando, cuando hacíamos alguna de las molestias infantiles que provocaban reacciones adversas de los supuestos contrarios, ignorando que Hostos fue un personaje noble y pacífico. No sabíamos que en la Era habían ocultado la figura positivista y laica del educador borinqueño, dado que su pecado consistía en enseñar a pensar racionalmente, distanciado de todo dogmatismo. Y eso no convenía a la dictadura.
Con el pasar del tiempo, en esa dialéctica inescrutable de la evolución de cada ser humano, al ingresar a la universidad en la ciudad capital, unos dos años después, verme iniciando mi agradable y noble carrera magisterial en Cristo Rey, siguiendo la sagrada profesión y tarea del Maestro Hostos, en el Colegio Santa Rita, donde me preocupé por llevar a los jóvenes la racionalidad y la crítica consustancial al pensamiento escrutador”. (*)
Los múltiples talentos de Soto y su pasión puesta de manifiesto en todo lo que emprende lo han llevado a desarrollar varias facetas en la vida: en los deportes, en la política, en la docencia universitaria, en la diplomacia y en el liderazgo clubístico y estudiantil.
Larga es su trayectoria como educador: durante casi 50 años fue profesor de la Primada Universidad de América, donde enseñó Lógica Formal, Lógica Dialéctica, Lógica Jurídica, Teoría del Conocimiento, Introducción a la Filosofía y Epistemología de las Ciencias Sociales y Metodología de la Investigación. Ha sido profesor en el Instituto de Educación Superior en Formación Diplomática y Consular (INESDYC) del Ministerio de Relaciones Exteriores (MIREX), donde ha enseñado Política Mundial Contemporánea, Historia de las Ideas Políticas, Lógica Jurídica, Laboratorio de las Ciencias Políticas y Diplomacia y Relaciones Internacionales.
En el campo intelectual merecen ser mencionadas sus publicaciones en volumen —Siete ensayos epistemológicos (1982), Hostos y la realidad coyuntural de las Antillas (1985, primera edición) y Socialismo democrático y participación popular (1979)— y sus colaboraciones en revistas y periódicos de circulación nacional —El Siglo, Hoy, Listín Diario, La Noticia y Acento.com— y del extranjero: El Comercio (Ecuador) y La Estrella (Panamá).
Ha dictado conferencias en centros académicos de su país y del extranjero: en la Universidad Antigua de Panamá, en la Universidad Central de Quito (Ecuador) y en la Universidad de Puerto Rico. También en congresos y seminarios nacionales e internacionales. Sus disertaciones, magistrales y académicas, giran en torno a los siguientes temas: filosofía, diplomacia, historia, política, cultura y ciencia.
Su trayectoria profesional ha sido brillante, habiendo desempeñado puestos públicos importantes en el ámbito académico (vicedecano de la Facultad de Humanidades «Pedro Henríquez Ureña» de la UASD, rector-fundador de la Universidad Tecnológica del Cibao Oriental y actualmente asesor del rector del INESDYC); en el ámbito diplomático (Embajador Extraordinario en Panamá y en Ecuador), en el ámbito cultural (director general de la Biblioteca Nacional); y en el ámbito político (Diputado al PARLACEN en Guatemala y Secretario del GRULAC ante la ONU, en Ecuador).
Por sus grandes méritos Nolberto Luis Soto ha sido objeto de varios reconocimientos en su país y fuera de él: Medalla al Mérito Educativo «Eugenio María de Hostos» otorgada por el Ministerio de Educación, Medalla del Gobierno de Ecuador «Gran Cruz Mariscal General Sucre», Galardón «Profesor Meritísimo» de la UASD, y bandejas de plata firmada por Embajadores Acreditados en Panamá y en Ecuador.
En conclusión, ¿quién es Nolberto Luis Soto? Un dominicano ejemplar que enaltece la dominicanidad: una verdadera reserva moral de un país —la República Dominicana—que desde hace década clama por hijos dignos como él.
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(*) En su texto autobiográfico inédito: «Itinerario con Hostos en mi vida».
Por Miguel Collado
