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12 de febrero 2026
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OpiniónAnn SantiagoAnn Santiago

¿Quién defiende al pueblo del Defensor del Pueblo?

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RESUMEN

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Cuando escuchas “Defensor del Pueblo” suena a algo importante. Suena a alguien que está de tu lado, que alza la voz por ti, que va a la guerra con el sistema mientras tú apenas puedes sobrevivirlo. Pero la realidad —como casi siempre pasa en este país— es otra.

Según el reportaje de Junior Trinidad para el programa Objetivo 5, el Defensor del Pueblo en República Dominicana maneja un salario que ronda los 500 mil pesos mensuales. Medio millón. Cada mes. Mientras tanto, el mismo pueblo que supuestamente defiende sobrevive con un sueldo mínimo que no alcanza ni para cubrir una canasta básica. ¿Y sabes qué es lo más absurdo? Que a nadie parece importarle.

La mayoría ni siquiera sabe qué hace esa institución. Y con razón. ¿Cuándo fue la última vez que escuchaste que el Defensor del Pueblo resolvió algo? ¿Cuándo intervinieron ante un abuso real? ¿Dónde están cuando golpean estudiantes, desalojan familias, maltratan envejecientes o mujeres piden ayuda a gritos? La verdad es que, si no lo ves en un reportaje como este, ni recuerdas que existe.

Entonces, ¿por qué mantener una institución que no rinde cuentas claras, que no se siente en las calles, que no pesa en los temas que de verdad le duelen a la gente? ¿Solo porque suena bonito? Porque si el nombre bastara, entonces tendríamos una República justa, una Policía Nacional que cuida y una justicia ciega de verdad.

Pero no. Tenemos instituciones con nombres grandes y funciones mínimas. Presupuestos millonarios y resultados fantasmas.

Este artículo no es un ataque personal. Es una pregunta necesaria. ¿Qué hace exactamente el Defensor del Pueblo por el pueblo? Porque con medio millón mensual se podría financiar una pequeña clínica comunitaria, un comedor popular o una red de abogados voluntarios para gente sin recursos. Pero no, se usa para pagar sueldos, oficinas con aire y sillas cómodas.

Y ojo: no se trata de satanizar el salario de nadie. Se trata de exigir que ese dinero se traduzca en impacto real. En presencia. En defensa. En resultados. Porque si no, ¿qué sentido tiene?

Es hora de dejar de aplaudir cargos vacíos y exigir que se justifiquen. Porque, al final del día, el pueblo no necesita nombres lindos, necesita hechos. Y si el Defensor del Pueblo no está para eso, entonces ¿para qué está?

 

 

 

 

 

 

 

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